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Sekkusushiyou 47 M
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Cita con Daniela

7/16/2017

Daniela se estaba depilando el coño con mucha delicadeza. Era la primera vez que lo hacía en toda su vida. A sus cuarenta y cinco años, y después de unas semanas en contacto, un desconocido le había pedido que fuese a una cita sin bragas y con el coño completamente depilado. Ella en temporada de playa, según contó, se hace las ingles en la esteticista, la de toda la vida. Pero esta vez no quería ir, le daba apuro pedir que le dejara el coño sin un solo pelo... así que lo hizo ella misma, aunque le hacía más miedo que cualquier otra cosa, despacio y vigilando de no dejarse ningún rincón.
Tenía pensado que le dirá a su cita desconocida si le gustaba, le propondría un polvo semanal, aunque sin día fijo. “Ay guapo, te tengo una sorpresa...” y le enseñaría su delicado y rasurado pubis.
Se estaba excitando de tanto rozar los labios con los dedos. Se miró en el espejo y le calentó la visión de los labios mayores oscuros e hinchados envolviendo los inferiores, más rosados y brillantes de humedad.
Sabía que eso era una locura. Pero ella, aunque lo había buscado, el temor a lo desconocido le sembraba dudas y a la vez mucho morbo, hasta el punto que el deseo le fue trenzando muchos más hilos que la prudencia.

Daniela y yo, hemos superado los 45 pero con el espíritu muy joven. Alguna confesión e información nos hemos ido dando. Ella recuerda una única vez que fue infiel con un compañero del trabajo... Ya hace diez años y en aquella época estaba casada, cosa que a ella le hizo sentirse tan mal, que siempre lo tiene presente y todavía se lo reprocha amargamente.

Escrita esta introducción a la historia, retrocederé seis meses en el tiempo.

Cuando Daniela estaba a punto de acabar su jornada laboral, notó como le vibraba el móvil en bolsillo. Aprovechando que la clienta todavía estaba depositando la compra en la cinta transportadora, dio un vistazo rápido a la pantalla del móvil. Era un número desconocido. Un mensaje...“Me gusta mucho esta blusa negra que llevas hoy, te hace muy guapa si es que esto es posible”.
Daniela se sonrojó y guardó rápidamente el móvil. Mientras iba pasando los productos por el lector de barras, pensaba en quién le podía haber escrito aquello. Primero pensó que era una broma de sus compañeras, pero el número de teléfono no identificado, no era de ninguna de ellas. Levantó la cabeza y miró a las otras cajas, todas trabajaban con normalidad y ninguna la miraba.
Llegó a casa y volvió a mirar el mensaje. Después se olvidó y hasta el día siguiente. Poco antes de la hora de salir, el teléfono se movió como si fuera un bicho atrapado en el bolsillo. Otro mensaje...“Tienes unas manos preciosas, quién fuera esa botella para que me cogieras con la gracia que lo haces”.
En parte le daban ganas de reír y por otro lado, le hizo sentir como si tuviera quince años, como cuando un chico del bloque le enviaba mensajes escritos, que le dejaba escondidos bajo el felpudo del rellano de casa de sus padres.

Al principio ella estaba desconcertada, pero empezó a esperar aquellos mensajes cada día, anhelaba aquel temblor del bolsillo, y aunque estuviera atendiendo, corría a sacar el móvil del bolsillo para ver que le decía aquel día.
Pasaron unos días y seguía recibiendo un mensaje a diario... “Qué ojos más bonitos que tienes”,.. “Como te brillan hoy los cabellos”,.. “Hoy casi nos rozamos las manos”.

Daniela ya se pasaba el día entero pensando en la persona que le enviaba los mensajes. Mirando fijamente cada hombre que se acercaba a su caja, Intentando ver si percibía alguna señal... Pero al final de cada turno, quizás más de cincuenta hombres diferentes habían pasado por su caja, era imposible discernir uno, si él no lo quería.
Los mensajes seguían,.. “Tu voz me hace venir fiebre”,.. “He visto como se marcaban tus pezones bajo la ropa”,.. “Te comería tu sonrisa”
Y los mensajes eran cada vez más apasionados. Sólo recibía uno cada día, siempre poco antes de salir del trabajo. Hasta que una mañana, mientras yo estaba en la ducha, ella envió su primer mensaje al desconocido...“¿Quién eres?”
De momento su móvil no recibió respuesta. Ella sospechaba que tendría una respuesta a la hora de siempre, como cada día... y así fue. La respuesta que recibió a su pregunta fue...“Soy el hombre que te desea”.
Cuando Daniela lo leyó, notó como se le cortaba la respiración. Y pensó que todo esto se estaba convirtiendo en una broma, y lo que tenía que hacer era ignorar los mensajes. Y como mujer lógica y prudente intentó sosegar su corazón y su coño, pero algo caliente y resbaladizo, ya le había empezado a correr por el vientre, y más abajo, entre las piernas. Y por primera vez en muchos años sintió un gran deseo. De entrada por el solo motivo de saber que un hombre la deseaba de nuevo.
Y empezó un intercambio de mensajes, nunca de llamadas, le dije que era un hombre de su edad, sin compromisos, y que desde que la vi por primera vez, la miraba y la codiciaba. Y ella decía que también era libre.

Un día le dije que tenía ganas de morderle los pezones, de ponerle las manos en la cintura, de besar sus mejillas, de enredarnos las lenguas, de clavarle la polla entre las piernas.
Daniela pensaba que todo esto era una locura. Pero también se daba cuenta que desde que recibía los mensajes, ella vivía más ilusionada y feliz.
Con el paso de las semanas y los mensajes, sabiendo que era una mujer libre, empecé a insistir que quería una cita con ella, que le quería hacer el amor, y que no pasaría nada aunque solo fuera una vez, si los dos lo deseábamos. Pero ella se negó una vez, dos, tres... quizás cinco veces, pero sin dejar nunca nuestro juego de mensajes. Hasta que un día dijo que sí. Que quedaríamos el martes siguiente, en el centro de la ciudad para tomar algo, un sitio concreto... y descubrí que al lado había un lugar donde alquilan habitaciones por horas. Y fue cuando le dije: “Ven sin bragas y completamente depilada”.

Volviendo al punto inicial de la historia, donde ella estaba dejando su coño sin un ningún pelo, Daniela se duchó, se secó el cabello, se puso crema hidratante por todo el cuerpo, perfume detrás de las orejas y en las muñecas, un poco de carmín en los labios. También se decidió por un vestido negro y dejó el sujetador por iniciativa propia, las bragas ni las miró, porque yo lo quería así y ella estaba dispuesta a complacer mi petición. Unos calcetines cortos dentro de unas botas de talón alto. Y salió al sol del otoño poniéndose un jersey por encima de los hombros, no sea que se le marcaran los pezones.
Cuando bajó del autobús, sólo tuvo que andar 5 minutos para llegar al lugar de la cita. Iba con la mirada bajada, le da vergüenza, estaba nerviosa y era consciente que su coño se estaba humedeciendo, destapado, impúdico. Esperó cinco minutos, diez... y entonces se sentó en un banco al lado de unas ancianas. Miró hacia la entrada del "hotel". Pasaban hombres delante de su mirada, pero ninguno la observaba. En el trabajo había dicho que cogía el día libre para hacer unas gestiones personales que no podía demorar... Quince minutos más. Mira el móvil cómo si la batería estuviera agotada. Veinte minutos... y decide hacer aquello que no ha hecho en este tiempo. Llama a ese número que sólo de ver, le hace ir el corazón como un gorrión atrapado en una jaula.

Marca y...“El número marcado no existe”.

El cerebro de Daniela no procesa la información y vuelve a marcar...“El número marcado no existe”. Y volvió a insistir una tercera vez porque al escuchar la frase del móvil, le resbaló de las manos y cayó al suelo.
Ella se agachó, mientras deseaba que alguien le tocara la espalda y le pidiera disculpas para llegar tarde. Pero empezó a sentirse ridícula por la sensación que todo este tiempo había sido una tomadura de pelo, entonces aparecí de frente a ella, esperando que el semáforo cambiase a verde y cruzar la calle hacia Daniela. Fue en ese instante cundo ella levantó su mirada hacía donde estaba yo... y por algún instinto que no puedo llegar a descubrir de las mujeres, tuvo claro que ese tipo esperando a cruzar la calle, iba a ser su cita. Sonrió y avanzó hacía mí.
Habían pasado veinticinco minutos desde que ella llegó, crucé la calle y le dije, "Es un placer tenerte solo para mi, Daniela", acto seguido me disculpé por mi retraso y su respuesta fue un abrazo y un "gracias por venir", ¡por fin te conozco!. Esto nos llevó a un beso, nuestro primer beso real.
Empezamos a charlar allí en el punto de encuentro y me comentó que había estado marcando mi número pero le decía que el número marcado no existía. Entonces sonreí y le pedí disculpas de nuevo porque imaginé que esta situación le hizo pasar un mal rato. Pero había una razón en ello, me acababa de cambiar de compañía ese mismo día y la portabilidad me había dejado unas horas en el limbo.

Daniela se relajó por la espera y aceptó mis disculpas... caminamos veinte metros y nos sentamos a tomar algo en la primera terraza, hacía algo de fresco por la época del año, pero el día era radiante y permitía estar allí sin pasar frío.
Charlamos, reímos, nos contamos algunas cosas y cayeron algunas preguntas que estaban pendientes... y así fueron pasando los minutos cuando le dije: "Me apetece descubrir si has cumplido aquello que te pedí". Sonrió, se sonrojó y con una voz temblorosa me dijo: "de tí depende descubrir el misterio o no"... y sonrió.

Los dos teníamos ganas de estar solos, así que no pasaron más de cinco minutos y ya estábamos entrando al "hotel", nos dieron la suite nº 1, la única que estaba libre... cama ancha, espejos por toda la habitación, jacuzzi y realmente muy limpia.
Empezamos con caricias y besos y poco a poco íbamos dejando nuestros cuerpos desnudos. Daniela me dió un leve beso en los labios y se tumbó sobre la cama sin soltar mi mano para arrastrarme a su lado.
Casi desnudos del todo, empecé a pasar mis dedos por el muslo de Daniela, por debajo de la sábana con la que se había cubierto, y haciendo camino hacia su sexo, sentía como mis dedos se iban acercando a su coño mojado y acariciando con cuidado, metiéndose entre sus labios, resbalando por su flujo, gimió por primera vez.

“Veo que has cumplido mi petición", dije.

"Si, lo deseaba“, contestó.

Entonces fué cuando le separé las piernas y dejó su coño a mis deseos. Las luces tenues las manteníamos encendidas, aunque Daniela sentía un poco de vergüenza por tener a un "desconocido" mirando entre sus piernas.
Seguí pasando los dedos por su coño y recorriendo todo su cuerpo con suaves caricias y algún que otro apretón a sus delicadas y suaves carnes. Mientras, ella veía como toda esa dedicación por su cuerpo se traducía en una erección de mi polla. Ya estábamos totalmente desnudos.
Ella estaba ansiosa por tener un orgasmo lo antes posible. Así que se dejó ir y obtuvo su recompensa al deseo y después de unas convulsiones y gritos, tomó una decisión rápida. Me tumbó sobre la cama boca arriba y se puso encima. Abierta de piernas y apoyada sobre sus rodillas, con una pierna a cada lado de mis caderas, acercó su coño a mi erección y después de rozarse con la punta del miembro, dejó caer todo su peso en un envite sobre mi polla que entró hasta lo más profundo de su cuerpo. Daniela empezó a moverse, juego pélvico y de caderas hasta que le saltaron lágrimas en los ojos del intenso placer.
Notaba mi polla dentro su cuerpo, dura, latente, hinchada de deseo. Gozando con nuestros cuerpos sudados, cada vez más por la intensidad del deseo. Gemidos por las dos partes, ella y yo, del extraño que se deja hacer, que le pone las manos sudadas apretando las nalgas y presionando hacia su cuerpo, mientras ella iba arqueando su cuerpo como una hoja flotando en el oleaje del mar, adelante y atrás, arriba y abajo, sin movimientos repentinos, toda calor, todo vaivén, todo pasión y todo humedad.
Daniela no miraba, solo se permitía sentir en su cuerpo de alguien misterioso que había llegado a desear sin conocer, y que una vez me había conocido, la haría llorar de gusto.
Iba moviendo las caderas cada vez más rápido, escuchando el sonido de su húmedo coño perfectamente rasurado cuando chocaba con mi pubis empapado y también rasurado para la ocasión.
Mi glande dentro de Daniela, subiendo y bajando, rozando las paredes de su vagina, lo estaba provocando deseoso de estallar. Los movimientos se hacían más enérgicos, más rápidos. Dejando que las puntas de mis dedos apretaran con fuerza sus nalgas. Me sentía gemir, le gustaba escuchar como me estaba entregando mucho placer.

Daniela empezó a gritar con cada embestida, ella misma se clavaba encima de mi polla hasta que le hacía daño, cabalgaba sobre mi, una, dos, tres veces... y otro orgasmo le hacía gritar todavía más. Se paró de repente siendo como su coño se agita en espasmos que presionan mi polla que parecía más grande que nunca. Del esfuerzo, pequeñas gotas de saliva le salían por la boca, estaba sedienta de más deseo. Se ahogaba, se tragaba la saliva y dejaba que el oxígeno volviera a entrar en sus pulmones. Abrió los ojos, las lágrimas que había intentado contener, bajaron por sus mejillas goteando sobre mi cuerpo.
Entonces decidió salir de encima mío y se colocó al lado, arrodillada. Yo no me ha corrido todavía. Acercó su boca a mi polla y me dijo : “Ahora acabaré contigo"... Y empezó a lamer, a chupar, a presionar con los labios. Mi polla estaba empapada de sus fluidos. Endurecida al máximo, las venas estaban marcadas como alambres clavados en la carne. Daniela recorría con la boca toda mi polla de arriba abajo, añadía lametones con la lengua y volvía a cerrar los ojos. Decía que así se concentraba y sentía mucho más... y también lo hacía por algo de vergüenza que aún no le había desaparecido.

En ese instante pensé que eso era la mayor satisfacción posible a todos los mensajes enviados durante tantas y tantas semanas. Cuando de pronto intuyó que estaba llegando al punto final y retiró su boca, me liberó del condón para ver como mi placer estalla y empezaban a salir chorretones de semen, pringando toda mi polla y alguno que aterrizó en su cuerpo. Sonrió satisfecha y con los ojos bien abiertos, dirigió su boca hacía mi polla y se tragó todo el semen por puro instinto y deseo del momento.



Déjame acercar y recorrer tu piel

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Cita con Daniela.



Déjame acercar y recorrer tu piel

7/16/2017

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un besito y buen relato

7/17/2017

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quote calientelucho42:
un besito y buen relato
Gracias por comentar.
Salu2 lucho42.



Déjame acercar y recorrer tu piel

7/17/2017