hambriento de sexo... 1a parte  

rm_manecarry 43M
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2/10/2006 4:08 pm

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7/7/2009 7:18 am

hambriento de sexo... 1a parte


Era sábado en la tarde cuando decidía llegar a saludar a una pareja de amigos que recientemente habían llegado de otra ciudad. Eran ellos dos, una bebita y una prima de Agustin quien era la niñera. La tarde estaba fresca, como pocas veces suele suceder en estas tierras calurosas de la costa y aunque vivían retirados de mi casa, decidir caminar un poco para matar el aburrimiento por el camino. Al llegar la puerta del condominio estaba cerrada y se sentía un gran silencio en la cuadra, lo cual me pareció extraño siendo fin de semana y siendo ellos tan rumberos al igual que sus vecinos de los otros tres apartamentos, por lo que pensé que no habría nadie en casa, sin embargo decidir tocar el timbre dos veces, esperé un rato y al no recibir respuesta decidí retirarme, pero repentinamente se abrió la puerta y detrás de ella estaba Yuli, la niñera, quien con una sonrisa me invitó a entrar, diciendome que los demás habían salido a pasear. Ya habíamos conversado en ocasiones anteriores pero aún no erámos muy buenos amigos, pero ese día el ambiente tenía un color de amabilidad irrestible, además, comenzaba a caer una llovizna, por lo cual decidí esperar un rato. El apartamento era muy cómodo, nos sentamos en la sala a ver la tele, presentaban una de esas películas repetidas mil veces, hicimos algunos comentarios al respecto y tocamos temas comunes. Yuli se levantó de su silla para ir a la cocina luego de ofrecerme algo de tomar, al cruzar frente a mis ojos no puede evitar que todos mis sentidos la siguieran, llevaba puesta una pequeña blusa que dejaban sus hombros, toda su cintura y su curioso ombligo al descubierto, tenía el cabello húmedo, que me daba a entender un baño reciente, los pies estaban descalzos, tenia puesto un short tan corto que dejaba asomar la puntica de sus nalgas al contoneo de su caminar, la cremallera estaba a medio cerrar y no tenía botones, en ese instante sentí un dulce aroma que emanaba de su piel, un aroma leve, casi imperceptible que me atraía y me excitaba. Pude contemplar la firmeza de sus piernas, la juventud de su piel desesperada de caricias, su blusa casí transparente me mostraba un bosquejo de sus pechos altivos y unos pezones erectos y duros como una roca. Ella notó mi semblante de hombre hambriento de sexo y coqueteó agachándose a recoger algo imaginario en el suelo, yo temblaba de emoción y en ese instante perdí el control: sin pensarlo dos veces me levanté de la silla y... (CONTINUARÁ)

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