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azulzelezte 49 F
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¡Golosa!

7/20/2017

Cuando abrí los ojos, vi el pene a cinco centímetros de mi boca. Como siempre, lo primero que hice fue acercar mi nariz y olerlo. Es un aroma fuerte, pero agradable. Levanto la nariz y lo rozo con mis labios. Lo beso y lo toco con la lengua. Se siente suave, pero no sabe a nada. Abro un poco más la boca y estiro los labios hacia fuera para abarcar todo el glande, que hace un movimiento para entrar más allá, pero lo detengo con la lengua. Lo chupo como si fuera un dulce y lo saco de mi boca sin dejar de envolverlo con la lengua; lo vuelvo a dejar entrar, lo chupo de nuevo y lo saco otra vez. La humedad de mi boca y la succión que imprimo lo endurecen. En el meato aparece una gotita. Tampoco sabe a nada, quizá tiene un ligerísimo sabor a sal, pastoso y transparente, pero nada más.
Tengo el tronco del pene en la mano. Es de un buen tamaño, pues apenas puedo abarcarlo con mis dos manos juntas, y bastante grueso, ya que mi pulgar y mi dedo índice no pueden rodearlo. Pero el glande sí cabe en mi boca y lo vuelvo a meter. Su textura es suave, carnosa, y esta vez dejo que avance un poco más. Me toca el paladar, y antes de que siga adelante prefiero pasarlo hacia los lados. Después lo centro sobre mi lengua y lo recorro con fruición. En ésas estaba cuando sentí una mano sobre la nuca que empujó mi cabeza hacia delante, obligando a que el pene se fuera hasta mi garganta. Mi boca no es muy grande, de modo que sentí que el glande tocaba mi úvula, lo que fue bastante desagradable, pues a las náuseas iniciales se sucedió una sensación de asfixia. Quise sacarlo, pero la mano no me lo permitió y comenzó a empujarlo una y otra vez dentro de mi boca. Por fin conseguí sacarlo y respirar. No soy novata en estas cuestiones, pero suelo hacerlo poco a poco para disfrutarlo. Fulminé al tipo con una mirada y volteé la cabeza.
Ahí estaba otro pene, más corto pero más grueso. Parecía a punto de estallar y se movía solo, muy excitado por lo que acababa de suceder. Lo consideré un pene amigo y lo tomé con la mano; sentí su peso, su perfume y su grosor, y por alguna razón experimenté mayor excitación. Lo probé. Tenía un sabor más fuerte y oloroso; quizá no era tan limpio como el otro, pues éste me recordó la acidez de la orina. Pasé mi lengua por todo el miembro, recorrí sus venitas y volví a chuparlo. Luego, cerré los ojos y me lo metí en la boca, no hacia el paladar, sino pegado a la lengua. Vaya, éste no intentó ir a mi garganta, pues dejó una parte afuera y me permitió tener en la boca lo suficiente para no ahogarme. Éste sí sabe, pensé, y le agradecí que se hubiera afeitado, pues el vello me estorba para estos menesteres, por lo que comencé a succionarle los testículos mientras lo masturbaba con la mano. Después volví a metérmelo en la boca. Ahora empecé a hacerlo a más velocidad, subiendo y bajando la cabeza a buen ritmo, dando pequeñas mordidas que hacían gemir al amigo.
Estaba acostada chupando, casi bocabajo, cuando un par de brazos empujaron mi cadera y flexionaron una de mis piernas, dejando a la vista mi vulva; sentí entonces una lengua que comenzaba a lamerme. Ah, lengua experta, sabía dónde y con qué frecuencia chupar, de modo que en pocos minutos mi vagina comenzó a deshacerse; no obstante, seguí saboreando aquella verguita tan rica. Súbitamente, la lengua experta dejó de hacer lo que hacía y en su lugar entró aquel pene que había despreciado por impulsivo. Tomó mi cadera, me puso en doogy style y ahora sí, sin lenguas estorbosas, me la dejó ir hasta los huevos. Creí que me la había metido hasta el ombligo y no pude evitar una exclamación. Tan rica la sentí que dejé de mamar y me puse a disfrutar. Para eso sí era un maestro, pues sacaba todo el miembro y lo volvía a meter ocupando el espacio total de mi funda, obligándome a apretarlo para sentir sus palpitaciones en mi pared vaginal. Sentía su cabeza recorriendo toda mi vaina, tratando de encontrar mi punto G, pero estaba tan ansioso que abandonaba esa búsqueda y volvía al mete-saca una y otra vez, con tanta urgencia que poco a poco me contagió y empecé a empujar mis caderas hacia atrás cada vez con mayor velocidad, golpeando sus testículos y tratando de exprimir aquel pepino que tenía encajado entre las nalgas. Las nalgadas que empecé a recibir hicieron más intensa la sensación.
Esto pareció gustarle al pene amigo que tenía en la boca, pues su dueño se puso de pie, me agarró la cabeza con ambas manos y empezó a penetrarme la boca con su verga, una y otra vez. Ya no tenía náuseas; sentía el glande en la garganta, pero aprovechaba cada vez que éste salía para jalar aire, de modo que cada dos segundos respiraba rápidamente antes de volver a tragar camote. De vez en cuando se detenía para dejarme adentro de la boca su pepino por unos diez segundos, hasta que yo subía la vista para avisarle que me faltaba el aire, tras lo cual lo sacaba, pero apenas veía que recuperaba la respiración volvía a metérmelo. Mi saliva iba haciéndose cada vez más pastosa y a escurrir fuera de mi boca. En ese momento, sentí una onda de calor que procedía del centro de mi cuerpo, seguida por una violenta sacudida que me hizo doblar las brazos, hasta colocar la cabeza sobre el colchón, e instantes después una sucesión de espasmos me indicaron el fin de mi jornada, en medio de una larga y placentera exclamación. Exhausta, quería recostarme un ratito, pero el gran pene me arrastró a la orilla de la cama, dejó caer mis piernas al suelo y me puso una almohada bajo mi vientre, de modo que dejó expuestas mis nalgas a su ariete, que, enrojecido, endurecido, salvaje, se metió nuevamente hasta el fondo de mi cavidad, golpeando mis nalgas una y otra vez mientras me tomaba por ambos lados de mis caderas, dándome nalgadas, jalándome del cabello mientras pujaba, gemía y exclamaba maldiciones, hasta que por fin se detuvo y salió de mí, bañando mis nalgas con su semen, para después echarse sobre la cama, agotado.
Pensé entonces que ahora sí descansaría un momento, pero el pene amigo, excitado por todo lo anterior, se colocó atrás de mí, aunque cinco centímetros más arriba, y comenzó a chupar mi chiquitín. Sabiendo lo que se me venía encima, traté de darme vuelta, pero unas manos enérgicas me lo impidieron y metieron un dedo a través de mi pequeño. Después, saliva de por medio, introdujeron dos dedos, sacándolos y metiéndolos, hasta que el orificio quedó perfectamente lubricado y relajado. Este amigo ya sabe que si me la mete por atrás no puede volver a entrar por delante, de modo que se puso un condón lubricado y acercó su cabeza a mi esfínter. Poca resistencia podía oponerle, así que preferí recargar la cabeza en la cama y aflojar mi anillo. Sentí una gran masa de carne que trataba de entrar por mi ojal. Abrí las piernas, traté de abrirme las nalgas con las manos y empecé a pujar, como si quisiera defecar, para apoyar su entrada; por fin introdujo el glande y pude respirar con alivio, pues a pesar de su grosor no experimenté mayor molestia, pero lo sacó de inmediato. Después sentí los dos dedos de antes untándome una sustancia fría y viscosa; el masaje me reconfortó y me sentí más confiada, de manera que cuando volvló a aparecer el amigo no fue necesario tanto esfuerzo: simplemente lo colocó, empujó ligeramente y el amigo comenzó a entrar poco a poco, reconociendo el terreno, tímido, saliendo y entrando una y otra vez, hasta que empecé a recuperar las ganas y levanté las nalgas, empujándolas hacia atrás, pidiendo cada vez más verga, más grande, más gorda, más dura, toda su verga dentro de mí, destrozándome el culo, cada vez más rápido rápido rápido rápido hasta que sentí que su miembro vibraba sin control, síntoma de que se estaba viniendo, lo que me encendió tanto que al mismo tiempo comencé a eyacular, ahogando mis gritos en una almohada.
Permanecí desvanecida algunos minutos. No sabía qué horas eran, estaba de vacaciones y no tenía prisa por ir a alguna parte, de modo que me subí a la cama, me tapé con las sábanas y cerré los ojos. Alguno de mis dos novios se acostó junto a mí, de cucharita. Mientras pegaba su cadera a la mía, con la mano me acariciaba el pecho, yendo desde la base hasta el pezón, dándole vueltas y de nuevo a la base, apretándome el seno. Sentí cómo su verga comenzaba a crecer. Bajé la mano, la apreté, le di unos jaloncitos y le dije que se conformara con eso. Me levanté, fui al baño y me enjuagué la boca. Después regresé y me acosté en la otra cama. Me tapé con las sábanas. La televisión estaba encendida y de ella salían gemidos, más gemidos, muchos gemidos. Sin duda era una película porno. Típico de los hoteles de paso. De los gemidos la chica pasó a jadear y después a gritar. Comencé a sentirme inquieta y no pude evitar la curiosidad. Asomé un ojo y vi a un negro enorme taladrando a una mujer; hipnotizada, no podía dejar de mirar el enorme pene entrando una y otra vez en la chica. Finalmente bajé la sábana, cerré los ojos, bajé mi mano y toqué mi vulva, mi cálida y sensible vulva. Comencé a acariciarla con delicadeza, suavemente, como protegiéndola, pero pensando en el negro de enorme pene, preguntándome qué se sentirá, a qué sabrá, dónde podría encontrar alguno; para entonces ya había despertado del todo y me sentía con más energía, con ganas de volver a explotar, de volver a saborear una deliciosa verga, de sacarle hasta la última gota de leche y de tragármela toda, sabiendo que en ese momento tenía dos a mi disposición para comérmelas cuantas veces yo quisiera, sin preocuparme por la oficina ni por el marido ni por nada, sólo por sentir otra vez una dura, venosa, grande y jugosa verga en mi coño, en mi culo, en mi boca...
En ese momento alguien me habló. Me asomé entre las sábanas y vi al amigo a cinco centímetros de mi rostro, nuevamente levantado, duro y oloroso. Alegre, me destapé, acosté al amigo sobre la cama, boca arriba, mientras tomaba su miembro entre mis manos. Estaba de rodillas casi en el borde de la cama, exponiendo mis nalgas hacia la pantalla de televisión, como ofreciéndoselas al dios negro, y recargada sobre mis codos. Cuando sentí en mi culo el otro miembro, largo y endurecido, simplemente cerré los ojos, abrí la boca y empecé a chupar aquella gruesa y jugosa verga...

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WOW!!!, Que excitante relato, me trajo recuerdos y me diò tambien un par de ideas,,, Gracias por compartir!.

7/20/2017

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Uhmmmmm, deliciosa narración. Me a echo rememorar alguna vez que penetre por detrás, que rico sabe la verdad.

7/20/2017

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Muy bueno ,excitante

7/20/2017

josupk 41 M
Score 2.1
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Hummm interesante relato

7/21/2017

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woww!! que caliente me has puesto..quisiera compartir algo asi

7/21/2017

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que buen relato erotico
excelente manejo del lenguaje tecnico sexual

7/21/2017

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Muy, muy excitante. Inevitable imaginarlo

7/22/2017

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Mmm buen relato sin duda, exquisitamente excitante

7/22/2017

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mmmmm debes mamarlo muy rico

7/27/2017

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Guauuuuuu.......como me has puesto!

7/28/2017

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muy y hermosamente erotico

8/5/2017

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Muy buen relato, gracias por compartir!!

8/8/2017

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Me gusta mucho, has logrado que sienta esa excitación y se me ponga muy dura.

8/8/2017

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exitante y erotico relato !

8/8/2017

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Excitante.....Muy bueno.

8/9/2017

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Muy bien descrito!!!

8/21/2017

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Excitante mami!! Me encantó!!

8/24/2017

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hermosoooo!! quiero ser el negroooo!!! jajjaj

9/8/2017

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Azulzelezte, divina. ¡Qué ricura de relato! Es un verdadero placer leer un relato erótico bien escrito, sin faltas ortográficas. Me encantó la manera en la que te entregas y gozas de cuanta verga se te atraviese. Me encantaría crear contigo un relato erótico en el que tú y yo estemos involucrados. Quiero fantasearcontigo. Sé que es poco probable...

BESOS........

9/22/2017



azulzelezte replies on 3/20/2018 2:36 pm:
Muchas gracias, eres muy amable. Besos