La Ventana  

ladiabla6969 61F
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7/21/2006 1:45 pm

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11/4/2006 11:59 pm

La Ventana


Buscando el encendedor encima de la mesa del salón, me di cuenta que estaba siendo observada a través de la ventana. Vivo en un cuarto piso, por lo que la persona que me miraba solo podía ser algún vecino, y ello despertó mi curiosidad, de modo que me quedé mirando aquella silueta que, de espaldas a la luz y en lo que parecía ser una cocina, no me permitía ver ni el más mínimo rasgo de su cara pero sí apreciar que debía tratarse de un hombre joven.

De alguna manera y a través del espacio, nuestras miradas debieron cruzarse, porque ambos nos quedamos inmóviles, atraídos de ventana a ventana, hasta que una mujer, que supongo debía ser la suya, le cogió por la cintura de forma cariñosa, sin darse cuenta de que su marido me estaba mirando.

Es una costumbre muy mía el pasearme por la casa, medio o totalmente desnuda, sobre todo por las noches, después de ducharme. Me encanta relajarme y sentirme sin ataduras, de modo que casi con seguridad, aquel hombre, ya me habría visto desnuda más de una vez.

La noche siguiente fui a oscuras en busca de su ventana. Allí estaba, inmóvil, mirando hacia mi casa y como esperando verme aparecer.

Seducida por saberme observada con tanta devoción y queriendo jugar a provocarle, encendí las luces al tiempo que me quitaba el sostén y me movía ignorando la intensidad de su mirada. Sin embargo, me preocupaba el no ver su cara; era necesario identificar a este admirador solitario.

Suponía fuese normal y corriente, el típico recién casado y que después sería buen padre de familia y marido cumplidor, fantaseando a través de revistas pornográficas y programas de televisión, no aptos para menores de 18 años.

Con todo, esta situación me excitaba enormemente y, en la mañana del siguiente día, antes de irme a trabajar, miré hacia su ventana y vi su cara, de la misma manera que él veía la mía. Desde ese momento sabríamos reconocernos.

Lamenté un poco el haber descubierto el misterio de su cara pero mi curiosidad había sido más fuerte y, lo que había visto, me gustaba.

Por la noche volvía a la ventana, segura de encontrarlo. Esperaba inquieto, mirando fijamente en mi dirección. Yo sabía lo que esperaba de mí, ambos lo teníamos claro, pero la aparición de su mujer, a su lado, cortó la raíz de nuestro diálogo mudo. Lo aprovecharía para ponerme cómoda, comer un sándwich y tomar mi ducha. Aquel había sido un largo y pesado día en la oficina.

Después de la ducha, con solo la braga y el sostén puestos, me fui de nuevo a la ventana. No había luz en su casa, pero al poco rato pude observar una sombra que se movía. Pensé que su mujer estaría cerca y no quería ser visto.

Avanzó hacia la luz y, me sorprendió al hacerme un gesto, imitando con sus manos a una persona que habla por teléfono. Comprendí quería hablar conmigo y, se me ocurrió escribir mi número, con grandes caracteres, lo que hice sin tardar ni un segundo.

Un instante después me llamó dándome instrucciones. Quería ver mi cuerpo lo más posible. Me dijo lo que esperaba de mí y, bajo su dirección, seguí, paso a paso, cada uno de sus deseos.

- Quítate el sostén y ponte de perfil. Acaríciate los pechos, dime que te gusta mi voz y te excita el saber y pensar que te miro y te deseo.

- Mastúrbate lentamente el clítoris y, con la otra mano, no dejes de acariciarte el pecho. Me gusta, tienes un cuerpo precioso que quiero recorrer con mi lengua, besarte entera...

Nunca había imaginado una situación parecida y que pudiera llevarme a aquel estado de excitación. Llegué al orgasmo solo con obedecer sus instrucciones y, cuando lo tuve, me quedé pegada con la boca, a los cristales de la ventana, como abrazando el cristal que me separaba de él.

Al mirarle, ví que él también se había masturbado mientras yo lo hacía, y terminó, diciéndome por el teléfono que yo era una extraordinaria amante, pero que su miembro estaba pidiendo con urgencia estar protegido dentro de mi cuerpo.

Mañana hablaremos, le contesté, y apagué la luz. De momento, pensé, no deseo tener un cuerpo a cuerpo; prefería seguir siendo deseada a través de mi ventana.

Al entrar en casa, la noche siguiente, mi teléfono sonaba, era él. Me pidió ponerme ropa interior de color negro y recogerme el pelo hacia atrás.

- Dime que tienes ganas de que te monte, me dijo.

Contesté que sí, pero más tarde, prometiendo organizar nuestro encuentro de forma discreta y en mi casa.

- Ahora junta tus manos detrás de la nuca, me pide. Muévete y estírate como una gata, para pueda contemplar lo bonita que eres.

Dejé el teléfono y me puse a ejecutar el show que me pedía y que, cada día me resultaba más fácil. Le ofrecí mis senos pegados al cristal de la ventana, me quité la braga, tirándola como si él pudiera recogerla, seguí acariciándome pechos y sexo, subiendo una pierna para que pudiera ver cómo me acariciaba, echando mi cabeza hacia atrás para demostrarle que estaba superexcitada.

Cerré la persiana, mi número había terminado por esa noche.

Al día siguiente cargada con mis compras, intentaba encontrar las llaves de mi casa, cuando una voz me sorprendió diciéndome: ¿Quieres que te ayude?. Nos miramos fijamente a las caras, y él continuó, - necesito estar contigo.

Le dije que me ayudase a subir las compras, cosa que hizo con una sonrisa de agradecimiento.

Al entrar, busca con la mirada la ventana donde, cada noche, se hacían realidad nuestras fantasías. No se acercó a ella, para no ser visto.

Me pregunta mi nombre, yo el suyo.

- Eres más bonita de lo que imaginaba. Espero que yo no te decepcione..

A decir verdad, no era en absoluto un hombre por el que me hubiera dado la vuelta, en la calle, para mirarlo; pero las circunstancias nos habían hecho cómplices.

Me acerqué a él con la mirada fija en sus ojos, sus brazos me inmovilizaron para apretarme contra él y llenarme la cara de besos. Sus manos recorrían mi cuerpo, estaba verdaderamente emocionado.

Le llevé hasta el sofá preguntándole si deseaba tomar algo. Me contestó que no, que todo lo que deseaba era llenarse los ojos hasta el más mínimo rincón de mi cuerpo.

Comencé a quitarme la ropa, haciéndolo muy lentamente, hasta quedarme solamente con el sostén y la braga. Le pregunté si le gustaba.

- Me estás volviendo loco, contestó.

Me arrodillé delante de él y le pedí me acariciase. Me quitó el sostén y su boca ansiosa besó mis senos, uno detrás de otro. Le fui desnudando hasta quedar ambos, de pié, sin trabas entre nosotros, y sin parar de acariciarnos hasta caer sobre el sofá.

Tu mujer no te hace estas cosas, le pregunté.

- No, ella no tiene el talento necesario para volverme loco como tu lo haces, y ahora no puedo estar sin verte, aunque solo sea en la ventana.

Se arrodilló ante mí, mirándome fijamente, mientras sus dedos tecleaban cada curva y cada ángulo de mi cuerpo. Se adueño de mis pechos y, sin parar de besarlos, acariciaba insaciable mi sexo. Se puso encima mío abriendo mis piernas y entró en mí hasta lo más profundo, con movimientos rápidos, potentes, que me hicieron llegar al orgasmo con una rapidez vertiginosa.

Lo disfruté plenamente y él no tardó nada en seguirme.

Meses después, al regresar de unas cortas vacaciones, él solo pudo ver, a través de la ventana, la imagen de una mujer anciana. Ella se había marchado.

rm_rockator01 56M

11/4/2006 7:15 am

Me extraña mucho que esta historia no haya tenido ninguna contestación hasta ahora.

La he leído con mucho gusto, y he disfrutado con ese juego de ventanas, mensajes y miradas en la distancia. Me ha parecido muy interesante porque despierta en el lector su propio sentido del voyeurismo. Me he visto asomándome a esa ventana, recogiendo los números escritos sobre el cristal, excitándome con la perspectiva de ese encuentro.

Esas instrucciones trasmitidas por el teléfono mientras con la vista observas las acciones, son impactantes.

En serio, me has levantado... la moral

Muy buena historia.


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