Todo el mundo odia esperar (en adici  

rm_alfaroli 75M
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1/27/2006 3:09 pm

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3/5/2006 9:27 pm

Todo el mundo odia esperar (en adici


Todo el mundo odia esperar. Martín lo odia más que nadie, o al menos eso cree él “...y sobre todo cuando estás esperando que pase algo que no quieres que pase” como le sucede a cualquiera que se encuentra en la sala de espera del dentista.

Procura hacer la espera menos fatigante. Toma la primer revista que encuentra y la comienza a hojear. Pasa las hojas, lee los encabezados de los artículos y nada le llama la atención. Su atención está centrada en el dolor que sufrirá hoy en su revisión y limpieza semestral. Se olvidó en casa las gafas de leer, lo que le dificulta aún más el distraerse y no pensar en el dolor que todavía no tiene pero que ya le está doliendo.

La recepcionista, vestida como enfermera sin serlo, abre la puerta que divide a la sala de espera con el resto del consultorio, sale con una niñita como de cinco años tomada de la mano. La niñita era hermosa, ojos verdes felices, cabello largo marrón sujetado con prendedores en forma de estrella con brillantes, “brillantes falsos, seguramente” pensó Martín. Vestía un coqueto vestidito rosa y zapatos negros.

-Quédate aquí hasta que salga tu mami, ¡y si te portas bien te regalo paletitas al final de la consulta! -dijo la recepcionista.

La niñita comenzó a ver a Martín fijamente, como si fuera un monstruo que no espanta.

-¿Cómo te llamas, nena? -Preguntó Martín, que había sentido la mirada incómoda de la niña.
-¡¿Cómo te llamas tú?! -respondió la nena, riendo, como si hubiera comenzado un juego.
-Soy Martín. ¿Qué le hacen a tu mami?
-Le sacan una muela. La señorita dice que duele mucho y que es mejor que yo no vea, ¡pobre de mi mami, ha de estar muy espantada! Cuando yo me espanto, mi mami me cuenta cuentos ¿tú sabes contar cuentos?
-Sí, si sé.
-¿Por qué no vas y le cuentas un cuento a mi mami, para que no se espante?
-Porque seguramente la señorita le está contando un cuento ahora, y no me necesita. ¿Tú estás espantada?, ¿quieres que te cuente un cuento? -No sabe porqué se ofreció, no sabe cuentos, y aunque los supiera, no sabría cómo contarlos. Trata de hacer memoria y sólo le viene a la mente Caperucita Roja, que siempre se le ha hecho un cuento no apto para niños.
-¡Sí! ¡Cuéntame un cuento! ¡Cuéntame un cuento! ¡Cuéntame un cuento! ¡Que sea de monstruos! -gritó repetidamente la niña, ansiosa por oír un cuento de monstruos contado por un monstruo que no espanta. La niña salió disparada de su sillón para aventarse justo a las piernas de Martín. Por poco y le pega en la entrepierna. “¿Me hubiera dolido?” se pregunta.
-Érase una vez... -y Martín calló. La niña, que se estaba acomodando para oír la historia, le había tocado el pene. “¡¿Qué pretende esta atrevida escuincla?!, ¡¿está tratando de seducirme o qué?!” pensó Martín, al tiempo que él mismo en su pensamiento se respondió “¡...sí está muy linda, pero sólo ha de tener como cinco años... podría ser mi hija!”
-¿¡”Érase una vez” qué!? -Preguntó la niña, inquieta, molesta- ¿no vas a seguir?
-Es que no puedo pensar en ningún cuento.
-¿Por qué no?
-Porque eres muy linda -contestó Martín mientras estiraba el brazo para tocarle su piernita, suavemente...
-...
-¿Qué, no te gusta nena? Agregó Martín mientras le bajaba los calzoncitos a la nena.
-Mi mami me ha dicho que no debo dejar que me toquen ahí -dijo la nena, quitada de la pena, sin tener conciencia del hecho.
-¡Y tu mami tiene razón!, dijo en tono fuerte Martín, mientras soltó la braguita. “¡¿Qué demonios estoy haciendo, sólo tiene cinco añitos...?!” pensó contrariado, cuando su pensamiento fue interrumpido.
-¡Sigue contándome el cuento! Ordenó la niña.
-No puedo, y es mejor que te bajes de mis piernas.
-¿Por qué?
-Porque si te sigo contando el cuento, voy a terminar tocándote donde tu mami te dijo que no dejaras que te tocaran
-¡Está bien, tócame ahí pero cuéntame un cuento! -dijo la niña- ¡pero no le digas a mi mami para que no me regañe! -Agregó emocionada, feliz de su travesura y de que oiría un cuento de monstruos directamente de un monstruo que no espanta.
“¡Definitivamente me está coqueteando la niña!, ¡Es ella quien quiere que la toque!” pensó. “¡No es mi culpa!”
-Entonces vamos a hacerlo así, primero te toco y luego te cuento un cuento, mientras tú me tocas.
-¡Mejor al revés! Primero te toco y me cuentas el cuento, y luego me tocas, sí?!

Martín cargó a la niña y la puso a un lado de él, en el sillón. Se sacó el pene y le dijo a la niña: “Está bien, mientras te cuento el cuento de espanto, tú agarras esto y lo chupas como si fuera una paletita ¿sí?” Y la niña comenzó a chupar, y Martín a contar el cuento “...Érase una vez, un monstruo que vivía en la ciudad, nadie sabía que era un monstruo más que él, y le gustaba tocar y que lo tocaran niñitas pequeñas. Una vez, el monstruo fue al dentista...”

N. del A. Charles Bukowski escribió un cuento intitulado “Bloqueado”, que está incluido en el libro “Hijo de Satanás”publicado por la Editorial Anagrama de Barcelona. En el cuento, el personaje principal es el escritor Martín Glisson, que está atravesando por un “jodido bloqueo de escritor” y le quedan seis días para entregar a su editor alguna narración. Martín Glisson va al dentista y en la sala de espera hay una niña como de cinco años. El personaje comienza a pensar en una historia en la que un escritor, esperando en la sala de espera del dentista, abusa sexualmente de una niñita que también está ahí. La historia que acabo de narrar, es como un “homenaje” a Charles Bukowski, es un complemento (no bien logrado” al cuento “Bloqueado”...

AliciasAlicia 44F

1/29/2006 9:25 pm

-¿Le amas?
- Amo a todos mis animales por, supuesto. Dime ¿ y el loro? ¿Temolesta el loro?
-Supongo que podré descargar delante del loro -dije.
-Entonces adelante, que tengas una buena cagada.

Bukowski
La máquina de follar
Compactos Anagrama
2005


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