Relatos de un polic  

rm_alfaroli 75M
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1/27/2006 3:08 pm

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3/5/2006 9:27 pm

Relatos de un polic


Fue muy raro todo desde el comienzo. La fachada de la casa, como la de cualquier casa de un solo piso, estaba constituida por una pared recta, como de unos diez metros de largo, sin pintar ni nada por el estilo, puro ladrillo; en el centro estaba una puerta, de metal en la parte inferior, y de vidrio biselado tras barrotes negros en la parte de arriba. Una sola cerradura separaba al mundo del infierno, o del purgatorio en el caso de los especimenes mejor portados. Tuvimos que romper el vidrio para entrar; fue fácil, Satanás (así me gusta llamarlo) no le echó llave a la chapa. Lo raro consistía en que, como ya dije, la fachada era recta, pero dentro sólo había dos paredes curvas, era como si hubieran metido un círculo en un cuadrado, era una circunferencia interrumpida por la puerta principal por la que entramos, y enfrente la puerta que daba acceso al Averno. Sí, era como la puerta misma del Infierno.

El centro de la sala, estancia o lo que fuera, estaba adornado con una fuente de base triangular, hecha en cantera retocada con querubines que sostenían jarrones por los que alguna vez debió correr agua, o sangre, o agua con sangre. Sólo una pequeña y delgada línea líquida en el fondo de la fuente indicaba que ésta había sido utilizada. Rodeaban la fuente dieciséis mesas de aluminio, un tanto altas, como de esas de bar. Eran redondas, como de medio metro de diámetro; sobre ellas, reposaba una pieza de herrería que fungía como atril, una campana de cristal lo cubría y que de su centro se sujetaba con cadenas de eslabones pequeños y oxidados una charola, y cada mesa estaba debajo de una lámpara de alógeno que colgaba del techo. Las dieciséis lámparas que colgaban del techo sobre las mesas, más la puerta principal, eran la única iluminación del hall de la muerte.

“Satanás”, como yo lo conozco, “Efraín Avándaro”, como fue bautizado, o “Epicuro” como se dio a conocer a través de sus vastas publicaciones, no parecía representar ningún peligro para la sociedad. De hecho, cuando leí algunos de sus artículos para la investigación, me parecía incluso acertada su idea principal: “Coger, Cagar y Comer, los únicos tres placeres, deben ser satisfechos siempre, en el caso de los varones, por una dama, y en el de las mujeres, por un caballero”. ¿A quién podría parecerle mala esa idea? El problema fue que Satanás comenzó a obsesionarse con sus propias ideas. Tal vez las cientos de docenas de cartas que recibía al mes (muchísimas de las cuales tuve que leer también para la investigación) provocaron que se obsesionara con sus propias ideas. A decir verdad, creo yo que el problema consistió en que nadie lo entendía, nadie realmente entendió a qué se refería con eso de que todos los placeres debían ser satisfechos por una mujer, tomando las palabras en su sentido más literal “por una mujer”. Él trató de demostrar cómo es que sí se podía.

Por bajar rápidamente hacia el sótano para tratar de rescatar a Diana, la última desaparecida, pasamos desapercibido el contenido de las campanas de vidrio. Sobre los atriles estaban cuerpos mutilados en descomposición, con agarraderas. El que estaba en la extrema izquierda, al parecer el más añejo, era irreconocible, no guardaba ya la forma de lo que tal vez fue la delicada silueta de una mujer. Estaban cortados casi con precisión quirúrgica. Los huecos o espacios donde debían estar las cuatro extremidades y la cabeza habían sido cosidos, supongo que para que la sangre se conservara. De hecho el tipo no dejó ni los muñones, es decir, cortó el cuello, los hombros y las caderas, sólo conservó el tronco, con sus tetas, su ombligo, su vagina y unas extrañas agarraderas como de olla que fueron atornilladas a cada lado.

No supimos qué era lo que estaba en las charolas hasta que leímos su pizarrón de trabajo. Lo de los cuerpos de mujer sin cabeza, brazos ni piernas, lo entiendo perfectamente... ¿quién no quisiera de vez en cuando cortarle la cabeza a su mujer?, pero eso de poner mierda en las charolas, y comerla ¡¿a quién carajos se le ocurre?!

El sótano, también circular, era húmedo y tenebroso, pero se sentía cierto calor de hogar... insisto, estoy seguro que si eso no era el Infierno, al menos era una sucursal. No había rastro de Diana ni de Satanás. En el centro del sótano se encontraba una cama con sábanas blancas, sucias de sangre y de tanto usarse. Después el laboratorio nos confirmaría que en las sábanas había sangre de por lo menos treinta y tres personas distintas, de las cuales treinta y dos eran de mujer y una de hombre, y que dieciséis muestras de sangre coincidirían con los cuerpos en estado de putrefacción que estaban dentro de las campanas; también nos confirmaría el laboratorio que en casi todas las superficies de la cama y de las sábanas, había semen, el cual coincidía con única muestra de sangre de hombre que estaba en la cama. Al parecer Satanás era una fuente viviente. Las paredes estaban cubiertas de corcho, y el corcho, cubierto de fotos. Tramo a tramo, estaban retratados los momentos por los cuales atravesaría la relación que Satanás, Epicuro o Efraín sostuvo con las treinta y dos mujeres desaparecidas: fotos a distancia (lo cual indicaba que el sujeto estudiaba a sus víctimas), fotos de el sujeto con la víctima paseando (¡qué chistoso, a todas las llevó la Parque de los Venados, justo donde está mi Regimiento!), fotos del sujeto con la víctima en la intimidad (no sé cómo es que todas se dejaron retratar... alguna vez se lo sugerí a una novia y casi me voltea la cara a cachetadas), fotos del sujeto, a lado de la víctima, amarrada y con mordidas en la cara, los brazos y las piernas (igual y por eso se las cortaba, para que no se vieran tan feas), fotos de la víctima cagando, fotos del sujeto comiendo un plato combinado de verduras, caca y carne (que presumimos humana), fotos del sujeto alimentando a la víctima (ya sin brazos y sin piernas), fotos de la víctima (irreconocible) ya sin cabeza y con agarraderas en los costados, y muchas, muchas, muchas fotos del sujeto sujetando los troncos sin vida por las agarraderas, introduciéndoles el pene.

No dejó ninguna pista sobre su nuevo paradero. Ya después supimos que a Diana no la pudimos rescatar, que era el cuerpo más fresco, el que estaba en la última campana. No sabemos tampoco qué fue de las dieciséis primeras víctimas, de las que sólo apareció su sangre más no sus restos. Yo nunca sabré qué chiste encontraba Satanás en comer mierda.

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