Fantasia de sumision. Un ba  

rm_Charlybcnaff 52M
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5/23/2006 7:01 pm

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1/27/2010 2:01 am

Fantasia de sumision. Un ba


CAPITULO CINCO
Cuisine Nouvelle

Paras las pilas y tras unos segundos en los que te recuperas, me miras riéndote y dices:
- “Voy a jugar a cocinitas: Te voy a aliñar el pene hasta abrasártelo, después me vas a comer y tal vez beber."
"Hay que dejar la salsa hacerse en el pene antes de saborearla. Se cuece con pilas a fuego lento, a veces fuerte según se vea… desde luego para acabar se le tiene que dar un buen hervor y entonces me das tu manjar.”

- "Sí, por favor, haz que me corra así... y sin contemplaciones."

Me sonries y te terminas tu Coca Cola. Me empiezas a acariciar el pene, muy suavemente, con mucha ternura hasta despertarlo de nuevo.
Me das un beso muy largo y me dices:
- “Para empezar, vamos a enjuagarlo… voy a por un hielo. Mientras puedes acariciarlo para que se vaya preparando.”

Vuelves con otro lápiz de hielo. Estoy goteando y las gotas se salen de la sonda. Conectas las pilas suaves y sacas la sonda sin pararlas haciéndome gritar.
- “¡Uy! Si no las desconecté…” me dices sonriendo.

Meintroduces el hielo y nuevamente lo detrozas en mi pene que está mas sensible que nunca.
- “Voy a empezar con la pimienta… quiero que la notes y que la sal no tape la sensación”

Espolvoreas la punta del pene y siento como se empieza calentar. Haces un montoncito en el orificio del glande y con la sonda cónica la empujas dentro. La noto en el pene y empiezo a gemir sin parar.
- “¿Quema?... te pondré sal entonces, a lo mejor te alivia.”

Dicho y hecho. Con mucho cuidado empiezas a introducirme sal, una y otra vez. Sigo jadeando y gimiendo. Siento mi pene por dentro como nunca. Está súper sensibilizado. Me sonríes acariciando el pene con mucho cariño y me dices:
- “Ahora viene lo mejor... el toque final del chef”

Te veo agitar el frasco de Tabasco y me estremezco pensado en lo que va a venir. Dejas caer unas gotitas y noto como me quema, me abrasa la punta del pene. Empapas con más Tabasco la sonda cónica y me la introduces repitiendo la operación varias veces, metiendo la sonda cada vez más profundo. Es como si tuviese el interior del pene en carne viva. Estoy gimiendo de continuo, me quema y sin embargo se mantiene la erección. Veo tus ojos brillar de placer y picardía.
- “Me encanta tu mirada de cordero degollado, sin saber si pedir más o no... Pero no temas... aun no he empezado a jugar de verdad”
- "Soy tuyo, no pares por favor"

Coges entonces la sonda de las pilas y al metérmela me haces gritar porque no la habías parado. Me ha salido casi un aullido. Sigues empujándola imperturbable hasta que queda bien colocada.
Me acaricias el pene suavemente y grito cuando subes las pilas y me besas ahogando mis quejidos. Colocas un preservativo para sujetar la sonda y te echas en el sofá a la vez que subes otra vez las pilas:
- “Ven perrito, estoy segura de que me vas comer como nunca. No dejes una gota de semen en mi vagina”

Me vuelco entre tus piernas ávidamente. Gimiendo y comiéndote. Me hacia falta saborearte para aliviarme. Bajas las pilas tarareando “a fuego lento” y me acaricias el pelo suspirando de placer.
Voy notando como mi lengua te despierta de nuevo. Empiezas a tener más flujo, espesito, denso y delicioso. Mi lengua recoge todo lo que me das. Está tan exquisito. Me encanta sentir el placer que te doy. Mientras, mi pene sigue ardiendo, pero las pilas, de algún modo perverso alivian el ardor de la pimienta y el tabasco.

Me dejo llevar por el deseo y voy cada vez más rápido y fuerte con mi lengua, y empiezo a mordisquear tu clítoris. Con un latigazo de corriente me dices:
- “Tsssss, tranquilo, no hay prisa… ¿Vale?”
Otro latigazo se ha unido al vale y me esmero en cumplir tus deseos. No dejo de jadear, cada latigazo me ha hecho gritar casi cortándome la respiración y desde luego son un aviso que me impulsa a cumplir tus deseos a la perfección. Estoy entregado a tu placer. Todo mi ser desea satisfacerte, darte todo el placer que me exijas y más si cabe. Además, la intensidad de tus juegos me hace temer cualquier castigo.

Muy suavemente acaricio tu clítoris con la lengua, apenas lo rozo. Por momentos recorro tus labios mientras un dedo te acaricia el clítoris. Lo hago todo muy despacio, con cuidado y sensualidad. Suspiras de placer y subes las pilas un poco. Sientes el placer invadirte y subir cada vez más.

Mi pene está erecto, duro, a punto de estallar de dolor y de placer. Y yo ya no paro de gimotear dándote cada vez más placer. Cuando ves que se acerca tu orgasmo me retiras y me dices:
- “Uffff, casi me corro. Y antes quiero saborear mi plato…Ya está casi creo, sólo le falta el hervor”

Me haces sentar, y me quitas el preservativo. Entonces veo como empiezas a girar muy lentamente las pilas, subiéndolas. Miras mi pene indiferente a mis gemidos que se incrementan hasta ser una sucesión de gritos y jadeos.
Sé que ahora tengo que correrme, y dentro del dolor empiezo a sentir como sube el placer que sé que es la respuesta que buscas. Casi con desesperación, busco sentir ese placer que está subyacente. Sé que cuanto más tarde, más subirán las pilas. Me dejo llevar por el placer y el orgasmo puede con el dolor, lo sumerge y hace desaparecer mientras eyaculo gritando. Mi semen brota, como un géiser de la sonda. Paras las pilas y empiezas a sorberlo saboreándolo:
- “¡Señor! ¡Qué rico está así!”

No dejas una gota. Me siento orgulloso de mí. Te he dado mi semen como nadie podría hacerlo, y veo cuanto lo disfrutas y saboreas: es maravilloso. Nos damos un larguísimo beso. Al acabar vuelves a poner en marcha las pilas, recubres mi pene con un preservativo y te colocas para que te coma y que esta vez sí te corras…

Veo como te relames y sonriendo me subes las pilas, mirándome intensamente mientras aguanto todos mis gemidos. Tengo el pene en fuego, dolorido y exhausto. La sonda lo mantiene en semi-erección.

Me siento tuyo, soy tu juguete, tu perrito, tu sumiso. Me llena de orgullo que me uses y dés dolor así, sin contemplaciones. Te miro suplicante y me sonríes complaciente:
- “Eres un buen perrito… Y me das mucho placer…”
Me hacia falta oírte, que me dijeras tu satisfacción y que me felicitaras así.
- “Y ahora me vas a dar un orgasmo ¿verdad perrito? Voy a hacer que te esmeres y no me hagas esperar”

Con la mano me acaricias y acercas mi cabeza a tu entrepierna. Siento como las pilas suben de nuevo y empiezo a gemir continuamente. Mi lengua busca tus labios, tu clítoris, y con delicadeza se dedica a excitarte más y darte placer. Me esmero más aun y oigo como sube tu placer, como gimes cada vez más fuerte a la vez que se desatan tus fantasías más perversas y me vas explicando lo que me espera.

Noto como ello te excita, cada vez te mojas más y te sube el placer. Me aplico en llevarte al orgasmo. Empiezas a felicitar a tu perrito y las pilas me dicen que casi estás. Yo ya estoy gritando sin parar de comerte locamente y por fin se unen tus gritos de placer a los míos. Me bajas las pilas y me abrazo a ti. Ha sido maravilloso darte placer de este modo.

No hay palabras para explicar lo que siento. Soy tuyo, me tienes loco de deseo, placer y dolor. Tomas mi entrega y me haces tuyo. Me haces saber que la aceptas, y me tomas y usas a tu antojo, dándome morbo, perversión, placer, dolor… exigiéndome placer y entrega. Mis ojos brillan de felicidad mirándote. Y veo que compartes mi sentir y mis sentimientos. Haciéndome tuyo te entregas a mí también y me devuelves lo que te doy.
CAPITULO SEIS
Un descanso muy especial

Tus ojos brillan felices y me llenan. Me encanta mirarte, verte feliz, sonriente. Y al ver como tus ojos se llenan poco a poco de picardía y morbo haces nacer en mí más deseos de entrega. Veo que aun habrá más y a pesar de mi cansancio, mi miedo y dolor, mi mente y mi corazón ya lo desean.

Tu sonrisa se hace cada vez más patente, mezcla de cariño y ternura junto con placer y perversión. Estoy exhausto, con el pene ardiendo y a pesar de ello soy feliz e increíblemente mi cabeza pide más. Me indicas que me siente junto siente junto a ti. Tus labios se acercan a los míos para un beso lleno de ternura y con tus manos acaricias mi cara. Noto como desbordas de amor en todos tus gestos.

Tu lengua se hace juguetona en mi boca y entiendo que el kit-kat se terminó.
- “¿Te duele mucho el pene verdad? Será cuestión de darle un descanso y curarlo variando los placeres… Te voy a quitar las pilas un rato.”
- "Gracias, la verdad es que será un alivio"

Tras retirarme el preservativo, me sacas la sonda que seguía conectada suavemente y la sensación de corriente es terrible.
- “Tssss, no es nada, ya está ¿ves? Te voy a calmar el dolor con algo de hielo y después descansarás un rato sin pilas”

Vas a la cocina y vuelves con otro hielo. Por su aspecto veo que ese lo tenías reservado y es antiguo… Está todo reseco y astillado. La penetración va a ser sin lugar a dudas intensa en sensaciones. Al ver mi mirada sonríes satisfecha. Lentamente introduces el hielo en mi pene y lo empiezas a girar a la vez que lo empujas. Lo noto hincarse y entrar cada vez más profundo. Cuando lo rompes se me escapa un gemido y aprietas aun más fuerte mi pene haciendo que se me claven los trozos de hielo. Me masturbas así hasta sentir que todo el hielo derritió. Mi pene está semi-erguido y me cuesta mantener la erección.

Te sientas junto a mí y con mucho cariño, me vuelves a besar y acariciar suavemente. Tu mano agarra mi pene y me siento entregado y tuyo. Casi distraída, tu mano va y viene despacio, me acaricia y me apacigua. Mis manos te devuelven la caricia. Paseo una mano en tu entrepierna. Estás muy mojada y me siento orgulloso por despertarte tanto deseo y darte tanto placer.

No sé como, pero a pesar de mi agotamiento, tus caricias empiezan a despertar nuevamente mi deseo. Mientras me besas, noto como tu dedo empieza a juguetear con mi pene. Siento como tu uña empieza a entrar en él rascando y arañando. Como siempre, esa sensación acaba de tensar mi pene.

Lo miras y sonriendo me dices mimosona e irónica:
- “Parece que ya pides más… y hace mucho tiempo que no te meto el dedo de verdad. Creo que ya es hora de que te meta el dedo muy muy adentro. Al fin y al acabo si te entra el hielo… debiera entrar casi todo el dedo ¿no?”
“Te dije que te daría un descanso… pero de pilas, no pienso dejar de jugar contigo hasta que me canse yo. Hazte a la idea de que de un modo u otro… te haré sentir lo mío que eres… y no creo que me apetezca por ahora dejar de jugar con tu dolor. Vas a darme mucho más placer y te voy a dar mucho más dolor. Quiero prepararte bien el pene para la próxima sesión de pilas. Las he gastado mucho y las tendrás al máximo de potencia.”

Te arrodillas frente a mí. Estás preciosa, veo como disfrutas de todo, del momento, de mí, de lo que hacemos, de mi entrega y de tu placer.

Coges la sonda de las pilas y la desconectas. Me la metes en el pene. Estoy tan sensible que noto el menor gesto que haces. Sin embargo estoy intrigado y no entiendo porqué metes la sonda.
La sacas y mides a lo largo de tu meñique el largo que entró en mi pene. Es bastante largo…
- “¿Ahora entiendes amor? Ese es el largo de dedo que va a entrar en tu pene… y no quiero oírte gritar. Si lo haces giraré el dedo para que se te clave la uña.”
- "Lo intentaré... pero está ya muy sensible."

Me derrito de morbo al oírte. Intentaré no gritar. Sé que me va a doler pero casi deseo que cuando hayas metido el dedo dentro, sí lo gires, que me arañes y me hagas gritar. Siempre me encantó que metieras el dedo en el pene y soñaba con que lo intentases meter entero por mucho que me doliera.

Sacas de tu neceser una serie de pinceles que nunca había visto. Está claro que lo tenías planeado. Cada pincel tiene un grosor mayor y entiendo que vas a ir dilatándome progresivamente.
Me introduces el más fino, que es igual de grueso que la sonda, y empiezas a moverlo de arriba abajo como si me estuvieras follando el pene con el. Mi pene empieza a gotear lubricándose.

Pasas al segundo pincel y lo metes sin contemplaciones. Se me escapa un gritito que te hace mirarme con reprobación. Lo sacas y veo como tu dedo con esa uña tan larga y afilada entra removiéndose por dentro arañándome dolorosamente. Aguanto mis gemidos y me premias con una sonrisa y una suave caricia en la mejilla.
Nuevamente metes el pincel y repites la operación. Noto como roza con las zonas por las en que el hielo me hizo cortes. Tengo la sensación de que mi pene va a estallar y me estremezco pensando que queda un pincel más grueso antes de que entre tu dedo casi entero.

Como si leyeras mi mente, cambias el pincel. Lo empiezas a meter lentamente, esperando a veces a que mi pene se acostumbre, a que se vaya ensanchando cada vez más. La sensación es indescriptible. Cuando llegas al largo que habías medido, empiezas a empujarlo un poco más por toques, removiéndolo, metiéndolo y sacándolo muy poco. Empiezas a girarlo en diagonal para ensanchar más y yo empiezo a gemir cada vez más. Siento como si mi pene fuese a estallar.

Lo sacas por fin y mirando mi pene me dices:
- “Está muy claro. Mi dedo puede entrar, este último pincel era un poco más grueso que mi dedo… solo que sin uña… ¡Prepárate que vas a disfrutar de lo lindo!“

Empiezas a rebañar tu dedo con todo lo que gotea de mi pene y una vez lo tienes bien empapado, empiezas a introducirlo. La penetración es más dolorosa que con el pincel. Siento tu uña y el dedo no es liso como el pincel. Estoy jadeando, procuro no gritar. Mis ojos no te quitan la vista de encima. Van de tu cara concentrada en mi pene a tu dedo que veo entrar cada vez más profundamente. Sonríes orgullosa cuando por fin tu dedo alcanza el límite que marcaste.
Lo sacas y nuevamente empiezas a penetrarme igual. Soy tuyo y es hermoso ver tu dedo en mí de ese modo.

Me miras y sonriendo empiezas a mover el dedo doblándolo un poco haciendo que tu uña se clave en mi y empiezas a girarlo lentamente.
- “Te gusta… ¿eh perrito? Te duele pero te gusta...”

Gritando te digo que sí, que me encanta que soy tuyo y no pares, que me uses como quieras, siempre que quieras, que soy feliz así.
Y sin que me lo espere, de pronto eyaculo gritando. Tu dedo tapona mi pene y es como si fuese a explotar. El semen no puede salir porque tu dedo tapona la salida y eso provoca que mi pene siga intentando eyacular sin parar. Mantienes el dedo sintiendo mi pene latir en tu mano como si hubiese cobrado vida independiente. Cuando sacas tu dedo de golpe, el semen sale disparado como si fuese champán y llega hasta tu pecho y tu cara.

Al verlo y sentirlo te tiras a mi y me comes a besos diciéndome que ha sido maravilloso. Reboso de felicidad y placer al oírte. Con todo detalle me explicas tus sensaciones al sentirme gemir de dolor cuando hurgabas en mi y como notaste la explosión de placer cuando eyaculé. Sentiste mi pene hincharse, sabías que tenía el semen a presión bajo tu dedo y te encantó sentirlo sobre ti cuando salio disparado.

Te beso apasionadamente y recojo el semen que tenias en tu cara. Lo compartimos en nuestros besos. Todo está cargado de amor, sensualidad morbo y erotismo. Cuando voy hacer lo mismo con el semen que está sobre tus pechos me paras suavemente y me dices:
- “Tienes quince minutos de reposo total... quiero hacer más hielos, descansar yo también, tomarme una coca cola tranquila y disfrutar de verte así. Después me limpiaras ese semen con las pilas puestas y seguiré jugando contigo, aun tengo muchas ideas para ti... Vas a disfrutar de lo lindo: Vamos a insistir donde ya te duele.”

Disfrutamos los dos de esa pausa. Me sirves una cerveza y nos recuperamos tranquilamente hablando y comentando lo intenso y hermoso de lo que compartimos. La conversación hace que a pesar del descanso el morbo y el deseo no decaigan sino todo lo contrario. Hay mucha paz y sosiego. No dejo de sonreír y veo tus ojos brillar de amor y felicidad. Me has descubierto esos placeres. Siento una curiosidad insaciable sobre como te sientes, como lo vives, como y cuanto lo disfrutas. Y entiendo que te has desmelenado, me haces llegar cuanto lo estas gozando, que también es parte de tus deseos y placeres, que lo que siento está a la altura de lo que tu disfrutas.
CAPITULO SIETE
"Title?"

Pasa el tiempo, me levanto para ir a hacer pis, y entonces me sonríes con ternura antes decirme muy suavemente:
- “¿Sabes? Te prohíbo hacer pis sin mi permiso... "
- "No sé si aguantaré... ¿Qué hago entonces?"
- "Tu veras...pero si te no te aguantas perrito, el castigo será terrible."

Miras tu vaso y me dices:
- “Ya me terminé la coca y han pasado bastante más de quince minutos ¿sabes?"
"Ponte las pilas amor mío, voy a jugar contigo y me vas a dar todavía más placer. Y ya sabes que mi placer lo vas a sentir tú también...”


Me miras sonriente mientras me pongo las pilas. Meto la sonda con mucho cuidado. Tengo el pene muy sensible y no puedo evitar gemir al introducirla. Te miro y veo deseo en tus ojos. Me señalas el preservativo con un gesto y sin decir nada obedezco y me lo pongo. Te entrego el mando, y espero entregado a tus deseos.

Las pones en marcha y empiezas a subir la corriente. Lentamente tu mano gira el botón. Gimiendo veo como no paras de girar hasta que me arrodillo ante ti. Tu sonrisa me hace feliz.
- “Mejor échate y abre la boca porque voy a hacer pis.”

Enseguida estás sobre mí y sin esperar empiezas a orinar a la vez que noto como suben más aun las pilas. Te voy saboreando a pesar de las descargas en mi pene. Me encantas, estás deliciosa.

Cuando acabas empiezas a frotar tu vulva en mi cara para acabar de secarte. Mi lengua acompaña como puede y me aplico en limpiarte mientras juegas subiendo y bajando las pilas sin control.
Noto como estás empezando a mojarte mucho, parece que te está subiendo la excitación. Te incorporas y mirándome de pie me subes las pilas y me dices:
- “El parquet... otra vez lo has vuelto a dejar perdido”

Al mirar el charco, me siento tuyo a la vez que culpable por no ser capaz de beberte como es debido. Jugando, los latigazos de corriente ya son tremendos, y me has hecho sentir que no te tiembla la mano, así que más que nunca, temo el castigo que sé que habrá.
Mientras empiezo a limpiarlo con mi lengua, me subes las pilas muy fuertes, y me explicas que tengo que aprender, y que en adelante, me castigarás con las pilas aun más fuerte para que te beba toda y no ensucie: Ya no quieres perder más tiempo viéndome limpiar el piso. Y además, de algún modo, echar a perder lo que tú me das es inaceptable. Me subes más aun las pilas y acabo de limpiarlo sin que me las bajes.

Después, bajas un poco las pilas, me acaricias el pelo y me haces levantar. Coges los dos neceseres, me das el mando de las pilas y me llevas cogido del pene hasta el dormitorio.
- “Con tanta sonda... hemos desperdiciado muchas posibilidades de las pilas... y vas a descubrir sensaciones diferentes Carlos. Me vas a penetrar con las pilas... Ya verás como lo disfrutamos”

Me encanta cuando me llevas así del pene. Me siento tan tuyo. Si supieras cuanto amor me despiertas... Necesito entregarme a ti y que me tomes. Que me uses y disfrutes sin límite. Lo estás haciendo y es maravilloso.

Siguiendo tus ordenes, me echo en la cama boca arriba y me quitas el preservativo. Sacas la sonda y grito porque otra vez no sé si por olvido o a propósito la quitaste sin apagarla. En mi neceser empiezas a rebuscar y sacas una de las anillas de goma grandes. Le insertas otro contacto y me la colocas en el escroto en la base de los testículos.

Suavemente empiezas a acariciarme y masturbarme. Siento tu boca darme placer y amor. Te acercas de modo que mis manos pueden acariciarte también. Y como siempre nada más siento tu entrepierna gotear deseo mi pene se pone rígido. Te incorporas y me sonríes feliz. Creo que nadie te desea tanto como yo. Eres única y soy feliz de ofrecerme a ti, soy feliz que me aceptes y me tomes.

Apagas las pilas y enchufas la anilla que añadiste. Poco a poco vas subiendo la corriente hasta que empiezo a gemir y jadear despacio. Estoy tenso, con ganas de orinar y no sé como decírtelo. Además siento la corriente recorrerme de los testiculos a la anilla del pene.
Entonces te colocas encima de mí y me cabalgas. Empiezas a subir y bajar, dándonos placer. Los dos gemimos y jadeamos a la par.

Te paras haciendo que entre muy profundo y me coges sonriendo los pezones. Tus uñas se clavan y empiezan a girar hasta que grito. Me sueltas y cogiendo el mando me dices:
- “Es una sensación increíble, tenerte tan adentro y poder hacerte gemir... o gritar... a mi antojo, mientras siento lo duro y enorme que estás en mi.”

Al mismo tiempo que me lo decías me subiste la pila para hacerme gemir cuando lo dijiste y me soltaste una descarga tremenda cuando quisiste que gritara. Soy tu juguete y me usas a tu antojo.
- “Ahora me voy a colocar yo debajo y quiero correrme así, disfrutando de tu buen hacer. No quiero que te corras... lo harás después porque quiero sentir como te corres así. Y espero que me llenes porque también me tendrás que limpiar.”
- "Gracias... no sabes cuando deseaba penetrarte de nuevo"

Te sales y echas en la cama. Te penetro lentamente y mientras me subes la pila al ritmo de mi penetración. Es hermoso. Empiezo a clavarme en ti y moverme lo mejor que sé. Quiero darte todo el placer del mundo. Quiero que te sientas amada, deseada y colmarte. No paras de gemir y hacerme gemir. Cuando me dices casi gritando que me clave hasta el fondo fuerte me subes la pila y gritando empiezo a salir casi entero para entrar hasta el fondo cada vez más rápido.
Tu orgasmo no se hace esperar y me parece que es largísimo. Posiblemente sea una sucesión de orgasmos como acostumbras. Me cuesta no correrme a la par. Por suerte estás subiendo y bajando las pilas sin control haciéndome gritar tanto como tú.

Cuando acaba tu orgasmo me dejo caer sobre ti y bajas las pilas. Nuestro amor desborda en los besos abrazos y caricias que nos damos. Estoy rendido, inerte sobre ti.
Pero al cabo de un momento así... empiezas a subir las pilas y me empiezo a mover. Me dices entonces que quieres que te penetre el ano así. Me ha llegado el turno. Alternas descargas fuertes y suaves, haciéndome gritar y gemir sucesivamente. Veo como disfrutas controlar mis sensaciones. Me excita tremendamente estar así entre tus manos.

- “Vamos, perrito, córrete... lléname otra vez...”
- "Por favor, dame tiempo... es muy dificil así"
No contestas pero las descargas son cada vez más intensas sin que necesites ordenar de nuevo. Y mi placer se ha disparado a la par que el dolor. Siento venir el orgasmo aunque me cuesta mucho no estar tenso: el no haber podido hacer pis me lo impide... tú también lo notas y decides hacerlo más intenso aun con las pilas y con tus palabras:
- “Venga córrete... más tarde repetirás así... pero con un lápiz en el pene...”

Sabes que tus palabras me excitan y ayudan. Solo de pensarlo y sintiendo como suben las pilas me corro gritando. Es un orgasmo largísimo, parece como si no pudiese parar de eyacular. Me estoy vaciando, creo que jamás eyaculé durante tanto tiempo seguido. Grito sin parar y veo como tú también tienes de nuevo un orgasmo.

Casi sin aliento me suspiras parando las pilas:
- “Muy bien Carlos, eres un perrito maravilloso”

Cada vez que me felicitas así, me llenas de orgullo y felicidad. Me abrazo a ti y te como a besos. Pero no me das descanso:
- “Ahora quiero que te concentres y hagas pis... Lléname bien perrito porque vas a tener que limpiarme después”

Intento relajarme y me concentro. Es dificilísimo. Noto como conectaste las pilas suavemente. Sé que es un aviso... que más me vale hacerlo y ya. Por fin lo consigo y despacio voy vaciándome en ti. Te oigo gemir de placer con la sensación. Poco a poco mi pene va perdiendo la erección. El poder orinar es un alivio tremendo, y hacerlo así lo carga de perversión porque sé que tendré que beberlo de tu ano después. Pero de pronto, me dices que pare y me aguante. Te sales y veo como algo de mi orina se escapa entre tus nalgas.

Te incorporas y con mucho amor me introduces la sonda en el pene. Me duele el tener que contener el pis que no me dejaste terminar. Conectas las pilas y pones un preservativo encima. No has dicho una palabra pero todos tus gestos están cargados de ternura a la vez que determinación. Me siento derretir de amor por ti. Mi entrega es completa y estoy expectante sin saber que harás ahora.

Siento cómo sube la corriente hasta el nivel que buscabas... lo ves en mi cara y lo oyes. Creo que además ya tienes medido el nivel de corriente que me tienes que dar según como quieres que lo sienta. Nos vamos así al salón y me señalas mi cuenco. Me estoy aguantando el pis y cada vez es más difícil contenerme.
- “Bebe un poco amor mío, te lo has ganado...”
- "Por favor... dejame terminar, no me aguanto" te suplico.

Me señalas el cuenco sonriendo y empiezo a beber. Cada vez queda menos y lo ves. Me dices entonces que coja el cuenco y lo agite bien para que el poso se mezcle bien y me lo beba todo como de un vaso.
Mientras estoy removiéndolo me subes las pilas. No sé si quieres que siga mezclándolo o beba ya y aguanto gimiendo mientras sigues subiendo las pilas. Siento pánico porque cada vez me es más difícil aguantarme y mucho me temo que me voy a orinar encima.
Creo que lo ves y lo sabes. Estás disfrutando conmigo entregado y a tu merced. Sonriendo, me miras resistir. Te veo, hermosa, guapa, dominadora, llena de perversión llena de mi y exigiéndome más. Y me siento tuyo. Bajas las pilas y tras una seña tuya empiezo a beber y me lo termino todo. Me gusta el sabor, es muy fuerte, está frío y eso le da más cuerpo.

Con una fuerte descarga me dices que limpie el cuenco. Mi lengua no deja gota en el, pero ya no consigo aguantarme y vemos como se me escapa el pis que me quedaba. Inmediatamente me subes las pilas, brutalmente. Grito sin poder contenerme y la orina que sigue escapándose aumenta la sensación de la corriente. Estoy a cuatro patas en medio del charco de mi pis y mis ojos se vuelven a ti temerosos: sé que me vas a castigar.
- “Parece que mi perrito no se sabe aguantar ¿eh? Pero yo te voy a enseñar... Quédate así y no te muevas”

Empiezas a subir la corriente, lentamente pero inexorable. Siento como me sube la descarga, de modo continuo y tras gemir empiezo a jadear del dolor. Procuro no moverme porque sé que entonces me ganaría una brutal descarga. No te detienes y el dolor es cada vez mas intenso casi insoportable. Me tiemblan las piernas pero en tu mirada veo que no cederás. Me mantienes así hasta que por fin paras las pilas. Tu mirada fija hacia el charco que hice me indica lo que he de hacer ahora.
Sin que tengas que decir nada, recojo mi pis gimiendo por las descargas que me das de nuevo. Cuando termino de limpiar el piso me acaricias satisfecha bajándome las pilas.
- “Tengo semen y orina goteando del ano perrito, échate que vas a limpiarme, te va a encantar... ¿No quieres limpiar a tu ama, perrito?”

Al decirlo, me acaricias el pelo con ternura y te miro con una entrega increíble.
Me tiendo en el suelo boca arriba y te colocas de cuclillas sobre mi boca. Apenas introduzco mi lengua en tu ano que siento como se derrama mi pis. Como puedo lo voy bebiendo a la vez que sigo limpiándote.
- “Y en cuanto acabes dímelo... porque quiero entonces ponerte tabasco y dejarte las pilas al máximo el tiempo que aguantes o... el que yo decida. Creo que me masturbaré viéndote gemir y gritar.”

Cuidadosamente empiezo a limpiarte. Mi lengua te recorre toda desde el ano hasta el clítoris. Me esmero en recogerlo todo en tus labios, en tu vagina y en tu ano. No puedes evitar empezar a contonearte. Tus manos se posan en mi cabeza, guiándome y comunicándome tu placer. Las pilas laten suavemente, diciendo que están ahí pero que lo importante es hacerlo bien. Me oyes beber con fruición el pis que va manando de tu ano y suspiras de gusto.

Sabes a placer. Es un manjar de dioses y lo comparto contigo en un beso. Tras ese largo beso, empiezo a sorber de rodillas el pis que se derramó en el suelo. Al verlo sonríes, nos llena de morbo saber que estoy recogiendo tu orina reciclada por mi después de habértela entregado. Después me haces sentar y te arrodillas ante mí. Me quitas el preservativo y la sonda. Me estremezco cuando la sacas y sonríes. Con mucho amor me acaricias el pene, masturbándome despacio como solo tú sabes.
Lo tengo muy sensible, y de cuando en cuando aprietas tu mano, ahí donde sabes que más roces tengo por dentro, haciéndome gemir. Me sonríes y me dices:
- “Lo siento, no puedo resistirlo... me apetece mucho.”

Con el pene bien sujeto en una mano, empiezas a meterme tu dedo meñique otra vez. Esta vez no lo tengo dilatado como antes con los pinceles y te cuesta más meterlo.
Lo noto mucho más y mis gemidos te hacen mirarme sonriendo. En tus ojos veo un amor indecible.

Sin apartar tus ojos de los míos, noto como inexorablemente prosigues tu penetración. Estoy gimiendo y me dices:
- “Te va a doler... no grites demasiado. O si quieres, hazlo para que lo repita una y otra vez hasta que no grites”

Siento tu uña rozarme porque doblas el dedo. Lentamente sacas tu dedo así, arañándome por dentro. No puedo evitarlo y mis gemidos suben. No sé si grité pero vuelves a meter el dedo.
- “lo has hecho muy bien amor, pero... quiero repetir. ¿No te importa verdad?”

Veo una excitación tremenda en tus ojos. Otra vez me arañas por dentro. Tu uña es como una cuchilla al rojo vivo que me recorre por dentro. Vas removiendo y girando el dedo para que sienta tu uña. Me da un dolor terrible y un placer no menos intenso. Tengo el pene que va a estallar, no sé si de placer o de dolor. Lo que sí es seguro es que soy feliz... y te lo digo.

Coges la sal y empiezas a llenarme el pene. Ahora la empujas con tu dedo que ya entra fácilmente. No paro de gemir al sentir como me escuece la sal. Y cada vez sacas el dedo con la uña rozándome por dentro. Te levantas y te vas a la cocina. Traes el hielo que preparaste antes. Es tan largo... y sé que entrará todo.
Metódicamente lo introduces y haces añicos. Esta vez sí he gritado.
- “Quería que lo tuvieras muy sensible antes de llenarte de tabasco y... una sorpresa más. Te voy a poner mucho cielo”

Espolvoreas el orificio del pene con pimienta haciendo un montoncito que me quema. La empujas hacia dentro y jadeo sin parar. Después coges el tabasco y empiezas a verterlo. Ya me abrasa. Llenas el orifico y empujas el tabasco adentro con un pincel. Una y otra vez repites la operación cada vez mas profundo indiferente a mis quejidos. Me acaricias el pene y te incorporas para besarme. Te vas y vuelves con un frasco de Reflex. Siento pavor y al verlo te ríes socarrona:
- “Te vas a enterar... Mi pobre perrito va a aullar mientras me corro de placer masturbándome... creo que me vas a suplicar que te ponga las pilas al máximo para no sentirlo.”

Y entonces coges la sonda y la rocías por dentro y por fuera hasta que gotea Reflex. Sonriendo la introduces en mi pene haciéndome gritar.
- “Me encanta ponértela y quitártela en marcha... no falla”

Lentamente la sacas, mirándome. Ya empiezo a sentir el Reflex, y es terrible. Tu mano me acaricia la mejilla y en tus ojos veo una maravillosa mezcla de ternura, perversión, curiosidad y determinación. Nuevamente rocías la sonda con más Reflex y me la vuelves a meter. Me das un beso muy suave, y tras agitar el spray, me pones Reflex sobre todo el glande, por fuera.
Tengo el pene en fuego, y gimiendo te suplico que por favor me subas las pilas. Es indescriptible y empiezo a gemir casi con lágrimas en los ojos. Me subes un poco mas las pilas.
- “Aguanta, aun no terminé... te va a doler aun más. Y quiero que lo sientas pensando que esto que sientes solo es el punto de partida de lo que te haré esta noche”

Entonces empiezas a llenar la jeringuilla con tabasco, y ajustándola al orificio de la sonda, la vacías en mi pene y me recubres el pene con un preservativo. Tengo la impresión de que solo siento el pene y ya no sé que es, si ardor, hielo, corriente, dolor o placer. De lo que no hay duda es que soy tuyo. Completamente tuyo.
Te incorporas y tras besarme con una ternura increíble, me susurras al oído subiéndome las pilas:
- “No olvides que te amo. Eres solo mío, y ahora lo vamos a disfrutar”

Te sientas en el otro sofá y te abres de piernas. Coges los consoladores de tu neceser y empiezas a jugar con ellos dándote placer mirándome. De cuando en cuando subes la pila un poco más y la dejas estar. Entiendo que no las vas a bajar... y eso me sube la excitación y el placer a pesar del dolor y el ardor del tabasco y del Reflex.

Eres hermosa. Es maravilloso estar así junto a ti. Lascivamente te penetras con el consolador. Te lo llevas a la boca y vuelves a introducírtelo con una sensualidad tremenda. Es todo muy erótico.

- “¿Te gusta mirarme Carlos?”
Tu voz está cargada de morbo, perversión y deseo. Sé que esperas mi respuesta, y que esta llevará premio. Con un gemido te contesto que me encanta y sonriendo subes más la pila. Apoyas el otro consolador en tu clítoris y al ponerlo en marcha empiezas a gemir.
- “¡Oh, qué placer!”
Y me subes otra vez la pila, bastante me parece... grito mientras prosigues tu masturbación. Estás empapada de deseo. Lo veo desde mi sitio. Y yo ya no paro de jadear y gemir. El tabasco me abrasa por dentro. El reflex lo noto como por dentro y por fuera a la vez. Es terrible y siento mi pene como nunca, pero la sensación de que eso no va a echarte atrás es maravillosa. Siento que no importa si me duele ni cuanto me duele. Lo importante es que estoy entregado para tu placer y que los dos disfrutamos con ello.

Subes más la pila haciéndome gritar hasta que se me acostumbra el pene. Están muy fuertes y aguanto como puedo sin parar de gemir. Mientras, sigues disfrutando, dándote placer indiferente a mis gemidos y regalándote la vista viéndome así.

Tu erotismo y tu amor hacen que me entregue por completo a ti.
- “Las tienes al máximo... sabia que así lo aguantarías. Después habrá que cambiar la pila. Y ya veremos lo que aguantas entonces.”

No te quito la vista de encima. Estás preciosa. Me estás mirando gemir y gritar para ti, para tu placer, porque soy tuyo. Veo como de verdad estás disfrutando cada instante, cada gesto mío. Es maravilloso. Estoy entregado, me siento tuyo. El dolor es continuo y tremendo, pero es poco precio por verte gozarme así. Y el placer y amor que siento lo compensan con creces.

Empiezas a gritar. Te viene un orgasmo y te corres con los dos consoladores. Recuperas tu aliento y veo como te vas reponiendo, mirándome gemir y aguantar la pila. Me sonríes y bajas la pila. Recupero mi aliento jadeando cuando de pronto vuelves a subir la pila. Grito pero me sonríes y aguanto. La vuelves a bajar y me dices irónicamente:
- “Pobriño... ¿te duele?”

Asiento gimiendo y me contestas con una sonrisa:
- “De eso se trata... de que te duela mucho. No sabes cuanto lo siento”

Al decirlo vuelves a subir la pila. No dejas de sonreírme y te levantas para irte a la cocina. Al volver te sientas cómodamente y me sonríes al bajar las pilas. Sin quitarme la vista te abres la Coca Cola que trajiste, subes las pilas brutalmente y empiezas a bebértela tranquilamente sin que yo deje de gemir y gritar. Estoy entregado a ti. Sentado frente a ti te ofrezco mis gritos y gemidos. No aparto mis ojos de ti, mis ojos te suplican. Jadeo pendiente de tu mano que decide cuando bajar y cuando subir mi dolor. Entre sorbo y sorbo de Coca cola, sin regla que pueda entender, me bajas mucho la pila para después y sin que pueda prever cuando, subirla de golpe al máximo dándome una descarga que me hace gritar y dejándome gemir mientras me sonríes y saboreas tu bebida. Creo que va a durar lo que bebas tu coca cola, y me tienes en vilo. Te veo disfrutar tu coca cola, jugando así conmigo. Es bonito, me siento tuyo, te pertenezco... lo deseaba y así ha de ser.

Me dibujas un beso a distancia y apagas la pila. Tras quitarme la sonda me abrazas y besas con muchísimo amor y dices:
- “Necesito un descanso y tú también. Vamos a cenar. A la vuelta... me beberás y te prepararé. Quiero que tengas el pene todavía más sensible y recién dolorido para que me penetres por detrás, con pila nueva y un lápiz dentro. Y... después... ya verás que una noche puede ser muy muy larga. No pienses que te daré tantos descansos. Hasta ahora solo era un aperitivo y esta noche viene el plato fuerte. Y además, tal como tienes ya el pene, estarás de lo más receptivo. Te prometo que todo lo que pudiste soñar es poco en comparación con lo que te espera... Tu pene te va a recordar durante días lo mío que eres. Serás mi perrito, mi vater, y también mi Carlos pero te voy a dar muchísimo más dolor aun, con mucho amor, pero sin piedad. Y tú, perrito, me tendrás que dar mucho más placer. Te voy a poner el listón muy alto.”

FIN

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