Un deseo largamente retenido  

adoroavenus 58M
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5/11/2006 7:28 am

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12/3/2006 2:29 pm

Un deseo largamente retenido


Éste fue un encuentro casual. Bueno, ella pensaba que casual. La verdad es que deseaba verla. Tanto o más como la deseo a ella. Así que, me hice el encontradizo a la salida de su trabajo. La alegría de verla no fue fingida. Tras lo besos de saludo (besos que, dicho sea de paso, me enervaron) le propuse ir a tomar un alguito. Era en torno a las nueve de la noche y aunque hacía agradable, de vez en cuando se notaba cierto frío en el ambiente. A pesar de él, nos sentamos en una de las terrazas que abundan en la zona. Ella quiso tomar un vodka con limón y yo un cubata. Los dos íbamos informalmente vestidos. Ambos de vaqueros, acompañados de una camisa yo y de una camiseta ella. Estaba radiantemente bella. Siempre lo está.
Hablamos de muchas cosas, de la alegría de vernos después de haber tardado tanto sin hacerlo. Las copas se vaciaron rápidamente y pedimos más.
No dejaba de mirarla a los ojos. Siempre eme han ejercido una atracción importante. Aunque, he de reconocer, que desviaba mucho la vista hacia sus pecho. A veces me parecía que tenía los pezones erectos pero pensé que se confundía mis deseos con la realidad. ¡Cuánto deseaba disfrutarlos entre mis labios!
La conversación pasó de amigos comunes y charlas vanas a temas más personales. En ellos vino la tercera copa y, con ella, le confesé que el encuentro no había sido casual. Quería que lo supiera, pero no sé si me lo hice animado por las copas. Creo que no, pero aún me lo pregunto. Lo cierto es que hizo que se me dibujara una amplia sonrisa de satisfacción porque me dijo que se alegraba de que lo hubiera hecho, que ella también deseaba mucho verme y que incluso había estado tentada de llamarme pero que siempre se había arrepentido en el último momento por si era inoportuna. Por supuesto que no!, le dije mientras la miraba a sus ojos y eso fue disculpa para acercarme a ella y darle un ligero beso en los labios. Ese beso fue detonante de querer ir a mi casa, no hizo falta que se lo dijera. Llamó al camarero para pedirle la cuenta. Éste, extrañado porque las copas estaban casi llenas, nos preguntó si les ocurría algo. Le dijimos que ya no nos apetecía beber más y pagué la cuenta. La tomé de la mano para invitarla a levantar y nos encaminamos a tomar un taxi que nos llevaría a mi casa. No hablábamos por el camino. Ella no sé, pero yo pensando que iba a estar entre mis brazos. Por fin llegamos, el camino esta vez fue mucho más largo que de costumbre… o eso me pareció.
Con cierto nerviosismo, la invité a tomar algo pero, igual que yo, sólo quería tomar agua. Se la serví con una cereza congelada y unas rodajas de limón. Una vez saciamos nuestra sed, no pude esperar más y la besé largamente, tomando su cara con mis manos. El beso fue cálido y tierno pero logró que mi excitación fuera aumentando. De sus labios paseé hasta sus orejas, deseaba besar su lóbulo. Deseaba saborear su lóbulo con la punta de mi lengua y con mis labios. Mientras, mis brazos, tornados en garras que la sujetaban con firmeza, la abrazaban como deseando no perder aquel momento que se volvía más intenso por momentos. Su lóbulo sólo fue abandonado para recorrer sus ojos y besar su contorno. Veía sus ojos con mis labios. Las manos, temblorosas, deseaban desabrochar su camisa hasta liberar un cuerpo que me era cada vez más deseado.
Una vez abierta, me mostró la hermosa visión de un pecho encajado en un sujetador que dejaba su canalillo a mis ojos. No quería correr. Así que acaricié su espalda mientras besaba su cuello. Ella deslizó sus manos por dentro de i camisa y debió notar la dureza de mi miembro porque la abandonó para dirigirse al cinto de mi pantalón y desabrocharlo, dejándolo caer. Me separó u poco para desabrocharse el suyo… a lo que la ayudé. Ambos en ropa interior nos dirigimos a la cama, donde terminamos de desvestirnos. Ahora veía que la erección de sus pezones no era una ficción mía como yo había creído antes. Tenía un pecho hermoso, con una areola grande coronada por un pezón muy erecto. El color se me antojaba de un delicioso marrón claro, muy ligero. A juego con su piel y con… sus ojos.
Me separé un poco de ella para contemplar tal belleza. Lo hacía extasiado, imaginando esos bellos pechos acariciados por mí; imaginando como me acariciaban ellos. Los cogí entre mis manos y recorrí su contorno haciendo mi paseo hacia su pezón lo más largo posible. Deseaba disfrutar de aquel hermoso pecho, de eternizar ese momento sublime. Lo recorría ora con la yema de los dedos ora con su revés. Me acercaba para besarlo y me alejaba para contemplarlo. Cuando me alejaba eran mis manos quienes se posicionaban en él y, con los ojos cerrados, disfrutar de la suavidad de su piel. En mis alejamientos contemplaba su cuerpo. Un cuerpo, todavía enfundado en unas braguitas que ligeramente tapaban el paraíso en el que quería residir. Me alejé un poco más para podérselas quitar… despacio para ir descubriendo un pubis limpiamente depilado del que sobresalían unos labios que me llamaban a besarlos. Pero no. Primero quería disfrutar de la suavidad de su piel, recorriendo sus piernas con la punta de mis dedos, en un viaje que hacía lentamente, disfrutando de su sonrisa complaciente. Le gustaba ser acariciada. Le gustaba que todo su cuerpo se convirtiera en una fuente de la que manaba, poco a poco, un placer que la iba volviendo cada vez más agitada.
Mis dedos tocaban con suavidad sus pantorrillas, las rodeaban para llegar a su corva desde la que subían hasta los muslos. Primero por su exterior, a lo largo. Desde las rodillas subían hasta su cadera y cruzaban el trecho hasta su ombligo, abriendo paso a unos labios cada vez más ansiosos de besarlo. Me agaché lentamente hacia su ombligo, para introducir mi lengua en aquel lago seco y dejar que mis manos bajaran hasta el interior de sus muslos. Notaba como su piel se erizaba a mi contacto, al levantar la cabeza vi. su boca entreabierta y sus brazos tendidos hacia mí. Me acercaron hacia ella y con su lengua recorrió mis labios, los acariciaba al tiempo que los humedecía. Me dejé caer sobre ella para poder acariciarla con todo mi cuerpo mientras nos besábamos en un interminable intercambio de ternura.
Me volví para recostarme y que fuera ella quien hiciera de mí lo que quisiese. Estaba abandonado a ella. Se sentó en mis muslos y sus manos fueron a mi pecho, se agachó un poco para poder acariciarme con su pecho. Acalló mi deseo con sus dedos en mi boca, dándole tiempo a subir lentamente por mi cuerpo y poner su pezón entre mis labios. Estaban tan duros como yo mismo. Al notarlo, hizo que su pubis se pusiera encima de mi pene, en placentero prolegómeno de lo que cada vez me era más deseado. Notaba su humedad confundida con la mía por lo que descendió para introducirlo en su boca, sacarlo, recorrerlo con lengua, dar la vuelta para poner su vagina en mis labios y ambos disfrutar del deseo del otro.
Estaba de rodillas ante mí, mi lengua recorría sus labios, se introducía entre ellos, paseaba por su interior, lamía el borde sus labios mientras la suya acariciaba mi glande y sus manos se apoyaban en la cama. Mi lengua abandonó su vagina para apropiarse de su ano. Primero besé sus nalgas, prietas, para después introducirse en su ano y sentir sus gemidos acallados por mi pene. Se incorporó, poniendo su mundo de pasión ante mi cara. Volví a su vagina. Ella acariciaba sus pechos en un sinuoso baile en mi cara. Se dio la vuelta y me mostró de nuevo sus ojos. Ojos en los que se adivinaba el placer que sentía. Ver su pecho así, desde abajo, me excito mucho más y cogí mi pene para humedecer mis dedos y llevarlos a su boca, introducirlos en ella. Cuando hubo bebido, los llevé a su vagina para volver a hacer lo mismo que antes.
Nos pusimos de costado para penetrarla mientras miraba sus ojos, mientras la besaba. Todavía no me había puesto el preservativo por lo que no podía eyacular pero sí sentir como ella tenía un primer orgasmo. Sus gemidos me excitaron más y abandoné la posición para enfundarme la goma que nos permitiría estar más tranquilos… abandonados al placer. Ya la podía penetrar sin preocuparme de otra cosa que de su placer. Nuestros movimientos se volvieron más compulsivos, más desenfrenados. Salí de ella para que fueran mis dedos primero y mi lengua después quien le hiciera llegar a un orgasmo muy deseado. Los gemidos, ya confundidos con los míos, me indicaron que había sentido ese orgasmo que quería fuera la introducción del mío. Ella también. Se volvió a poner encima de mí y a tomar mi pene entre sus manos para introducirlo en su vagina. Una vez lo hubo hecho, se abandonó. Apoyó sus manos en la cama y dejó que sus pechos bailaran ante mí. Así tuvimos ambos un orgasmo que nos hizo vibrar ya abandonarnos definitivamente al mundo de Eros.
Exhaustos, cansados pero satisfechos seguimos con nuestras caricias. No sé cuánto tiempo había pasado desde el primer beso en mi casa. Miró la hora. Había quedado con una amiga y, deseaba ir tanto como yo que se fuera, no quería llegar tarde a su cita. Le propuse una idea. Que la llamara para que viniera, le pareció bien y lo hizo. Pero… esa es historia para otro relato futuro.

adoroavenus 58M

5/14/2006 6:41 pm


angiee31 44F
1 post
6/25/2006 5:00 pm

.. intenso, mágico, la película de un sueño de una mujer que encuentra un hombre dispuesto a amarla... visualizado de una forma tan sublime, es infinita la intensidad de tu sentir, eres exquisito.


adoroavenus 58M

6/25/2006 6:45 pm

angiee... muchas gracias. Tanto por el comentario como por la cosideración hacia mí.


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