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Sekkusushiyou 47 M
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Aquel Domingo de sofá

7/22/2017

Hay veces en la vida que no sabes cuando y como te llegan las sorpresas. Todo aquello que tienes calculado, no te servirá de nada, porque la salsa de la vida está en la capacidad de sorprender en un momento inesperado por mucho que tengas previsto las cosas que quieres hacer un día concreto.

Era Enero, un domingo por la tarde. Uno de esos días sin ganas de saber ni hacer nada. De hecho si que lo sabía, pero tenía claro que no lo quería hacer. Así que me limité a tumbarme en el sofá y ver la televisión. Sin ganas de ni leer, ni escribir, nada que me llevara a pensar. Lo perfecto era tarde de domingo en el sofá y cubrirme con una manta. Por lo tanto, el ánimo para hacer algo de provecho era inexistente.
Siendo sincero, sólo recuerdo estar estirado en el sofá, envuelto con la manta e ir mirando no se qué en la tele. Me fijaba más en los anuncios que el la peli o serie, no recuerdo que era. Mirar aquello era demasiado para mi estado, mi cerebro no estaba. Sabía que no haría nada de nada durante la tarde, bueno, como mucho una visita al baño para evacuar líquidos menores. No tenía ni hambre, sólo pereza y lo peor de todo, es que las piernas ni me respondían de tanta pereza acumulada en mi cuerpo a lo largo de aquel largo rato en el sofá.

Llevaba dos horas tumbado. En la calle el día ya había oscurecido en su totalidad, no había ni bajado las persianas y las cortinas seguían abiertas. El invierno no perdonaba y en la calle debía hacer mucho frío. Así que tenía casi todos los ingredientes para pasar una tarde de no hacer nada, manta, sofá y cualquier cosa que se viera, era bueno para pasar no pensar y pasar el rato. La peor película sería la mejor de aquella tarde.
Me estaba apunte de dormir cuando de repente el sonó el móvil. Y yo me preguntaba ¿me levanto a ver quién me envía un mensaje o sigo en el sofá?. No sé de donde saqué las fuerzas, pero me levanté, el ritmo que llevaba sobre mí no me daba fuerzas para llegar al móvil en dos minutos. Entre las dudas que si me iba a levantar y todo, casi salió el sol. Pero la curiosidad me venció. Decidí ver quién me había escrito y mi sorpresa fue cuando descubrí que eras tú, mi querida amiga y algo más... que hacía mucho que no teníamos contacto.
En un primer momento decidí situarme de nuevo en el sofá, manta por encima y televisor a mi vista para poder seguir disfrutando de aquella tarde que no daba mucho si, pero... no pude estarme y contesté y saber el porque de tu mensaje. La respuesta era muy fácil y es que estabas muy cerca de casa y pensaste en pasar a saludar. En 5 minutos tu dedo estaba llamando al timbre.

Abrí la puerta. Yo iba vestido bastante regulero, unos vaqueros y una camiseta vieja. La manta ya me tapaba bastante. Te invité a pasar y nos aventuramos a hablar sentados en el sofá. Yo en la zona del chaiselongue para no perder la compostura que había adoptado aquella calmada tarde de domingo, y tú te pusiste a mi lado mientras nos íbamos poniendo al día de nuestras vidas.
Tumbado en el sofá y tú a pocos centímetros a mi lado, hasta que empezamos a jugar. De hecho, me picó la curiosidad y te empecé a preguntar cosas mucho más simples, que sobre tu vida. La conversación fue fluyendo como quien ve pasar aquella tarde de domingo que se había acelerado con tú llegada.
De repente me sacaste la manta con la cual me estaba tapando hasta aquel momento. Me volví y recuperando la manta, me tapé y entonces empezó el juego. Recuerdo que también ibas con unos vaqueros, pero más puesta que yo, llevabas una blusa rosa pero debajo, era indeterminado que llevabas. Y así mi curiosidad fue en aumento. De todas las banalidades que llegamos a comentar, nos centramos en tus tatuajes. Conocía uno, el del tobillo, pero no sabía que tenías uno de nuevo. La curiosidad era muy grande y quería ver aquel nuevo tatuaje a pesar de que en palabras tuyas, estaba en un lugar delicado.

Cuestión de magia, pero de tu blusa se desabrochó un botón. No dije nada, pero no paraba de mirar aquel escote que se iba dibujando y que tanto conocía. Pero empezaba a saber qué había debajo. La situación iba calentándose con una conversación sin mucho sentido pero con unas miradas que hacían subir la temperatura de aquella gélida tarde de invierno. Aquel botón desabrochado me mostró que una parte de tu ropa interior era blanca, pero pocos detalles más.
Seguimos hablando y observé que después de abrirse aquel botón, la camisa hacía un poco de hueco y me recordaba claramente la forma de tus pechos que se escondían bajo la camisa rosa. El sujetador tenía más detalles, blancos como he dicho, pero con blondas y la situación se calentaba mientras nuestro juego seguía adelante.

Me volviste a coger la manta y en un gesto para recuperarla te toqué el pecho, con un poco de intencionalidad. Me estaba excitando a medida que iban sucediendo los minutos. Aquella caricia a tu pecho se correspondió con una mirada de complicidad.
Te echaste sobre mío para poder recuperar la manta y justo en aquel momento, aproveché para agarrarte y traerte hacia mí y tocarte el culo levemente con la mano. Con el impulso caíste sobre mi pecho, nuestras bocas estaban a pocos centímetros, la tensión de todo estaba en aumento. Noté de pleno tus pechos contra mí y tú percibiste mi excitación.
Volviste hacia el lado del sofá. Me giré, la manta fue a parar sobre tí y lo aproveché para pasar la mano por encima y tocarte los pechos levemente. El juego iba a más. Paré un poco y te relajaste en el sofá. Entonces te confiaste y levanté un poco la manta de lado y pasando la mano por debajo, desabroché un botón de la parte baja de la blusa. Intuí que podría ver algo interesante.
La camisa salió de debajo de los pantalones y un poco abierta de bajo, me mostró tu ombligo. Puse la mano encima del ombligo y entonces fue cuando me susurraste... "quieres ver algo especial"... y mi respuesta fue afirmativa y precisa, Sí. Retiré la manta que te cubría y te desabrochaste un botón de los vaqueros, entonces pude contemplar el inicio de tú nuevo tatuaje.

Con la punta de los dedos empecé a dibujar la parte de arriba del tatuaje. Este se perdía para adentro de tu tanga blanco con una pequeña y muy fina blonda, a juego con el sujetador. Con el botón desabrochado, veía el inicio del tatuaje y del tanga pero no veía la continuación. Los dedos se movían por la parte sinuosa de tu dibujo y después iban hacia el ombligo para acariciarte despacio. El dedo volvía a la punta del tatuaje y ahora reseguía la goma del tanga blanco y los subía hacia el ombligo.
La situación era muy excitante. La manta había ido a parar sobre mi cuerpo, tapando las piernas desde la cintura. Pero tú estabas a cuerpo descubierto. Se veía el inicio del tatuaje. Me acerqué a tu oreja y después de darte un beso, te pregunté si me dejabas ver más de aquella nueva atracción que había en tu cuerpo. No dijiste nada, pero tampoco evitaste que la mano fuera bajando por tu ombligo retirando el tanga para mostrar el tatuaje que seguía hacia tu intimidad hasta casi llegar a tu clítoris.
La mano se introducía al paso del tatuaje para adentro tuyo y aprovechaba para hacer un recorrido lo más íntimo posible. Recorrí toda la forma que te habías dibujado en tu cuerpo por debajo del tu prenda íntima y recorrí suavemente tu sexo. Notaba como te humedeciste levemente y después hice el camino inverso en dirección al ombligo. Desabroché un botón, dos, tres y la camisa estaba totalmente abierta dejando a mi vista tus pechos escondidos por los sujetadores.

Las manos fueron subiendo, te recorrí los pechos por sobre la ropa interior. Con las manos los palpaba y entonces fue cuando tú empezaste a jugar conmigo. Te pellizqué el pezón por encima de las blondas y tú pusiste la mano bajo la manta... recorrió por encima de mi vaquero y cuando apreté tus pechos, decidiste desabrocharme el botón del pantalón. Dos y tres caricias pasando tu mano por encima de bóxer y notaste como estaba más que excitado.
En un gesto que aún no te esperabas, te saqué el sujetador y quedaron tus pechos libres. Entonces me pusiste la mano dentro de los bóxers sin mover la manta y empezaste a jugar conmigo, ir tocando por dentro y haciendo que la excitación fuera en aumento. Mis manos te tocaban los pechos y los iba presionando. Tú me ibas masturbando por debajo de la manta como sí de un juego oculto se tratara. La respiración de los dos iba en aumento.
Mi excitación iba a más y es que tu manera de usar las manos, es única. Decidí volver a seguir el dibujo del tatuaje y la mano entró de lleno dentro de tu tanga. Si tú me masturbabas, yo no podía ser menos, y empecé a hacer el mismo. Notabas como los dedos se iban moviendo en tu sexo y tú ibas aumentando el ritmo dentro de la manta. Hacía lo mismo en tí.
Me sacaste la manta para poder comprobar en qué situación me encontraba. Te cogí de un revuelo y te abalancé sobre mí. Con los pechos tocaste la parte de mi sexo. Aproveché para bajarte los pantalones y quitarte el tanga. Me situé al extremo del sofá y te moviste para ponerte encima mío. Noté como mi verga entraba dentro de tí. Te ibas moviendo a un ritmo suave mientras yo besaba tus pechos y empezaba a chupar tus pezones. A medida que ibas aumentando el ritmo, hacía lo mismo con mi lengua en tus pezones.
Paraste, te giraste y te pusiste con la espalda contra mí. Empezaste a mover tu cuerpo sobre mío y mi mano derecha se puso a la altura de tu clítoris. Te ibas moviendo a un buen ritmo y mi mano seguía aquel ritmo que marcabas. Estabas totalmente excitada, de vez en cuando con mi mano izquierda, te iba agarrando y presionando el pecho y la otra atendiendo tu clítoris. Ya solo era cuestión de soltarse y disfrutar de aquel momento tan intenso. Nunca sabes cuando puede llegar el punto y final, pero a juzgar por la respiración de los dos, estaba muy cercano. Te quedaste parada con mi polla clavada hasta el fondo de tu ser para sentir todo el placer del momento dentro de tí y seguidamente, te empezaste a soltar para llegar al final. La respiración llegó en su punto más álgido y un ligero grito de los dos marcó el punto y final de aquella calmada y fría tarde de invierno.

Nunca sabes cuando te pueden sorprender y una un mensaje en el momento adecuado, me hizo cambiar el plan de aquello que tenía que ser una tarde de domingo muy tranquila y relajada en el sofá.
Aquella tarde se convirtió en algo muy diferente, donde su visita y aquel tatuaje de una fina rama donde emprenden el vuelo unas mariposas, me despertaron la curiosidad para volver a descubrir tu cuerpo bajo la manta.



Déjame acercar y recorrer tu piel

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Deliciosa tarde de ardiente juego. Me encanta el relato Sekku. Petons.

7/24/2017

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espectacular tarde de sexo

7/24/2017

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quote Ultraviolet979:
Deliciosa tarde de ardiente juego. Me encanta el relato Sekku. Petons.
Un domingo de estos que si sabes el final, lo firmas para cada semana.

Ptons Ultra.



Déjame acercar y recorrer tu piel

7/24/2017

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quote clio1702:
espectacular tarde de sexo
Por decirlo de otra manera, un domingo in crescendo en sensaciones.

Salu2 clio.



Déjame acercar y recorrer tu piel

7/24/2017