ESAS T  

rm_almejaxxx 40F
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1/18/2006 3:32 pm

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1/12/2008 6:16 am

ESAS T

Ciertas actitudes para iniciar el juego de la seducción que hoy nos parecen ridículas fueron en otras épocas recursos de éxito garantizado. En el amor todo vale...

1.- El sorprendente lenguaje del abanico.

El origen del abanico se remonta a la Antigüedad. En el lejano Oriente, en China, comenzó la costumbre de escribir versos y pensamientos amorosos en los abanicos. El significado de los movimientos del abanico es muy sugerente. Desde el siglo XVII las mujeres españolas encontraron en el abanico su gran aliado para comunicarse con sus galanes de forma coqueta y discreta. Llevarlo cerrado y colgado de la mano izquierda quería decir que estaba comprometida; abanicarse muy deprisa: "te amo intensamente". Cerrarlo de forma apresurada: "tengo celos"; llevarlo muy cerca del corazón: "sufro, pero te amo" y dejarlo caer al suelo descuidadamente: "te pertenezco".

2.- Flores con mucho contenido.

El lenguaje de las flores en asuntos amorosos tiene también una tradición muy antigua cargada de significado. Desde la rama de alelí que llevaban los trovadores medievales prendida en sus ropajes como señal de amor eterno hasta la flor azul que se intercambiaban los amantes en pleno romanticismo. También escondían otros mensajes galantes, por ejemplo: cuando una enamorado regalaba claveles blancos a su amada quería decirle "no hay nadie que pueda quererte de forma más ardiente que yo", si elegía una rosa blanca y otra roja el mensaje era "el fuego de tu mirada me abrasa el corazón", pero cuando le ofrecía rosas amarillas era porque se sentía celoso. La margarita grande y blanca significaba: "olvido lo pasado", pero si era amarilla simplemente le estaba preguntando: "¿me amas?".

3.- Detalles galantes.

Los viajeros que llegaban a España en el siglo XVII se sorprendían de la exageración del ritual de la cortesía galante. Los hombres se hincaban de rodillas para entregar a su amada una carta o un regalo. Cuando un hombre galanteaba a una mujer tenía que servirla, estar pendiente de cada uno de sus deseos para adelantarse a ellos. Se quitaban el sombrero en su presencia, no hablaban si ella no se lo autorizaba primero. Escribían versos exagerando su belleza: "cabellos de oro, cejas como arcos de cielo, ojos como soles, mejillas como rosas, labios como corales, dientes como perlas, cuerpo como columna de alabastro..." Con lindezas de este calibre ellas se derretían sin remedio ante tanto alarde metafórico.

4.- El pudor como estrategia.

Miraditas de reojo, sonrisitas graciosas, niñerías para encender la pasión del hombre elegido. Hacerse la desentendida, fingirse inocente, ponerse triste de vez en cuando para llamar la atención: una de cal y otra de arena; al día siguiente demostrarle al amado que las horas de dulce conversación son minutos a su lado. La soltera tenía que ser inocente, obediente y recatada, mostrar discreción y verguënza.

5.- Serenatas y otras sinfonías a la luz de la luna.

La luna siempre ha sido la amiga más fiel y leal de los amantes y la noche ha hecho posible el romanticismo de los cantos de amor. En cada época hubo una forma diferente de manifestarlo; desde los antiguos trovadores medievales hasta los requiebros de Romeo a su Julieta o Cyrano de Bergerac a su amada hay notables diferencias en la forma. La complicidad de la oscuridad y el brillo mágico de la luna forman un cóctel pefecto.

6.- Mensajes epistolares.

Las alcahuetas, celestinas, criados, amigos y confidentes han sido los mejores aliados para que los mensajes urgentes de los enamorados llegasen a su destino. Cuando el amor se desborda los enamorados no pueden contenerlo y necesitan transmitirlo, comunicarlo... Pero esa tradición fue cayendo en desuso. Ya pocos son los que esperan la llegada de una carta de amor. Esas cartitas de amor amarillentas por el paso del tiempo y primorosamente atadas pertenecen al baúl de nuestros abuelos.


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