Desde mi palacio de coral
Habitus calidum, (capítulo III, et finis)
Posted:Jun 17, 2011 10:46 am
Last Updated:Dec 5, 2016 4:55 pm
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…En otras ocasiones gustaba de un espectáculo en vivo, para ello escogía a varias mujeres para que la trasladasen a “su habitáculo de placer”.

Para dichas ocasiones acudía el primero a la sala. Solía vestir con solemnidad, normalmente con una casulla de seda adornada con hilos de oro y plata. Sobre el pecho un lujoso y gran pectoral. La mitra encasquetada en la cabeza con las ínfulas colgando sobre la espalda. Sobre el reposabrazos derecho del majestuoso sillón se encontraba un manipulo con el que se limpiaba el sudor de aquellas acaloradas sesiones. En ocasiones también lo utilizaba para limpiar el semen que sin contención expedía por la excitación.

Periódicamente hacía una selección de los soldados más viriles y mejor dotados sexualmente del regimiento. En ocasiones reclutaba soldados por sus descomunales miembros.

Una vez acomodado, sostenía una copa de oro con incrustaciones de piedras preciosas llena de vino. Entraba el deforme bufón haciendo las veces de maestro de ceremonias: - “excelencia reverendísima las putas esclavas y sus aguerridos soldados violadores”.

Las cautivas aparecían una tras otras atadas a una larga y gruesa cuerda que portaba el oficial de la peculiar guardia. Vestían un fino vestido blanco de gasa y una capucha negra sobre la cabeza. Cada mujer se inmovilizaba de pies y manos en un instrumento distinto de los dispuestos en la habitación. A la voz del obispo, - “o viri, convivium fuere”, (señores, disfruten del banquete).los fornidos guerreros desnudaban a las amedrentadas mujeres desgarrándoles la inmaculada vestimenta con las manos o cortándolas con la fina hoja de una daga. Solían mantenerles las capuchas así incrementaban el miedo y la angustia por la agitación y la falta de aire.

Las imponentes manos de los guerreros oprimían los pechos como si de alguna fruta madura se tratasen, los mordían con voracidad hasta marcar los dientes en la piel y provocar el sangrado.

Las penetraciones debían de ser muy lentas. Los desmesurados miembros se adentraban en los virginales anos o muchas pubescentes vaginas entre gritos y retorcimientos por el dolor causado por la penetración como por los azotes en las nalgas en ocasiones hasta provocar la primera sangre. Gritos que intentaban ser acallados por monseñor con insultos varios como –“escortum”, “infamis peccatorem”, “cinaedius”.

Si algún esbirro aceleraba el ritmo de penetración por la excitación, o si eyaculaba sin previa autorización del monseñor, era inmediatamente apartado, castigado a sufrir un número indeterminado de varazos en las nalgas y posteriormente era destinado a los más bajos y humillantes trabajos.

-“finem gratia dei”, vociferaba alzando la copa de vino, así permitía a sus secuaces que eyaculasen. Al finalizar las sesiones el ambiente en la habitación estaba muy viciado, por la escasa ventilación, el olor de las numerosas velas, el sudor, la sangre producida al desgarrar anos o vaginas con penetraciones feroces, el semen y en ocasiones también se mezclaban el olor de orina o de heces debido a que el miedo que sentían, o que se desvanecían por el dolor, se les descontrolaban los esfínteres y por ello se orinaban o defecaban.

En una ocasión cuando al finalizar la orgía y retiradas las mancilladas prisioneras, el enano bufón se acercó a su eminencia que permanecía postrado en el sillón impertérrito, al acercarle unas velas comprobó el tono violáceo de su rostro, tanto las mandíbulas como los ojos desencajados y el miembro rígido como un tronco.

El corazón de su eminencia reverendísima se rompió tras una excitación su
perlativ
a.
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Habitus calidum, (capítulo II)
Posted:May 4, 2011 11:43 am
Last Updated:Nov 29, 2014 4:24 pm
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... En muchas ocasiones daba órdenes para que trasladasen algunas de aquellas aciagas jóvenes a sus aposentos. En una habitación anexa simulaba una pequeña mazmorra. En ella disponía de distintos instrumentos como un semicírculo de madera con 4 grilletes en los extremos. También contaba con un cepo para inmovilizar al prisionero por el cuello y las manos. En otro extremo se encontraba fijado a la pared una especie de aspa de madera también con cepos en los extremos.

El ritual que mantenía difería según los estados de ánimo de su eminencia, Cuando se encontraba sexualmente activo, aguardaba en su alcoba a que un extravagante bufón ataviado de verdugo dispusiese a la joven elegida en el semicírculo en posición decúbito prono férreamente inmovilizada por las muñecas y los tobillos con los grilletes de los extremos.

Una vez que el burlesco y desdichado bufón se retiraba hasta la puerta del habitáculo donde permanecía con una grotesca sonrisa y continuas reverencias esperando nuevas órdenes del obispo Onofre. Monseñor se levantaba de su poltrona y se acercaba a la desdichada con parsimonia y fastuosidad.

Ante solemne acontecimiento vestía un alba blanco impoluto sujeto a la cintura por “cíngulo” de seda. De su cuello colgaba hasta casi tocar el suelo una “estola” de color verde. En esos encuentros íntimos, sustituía el solideo por la “mitra” dorada con las” ínfulas” colgando por su espalda aparentando mayor solemnidad.

Siempre usaba guantes de lino blanco y en el dedo anular de la mano derecha lucía el anillo de oro en cuyo sello figuraba en relieve un árbol con incrustaciones de rubíes en su base simbolizando manzanas caídas. Con su mano izquierda sujetaba firmemente un “báculo” de plata, portando así mismo un”manipúlo”con el que secarse el sudor.

Se desprendía del cíngulo y a modo de látigo azotaba las nalgas de la réproba hasta la primera sangre. Disfrutaba cacheteando con el dorsal de la mano el glúteo para marcar sobre la piel el relieve del anillo mientras le espetaba –“infamis peccator”.

Con los primeros sofocos y cuando la erección era superlativa, se aferraba a las caderas de la joven y la penetraba brutalmente por el ano.

Los gritos de dolor de las infortunadas incrementaba su excitación, –“Ego te absovo in nomine meo pennis” les gritaba furibundo en cada empuje profundo del envenado miembro ahondando en el estrecho y dolorido ano.

Si la víctima tenía el pelo largo, se lo agarraba con ensañamiento obligándola a inclinar extraordinariamente el cuello mientras continuaba desgarrando el esfínter con feroces penetraciones. Le extasiaba profanar los anos de las jóvenes, sentir el calor excesivo producido por el roce y la estrechez del orificio.

Mientras más dolor infligía, más se deleitaba. Extraía el miembro lentamente para volverlo a introducir ferozmente. Cuando estaba a punto de alcanzar el clímax, ahondaba profundamente los dedos en las caderas de la desdichada para atenazarla, Con voz temblorosa volvía a pronunciar su particular absolución, -“ego te absolvo in nomine meo…..”, jamás concluía la absolución al anticiparse la eyaculación.

A una señal, acudía raudo el infausto ayudante para secarle el sudor de la cara y cuello con el manípulo, mientras que con unas gasas humedecidas le limpiaba el flácido pene cubierto de una mezcla de sangre y semen.

Una vez aseado volvía a sentarse en la poltrona con una gran copa de vino y disfrutaba de las piruetas de su diminuto vasallo para poder penetrar a la aterrada joven. En ocasiones, al no conseguir copular, el diminuto bufón se conformaba con masturbarse mientras manoseaba el deshonrado ano, la vulva o introducía objetos en la vagina ante las carcajadas del obispo…
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Habitus calidum, (capítulo I)
Posted:Mar 31, 2011 11:21 am
Last Updated:Nov 29, 2014 4:25 pm
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Me concentraba en la lectura del ensayo “Los papas y el sexo” de Eric Frattini, y quedé embelesado del voraz apetito sexual manifestado por el clero a lo largo de la historia y muy especialmente durante la Edad Media abarcando desde las simples relaciones sexuales heterosexuales, hasta la pederastia, pasando por homosexualidad, violaciones, fetichismo, sado-masoquismo, etc. Una doble moral se instauró en una parte muy significativa de la iglesia con los obispos, cardenales y papas como máximos exponentes.

Mientras más me adentraba en la lectura, mi mente comenzó a imaginar un relato que a pesar de ser ficticio tanto en los hechos como en los personajes, todo producto de mi imaginación, pudo haberse producido perfectamente. Este relato lo desarrollé en el siglo XV, más concretamente durante el periodo papal de Rodrigo Borgia, el que se hizo llamar Alejandro VI. Lo he adaptado en dicho periodo porque según afirmaron distintos historiadores de la época, el pontificado del papa Borgia, se vió teñido de sangre y semen. Igualmente, el condottiero, (capitán de tropas mercenarias al servicio de las ciudades-estado italianas), y miembro de una noble familia romana Silvio Savelli describió en su Carta Savelli a este papa como una bestia infame y un monstruo asesino, incestuoso y ladrón.

Y sin más preámbulos, comienza el relato.

Habitus calidum, ( capítulo I )

En el año del señor 1.495, el díscolo y lascivo Onofre Beltrán fue nombrado obispo por el sumo pontífice Alejandro VI gracias a la generosa dádiva de 15.000 escudos de oro con la que su padre, el conde Raimont Beltrán engrandeció las arcas pontificias, y hacer así un hombre de provecho de su hijo pequeño.

Onofre actuaba más como señor feudal que como obispo, algo habitual entre la jerarquía eclesiástica. Entre sus atribuciones figuraba la de vigilar y castigar los delitos de fe por medio de la inquisición episcopal. Se perseguían a presuntos herejes, judíos conversos, moriscos, brujas, blasfemos, la bigamia, o la moral sexual.

En el subsuelo del palacio episcopal se encontraban las mazmorras, junto a ellas se ubicaba una tétrica y sanguinolenta sala donde se ejecutaban las penas dictadas por el Santo Oficio.
Monseñor gustaba de bajar a las mazmorras ataviado con una “casulla” de seda en color rojo con lo que simbolizaba el heroísmo del martirio y el sacrificio que deberían someterse los infieles. Sobre la casulla prendía una “capa pluvial” igualmente de seda y ribeteada con hilos de oro. La cabeza la cubría con un “solideo” de color rojo pasión como la que ejercía contra los infortunados condenados.

Cuando con más asiduidad acudía a la sala de tortura era cuando se ajusticiaban a jóvenes moriscas, judías conversas o brujas.

Disfrutaba observando cómo los verdugos tumbaban en el "potro" a las mujeres desnudas y les mantenían las piernas abiertas mediante ligaduras de cuerdas en los tobillos y fijadas a ambos lados de la mesa. En los brazos le ataban otras cuerdas y la enrollaban en un torno estirando el cuerpo.

Igualmente eran inmovilizadas por el cuello y las muñecas en el "cepo", aunque en esta ocasión permanecían de pie con el cuerpo flexionado, se les azotaban los glúteos con distintos instrumentos como látigos, varas, o palas de madera.

Otra modalidad para azotarlas se denominaba el "latiguillo". Se las sujetaba como si fuesen caballos y se les azotaba las nalgas con una cinta o azote.

Los carceleros-verdugos se regocijaban con la denominada “cigüeña”, se trataba de un artilugio de hierro que sujetaba a los réprobos por el cuello, las manos y los tobillos en una posición muy incómoda. Al cabo de pocos minutos la víctima sufría fortísimos calambres en los músculos abdominales, rectales, pectorales y cervicales.

Las desdichadas que eran condenadas por adulterios, o aquellas otras a las que las interrogaban sanguinariamente acusadas de haber mantenido una unión sexual con el diablo, sufrían la introducción en la vagina o en el ano de la denominada "pera metálica".

La excitación que le producía el espectáculo al obispo era notorio. Se extasiaba contemplando como los alguaciles introducían las voluminosas esferas metálicas en la vagina o en el ano y con parsimonia enroscaban el émbolo para que las atroces hojas terminadas en púas del instrumento se abrieran en el interior del órgano entre alaridos y retorcimientos por el dolor de las infelices. Dichas contemplaciones se manifestaban en potentes erecciones camufladas bajo la inmaculada “alba” que en ocasiones mancillaba por una eyaculación inoportuna…
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Fin de año
Posted:Jan 1, 2011 11:19 am
Last Updated:Feb 10, 2011 2:08 am
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Había sido un año especial para ellos por lo que optaron por una celebración de fin de año acorde con lo acontecido durante aquella anualidad. Decidieron que esa noche vieja sería inolvidable, y al ser la primera que disfrutaban como pareja prefirieron celebrarla íntimamente.

Alquilaron por unos días una cabaña que se encontraba mimetizada entre pinares en un altozano desde donde se contemplaba la excelencia de la bahía. El lugar era idílico sobre todo al haber coincidido con el cambio de la fase lunar y así poder observar desde allí la majestuosidad de la luna llena que irradiaba las mansas aguas del mar.

Comenzó temprano a preparar la cena aquél 31 de diciembre, quería volver a sorprenderla con un plato exquisito. El menú que había ideado sería unos carabineros sobre su peculiar salsa que gustaba denominarla afrodisiaca, elaborada con un fondo de verduras, pimientas de varios tipos, jengibre y tomate finamente tamizada. También pensó en unos solomillos de jabalí a la piña para concluir con unos sorbetes de tiramisú.

Aunque no disponía de las mejores prestaciones para preparar tan sofisticada cena, su habilidad minimizó el problema. La noche era bastante fría, eso sí, mostraba un cielo completamente despejado de nubes por lo que se apreciaba una inmensidad de estrellas precedidas de la luminosa luna.

A pesar de un incidente inicial al encender el fuego de la chimenea, este prendió y cenaron a la luz de la centellante hoguera y todas las velas que dispusieron en la habitación.

Aún faltaban varias horas para media noche. Dispusieron frente a la chimenea el sofá y se recostaron mientras escuchaban música. El ambiente que los envolvía, el romanticismo de aquella noche, la pasión que sentían o quizás la salsa picantona afrodisiaca les despertó sus instintos más voluptuoso y se fundieron en un apasionado beso acompañado de múltiples y desenfrenadas caricias culminando en la plena desnudez de ambos.

La tumbó sobre el mullido sofá y la arropó con su cuerpo desnudo. A pesar del desenfreno, comenzó a penetrarla como ella más disfrutaba, muy despacio. Contuvo en su justa medida su lujuria y fue adentrándose en ella poco a poco. Ahondaba su recio miembro hasta el fondo y lo extraía con la misma cautela. Así una y otra vez. Las acometidas continuaban sin desvanecer y la voluptuosidad aumentaba paulatinamente. Gozaba observando la cara de placer de su amada que no cesaba de jadear mientras se aferraba a él atenazándolo con las piernas y arañándole la espalda con sus uñas.

Los jadeos parecían transformarse en sollozos lastimeros, la presión de las piernas se debilitó, abrió los ojos y mirándolo fijamente se abalanzó sobre su cuello y lo besó apasionadamente mientras él incrementaba la intensidad de las acometidas consiente que estaba a punto de eyacular.

Permanecieron recostados en el sofá frente a la reconfortante chimenea apurando una nueva copa de vino.

Faltaban pocos minutos para que las agujas del reloj marcasen la media noche. Prepararon unos cuencos con las 12 uvas para cada uno, el cava frío aguardaba en la cubitera con hielo y gracias a la tecnología pudieron conectarse a internet para ver y escuchar las campanadas de fin de año.
Con la última campanada un año terminó y uno nuevo surgió, un año que esperaban les obsequiase al menos con los mismos placeres que recibieron en el extinto año pasado. Brindaron por ello, y sellaron su unión y sus deseos con un intenso y enardecido beso que avivó sus pasiones y volvieron a entregarse al placer. La sentó en un sillón, la arrastró hasta el borde del asiento y le abrió las piernas. Se arrodilló frente a ella y acercando su boca al sexo húmedo vertió parte del frío cava por el vientre de la mujer que descendía como una cascada hasta alcanzar la vulva y de allí era absorbido por él. Al sentir el frío sobre su piel gimió, sintió como se le erizaba los vellos a su amante y como gozaba con cada sorbo y lametazo que daba con su lengua en cualquier resquicio de la vagina o del excitado clítoris.

Se levantó frente a ella y apoyando el pene sobre su boca, vertió también sobre su vientre el frío espumoso que ella recibió con entusiasmo y excitación y que continuó engullendo un miembro necesitado de fortalecimiento para recobrar la virilidad perdida. La levantó del trono para sentarse él y acogerla entre sus piernas, acondicionó el pene al orificio vaginal y por presión se ahondó en ella. La asió por la cintura y ella marcaba el ritmo que más le satisfacía. Mientras la penetraba, un dedo acariciaba sin descanso el clítoris erguido provocando un intenso placer que la obligaba a intensificar el galope sobre el vigoroso pene.

Intuyó que no podría aguantar mucho más sin estallar dentro de ella por lo que amplificó sus caricias sobre el clítoris que incrementaron el goce y los jadeos. Sintió como un caño cálido se esparcía por su interior, acrecentó su cabalgada y con un estertor proclamó el orgasmo que había sentido.

Acabaron abrazados en la cama, ella se durmió entre sus brazos y él quedó observándola con el resplandor de la luna que entraba por la ventana. Despidieron un año con fogosidad y recibieron uno nuevo con vehemencia.


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Feliz Navidad un año más
Posted:Dec 23, 2010 1:29 am
Last Updated:Jan 6, 2014 10:08 am
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No creo que la Navidad signifique paz y amor, seguro que no significa eso. Lo que si significa para muchas personas es que el distanciamiento, los silencios más o menos prolongados o los escasos o nulos contactos no es sinónimo de olvido. Feliz Navidad y un deseo que el nuevo año satisfaga lo máximo posible a todos.

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No lo llames amor cuando slo es pasin
Posted:Jun 16, 2010 11:42 am
Last Updated:Mar 28, 2011 5:32 pm
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El destino permitió ese primer encuentro entre ambos. Aparentemente eran dos personas completamente diferentes. Él solitario, intrépido, bastante insensato y algo egoísta. Ella se mostraba como una flor delicada, tierna y frágil.

En cualquier otra circunstancia, jamás se hubiera fijado en ella, no era el tipo de mujer que le llamaba la atención, sin embargo había algo que le atraía de ella como el polen a las abejas. Tras un primer acercamiento, pronto surgió una atracción mutua que se concretó en un primer encuentro. La velada acabó en la casa de él como siempre suele decirse, para “tomar la última copa”.

Inmediatamente al cerrar la puerta del domicilio, la mesura y el recato mostrada en público se tornó en lujuria. Parecía como si se hubiese producido una metamorfosis en aquella mujer y una fogosidad pareció convertirlos en animales en celo.

La arrinconó en una esquina del salón, y apoyada sobre la pared se besaban con impetuosidad. Todo sucedía muy deprisa, como si temiesen que al ralentizar sus acciones perdieran vigor.

Las lenguas pugnaban dislocadas por ser la dominante, mordiscos en el cuello marcando los dientes en la piel clara, uñas que rasgaban la piel de la espalda incrementando la concupiscencia. Repentinamente se desplomó a los pies de su amante, arrodillada y titubeante por el nerviosismo le bajó los pantalones hasta los tobillos. Un voluminoso bulto pugnaba bajo los calzoncillos por librarse de su encierro y presta lo dejó escapar de su celda textil para atenazarlo férreamente antes de engullirlo glotonamente mientras él la sujetaba con firmeza de su larga cabellera dorada.

Perdieron la cuenta de las distintas posturas que adoptaron haciendo el amor, más bien follando lascivamente hasta quedar agotados.

Aunque con algún reproche, decidieron mutuamente que su relación sólo sería encuentros sexuales, así no cambiarían sus estilos de vida. Los primeros meses de relación fueron excitantes, cuando se producía el reencuentro entre ambos la pasión se desbordaba. Incrementaban sus fantasías sexuales dando rienda suelta a sus instintos cada vez más básicos y acrecentaban continuamente su excitación. Era común que encontrándose en la terraza comenzaran con su rito erótico y la penetrase indistintamente vaginal o analmente mientras ella se apoyaba en la barandilla. Igualmente cuando viajaban en coche, súbitamente se agachaba y le hacía una felación que le obligaba a estacionar en cualquier paraje para penetrarla impacientemente.

Transcurrido varios meses, la relación comenzó a languidecer, espaciaban cada vez más sus encuentros. Comenzaron las discusiones entre ambos, cada vez la tensión aumentaba, pero volvían a encontrarse y toda discusión se desvanecía. El ardor entre ambos volvía a surgir. Los besos frenéticos, mordiscos cada vez más marcados en el cuello, en los pezones o en el clítoris la hacían gritar de placer. Sin vacilaciones la penetraba al ritmo que él determinaba. En ocasiones hundía la carnosa lanza muy lentamente para que apreciase todo el pliegue venoso de su pene recorriendo la cálida vagina. Otras veces, le aupaba las caderas y con las piernas estiradas y arqueadas la penetraba dinámicamente.

A veces, cuando se percataba de los espasmos de placer que le infligía, la giraba repentinamente y la penetraba analmente lubricándola únicamente con la excitación que poseía. Aunque padecía dolor mientras el glande vencía lentamente la estrechez del ano, la agitación voluptuosa que sentía la conminaba a abalanzarse en un sonoro orgasmo.

Una vez distanciados volvían las contiendas y desavenencias entre ambos. Disputaban quién de los dos podía infligir un mayor daño al otro con ofensas e injurias. A pesar que la situación cada vez se antojaba más difícil, ninguno terminaba de abandonar al otro curiosamente esperaban ansiosamente un nuevo reencuentro.

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Patrulla nocturna, (2 y ltima parte)
Posted:Feb 24, 2010 5:12 pm
Last Updated:Sep 12, 2010 9:00 am
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… Repentinamente se le aproximó y con voz melosa le preguntó si deseaba satisfacer esa fantasía con ella en una noche tan inhóspita. Reaccionó con una estruendosa carcajada que la incomodó levemente. Posó una mano sobre la pierna y volvió a preguntarle si esas risas significaban una afirmación, mientras los dedos los desplazaba sigilosamente hasta la entrepierna.

La profesionalidad de la que hacía gala se desmoronó. Sucumbió a los coqueteos de su joven compañera. Se besaron frenéticamente. Ambas lenguas se entremezclaban lujuriosamente mientras se palpaban mutuamente.

Con tanto ímpetu, casi le desgarra el pantalón en busca de la carnosa porra extensible, que se había extendido y endurecido por completo. Se reclinó en el asiento para facilitar la apertura del pantalón, apareció entonces el bálano por encima del calzoncillo reclamando libertad.

Cuando liberó al preso, éste se catapultó como impulsado por un resorte. Lo atenazó ávidamente entre sus manos y lo engulló golosamente.

Mientras se afanaba en succionar el rígido miembro, su curtido compañero le soltó la cola y esparció la mata de pelo sobre su vientre desnudo. Se aferró a sus cabellos obligándola a embuchar todo el miembro.

Reclinó el asiento mientras ella se desprendía de los pantalones y desabrochaba el anorak y la camisa para permitir a su compañero manosear sus tersos pechos. Con pasmosa agilidad, se acopló sobre él, éste le apartó el húmedo tanga y encauzó el glande hacia la vagina para que ella comenzara a balancearse con un ritmo apaciguado. Mientras continuaba la cabalgada, él se erigió hasta alcanzar con su boca los pezones y los mordisqueó al mismo tiempo que los rozaba con la punta de la lengua.

Tras un prolongado rato cabalgando a distintas intensidades, sustituyó la postura conocida por algunos adictos al sexo dentro de vehículos como “la suspensión sexy”, por otra conocida como “el auto de papa”. En esta ocasión ella se giró y se agarró al volante. Cuando volvió a orientar el pene hacia la gruta vaginal, fue ella quién lo atenazó y lo dirigió a su angostura anal. Muy lentamente se dejó caer sobre él. Una vez el puntal venció la estrechez inicial, la penetración aunque lenta fue muy fluida.

Se aferró al volante del coche mientras subía y bajaba pausadamente. Su compañero sin embargo le atenazó las nalgas hasta casi incrustarle los dedos en ellas. Progresivamente fue incrementando la velocidad de la galopada. El férreo agarre al volante, así como la tensión muscular denotaba que el orgasmo era inminente. Tras intensos jadeos, una especie de descarga le recorrió todo el cuerpo y posteriormente la relajación muscular fue total.

Una vez relajada, la recostó sobre él y con los dedos de una mano le acariciaba circularmente el clítoris, con la otra le agarraba un pecho en sus últimas penetraciones antes de eyacular en el interior de su prieto ano.

Su novata compañera resultó ser una licenciada en sexo. La lluvia amainó poco tiempo antes de finalizar el turno y de despuntar el día…

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Patrulla nocturna, (1 parte)
Posted:Feb 24, 2010 4:54 pm
Last Updated:Aug 15, 2010 1:20 am
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El fortísimo viento zarandeaba el coche patrulla como si fuese un mero juguete. La lluvia caía con virulencia hasta llegar a cegarlos, el limpia parabrisas era incapaz de eliminar la acumulación de agua aún en su máxima velocidad. Aquella noche se produjo un extraño fenómeno atmosférico ya que se conjugó un vendaval de viento con una lluvia copiosa y persistente. El caudal de uno de los arroyos que transcurría por el pueblo, se incrementó de forma considerable y amenazaba con desbordarse e inundar una urbanización que se encontraba en las inmediaciones, por lo que decidieron estacionar el vehículo en un pequeño mirador que se encontraba en un altozano y así controlar la crecida del problemático arroyo.

Al encontrarse en turnos distintos, pocas veces habían coincidido juntos, pero ante las continuas adversidades meteorológicas, y la alerta naranja decretada para esa noche por fuertes lluvias, la jefatura decidió reforzar el turno nocturno con voluntarios y ella se ofreció.

Hacía poco más de un año que ingresó en la policía, por lo que aún era novata, aunque intrépida y con ansias por aprender. Su compañero por el contrario era un veterano con muchas batallas vividas, pero que aún encontraba aliciente en su trabajo.

El viento bramaba tras los cristales haciendo imperceptible en ocasiones la conversación que mantenían. Mientras charlaban, la observaba profundamente en la penumbra como si se tratase de una de sus meticulosas inspecciones oculares. No se trataba de una mujer extremadamente bella. Lucía una melena rojiza que recogía en una cola. Su piel era clara, y la carnosidad de sus labios, así como unos intensos ojos verdes realzaban su atractivo. Aunque el uniforme resultaba poco agraciado, unos prominentes pechos se enmascaraban bajo el chaquetón.

La tempestad incrementaba su intensidad, el viento ululaba por cualquier rendija del coche patrulla.

Mientras escuchaban un cd de baladas heavy, en esos momentos sonaba November rain de Gun’s N’ Roses, mantenían una conversación distendida. Inesperadamente la conversación viró espectacularmente ante las preguntas libidinosas de la novata. Entre risas pero suspicazmente, el veterano contestaba las interpelaciones de su compañera a la que exhortaba igualmente sobre sus preferencias sexuales.

Quiso conocer si en su dilatada trayectoria profesional, en alguna ocasión había tenido algún affaire con alguna compañera estando de servicio, o quizás si había fantaseado con ello. Quizás cuando era más joven fantaseó con alguna compañera mientras patrullaban, pero de ahí no pasó. Recordó entonces la vez que le prestó un uniforme a una amiga y acabaron ambos exhaustos sobre la cama…

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Furor campestre, (2 y ltima parte)
Posted:Dec 29, 2009 8:12 pm
Last Updated:Aug 15, 2010 1:18 am
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...La pasión los desmadró, alocadamente se desnudaron sin dejar de besarse, reclinó el respaldo del asiento y la tumbó para acoplarse sobre ella. El sol incidía sobre el coche caldeándolo aún más de lo que ya estaba. Bajaron las ventanillas de las puertas delanteras permitiendo que ella descansase un pie sobre el marco de la puerta, el otro pie lo apoyó en el salpicadero.

Apuntaló el pétreo glande sobre el pubis mientras la besaba con frenesí, le mordisqueaba el lóbulo de las orejas, le lamía el cuello, le succionaba los pezones. Estaba ansiosa por sentir el rígido miembro en sus adentros, los labios menores los tenía hinchados por la desmesurada excitación que sentía, pero él se resistía a penetrarla a pesar de la colosal erección que presentaba.

Se retorcía para alcanzar el clítoris que emergía de su capucha protectora como un diminuto prepucio ávido de caricias, por lo que incrementaba su agitación. Desesperada le clavó las uñas en la espalda, casi sin aliento por los jadeos le imploró que la penetrase.

Lentamente aproximó el glande a la vagina plenamente lubricada y comenzó a penetrarla como siempre le apasionó, muy despacio para que así sintiese toda la extensión del miembro y sus protuberancias venosas. Los jadeos se mezclaban con los gemidos ahogados a cada cansino empujón.

Ensimismados en la vorágine sexual que les atañía, no se percataron de la presencia de un par de parejas de ancianos que se aproximaban al vehículo. Los adelantaron por el único espacio disponible del camino. Las furtivas e incrédulas miradas denotaban perplejidad en ellos, e irascibilidad manifiesta en ellas.

La presencia de los inoportunos espectadores sirvió para incrementar su excitación y que afloraran sus instintos más básicos con acometidas más profundas e intensas.

Unos quejidos quebrados acompañados de espasmos musculares en las piernas y zona pélvica advirtieron de un inminente orgasmo. Atenazó con sus piernas los glúteos de él y se aupó para abrazarlo tenazmente por el cuello.

Una profunda relajación la desparramó por el asiento mientras su compañero se afanaba en acabar la faena. La agarró de la frondosa cabellera y expelió con virulencia sobre el vientre el semen viscoso y candente.

Aun desnudos y abrazados, rieron a carcajadas rememorando la visita inesperada de los veteranos peregrinos…



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Furor campestre, (1 parte)
Posted:Dec 29, 2009 8:05 pm
Last Updated:Dec 27, 2010 2:58 am
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… Nada más tomar tierra el avión, la llamó. Su sorpresa fue mayúscula porque no esperaba su visita y menos pasar el día juntos.

Se desplazaron a una localidad próxima, anduvieron por los callejones como tantas otras veces habían hecho, sin embargo esta ocasión era peculiar, todo apuntaba que irremediablemente sería de la última vez que estarían juntos.

Terminado el almuerzo, pasearon pausadamente hasta donde habían estacionado el vehículo. Casi sin pretenderlo, le rodeó la cintura con su brazo y la atrajo hacia él con fuerza. Opuso una ligera resistencia, pero acabó accediendo y se abrazó a él.

Repentinamente se giró y lo besó apasionadamente quedando sorprendido por la intensidad del mimo. Un cálido y prolongado beso, rebosante de lujuria y pasión. La misma pasión desbordada habitual en todos sus encuentros.

La tarde avanzaba inexorablemente y decidieron regresar. Su visita relámpago tocaba a su fin. En el trayecto de vuelta, apenas hablaron, lo miraba fijamente casi sin pestañear. Se inclinó sobre él y lo abrazó por la cintura. Él le rodeo con su brazo los hombros y le besaba fugazmente la cabeza cuando la conducción se lo permitía.

Deslizó una mano hasta la entrepierna y le acarició, sintiendo inmediatamente como un gran abultamiento surgía bajo el pantalón. Lo desabrochó pausadamente, deleitándose en la maniobra que realizaba. Un prominente nódulo se manifestaba exultante bajo el calzoncillo. Lo redimió del angosto encarcelamiento, lo sujetó con firmeza y con la devoción necesaria a un objeto de culto, acercó la boca a él y lo engulló con concupiscencia.

Tuvo que aminorar la velocidad y aferrarse al volante ya que espasmos de placer le recorría la columna vertebral como si fuesen pequeñas descargas eléctricas. Impetuosamente se aferró a sus cabellos para presionar la cabeza imposibilitando que abandonase el firme bálano.

Se zafó con esfuerzos de la opresión continuada. Con los labios humedecidos y ojos voluptuosos le indicó que buscase un lugar poco transitado del boscaje perpendicular a la carretera.

Se adentró por un carril terrizo y con frondosa vegetación que encontró por la vía secundaria por la que circuló. Transitaron varios cientos de metros por el abrupto camino. Entre el follaje de la arboleda se distinguía a lo lejos algunas casas diseminadas.

Nada más estacionar el vehículo, se fundieron en un vehemente abrazo y un exaltado beso. Palpó las redondeces de los pechos. Escabulló la mano bajo la camiseta y sorteó el sujetador hasta percibir el tacto aterciopelado de los pechos y enhiestos pezones que pellizqueó mansamente...

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Deseos navideños
Posted:Dec 18, 2009 11:51 am
Last Updated:Mar 5, 2011 4:50 am
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Cae otro año caduco como caen las hojas de los árboles en otoño. Nos encontramos inmersos en unos días donde la felicidad y los buenos deseos se imponen e imperan.

Si es lo que toca, no voy a ser menos, por lo que desde este palacio de coral fantasioso os deseo Feliz Navidad y prospero Año Nuevo. Felí Navidá y felí Año Nuevo. Zorionak eta Urte Berri On. Bon Nadal i feliç Any Nou. Boas Festas e feliz Ani Novo. Merry Christmas and happy New Years. Joyeux Noel et Bonne Annèe. Buon Natale e Anno Nuovo. Gajan Kristnaston. Zalig Kertfeest en een Gelukkig Nieuwjaar. Kala Christougenna Kieftihismenos O Kenourios. Froehliche Weihnachten und ein gluckliches Neues Jahr. Natale hilare et Annum Nuovo.

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Carita de mueca
Posted:Dec 15, 2009 10:50 am
Last Updated:Aug 15, 2010 1:21 am
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He conocido a una mujer con cara de chiquilla, llena de luz y de sal, de sal de la mar me tiene loco, por ella muero poquito a poco. Prueba mi sabor sureño, prueba mi sabor que quita el sueño, déjate llevar, hoy te voy a enamorar. Déjate envolver, esta noche es de placer. Que esta noche sea testigo de un hechizo suave, largo y lento.

Me hice planes de no volverte a ver, y tenerte solo esa noche conmigo. Fue quizás el peor castigo, cuanto más te besaba, más ganas tenía de volverte a ver, y no sé por qué, pero de ti me enganché. Me dejaste enganchado a tu aroma, del más tonto me gané un diploma.

Ahora inventaría un paraíso lleno de flores, para ti capturaría todos esos olores, para que lucieras en tu piel uno cada noche, y a la luz de la luna te diría… niña de mis amores!! Aquí estoy yo niña para lo que quieras, pero es que así no es para llevar una vida entera. Estoy arrastrándome en el eco templado de tu voz, como un gusano de los documentales de la 2. Cada vez soy más insolidario porque sólo te quiero para mí, un ser innecesario porque así no sirvo para nada, me siento desconcertado porque ya no siento nada por los demás, y es que estoy muerto de amor, y no respiro si no es contigo.

Asumo que me encuentro viviendo en el infierno, pero me quedo contigo, y si así lo prefieres, pídeme que apague mi corazón para morir contigo. Mi amor, llenaste mi vida de tantas mentiras que creí que era el único camino para ser feliz.

Siento que se acaba el día prisionero de tus ojos niña, y el dolor me quita el sueño. A veces las cosas no salen como uno quiere. Mi alma vaga desquiciada sin saber qué es lo que tengo que hacer. Tu como siempre la matas callada, yo otro tonto de los que coleccionabas. Si ayer morí por verte, hoy muero por no tenerte. Mi vida estas ahogando, tu corazón fue perdiendo la pasión mientras yo tonto luchaba por tu amor. En qué pensabas cuando creía que eras mía, que me amabas, cuando me llenabas de caricias en la cama, si en cada beso, en cada abrazo me engañabas, en que pensabas tú? No me digas más que no te atreviste, que por no hacerme daño fingiste.

Qué triste fue como lo hiciste, que triste fue como te fuiste. Aún no me he creído que en mi corazón hayas dejado este vacío, ahora quién me curará este corazón partío? Lloré mil noches por sentirte una vez más cerca de mí. Entre tú y yo lo que falló fue el emborracharme de tu amor. Te amé como jamás en tu vida te amarán, llámame tonto corazón.

Aquí me tienes a solas, inventando historias, y en este absurdo caminar hoy me caigo frente a ti. No encuentro palabras que describan la agonía de este tonto, pobre hombre enamorado. Un par de lágrimas derraman, pasean por mi cara. Cuantas veces preparé un discurso perfecto, y evadir así mis sentimientos que cuelgan el cartel de aforo completo, pero que hago si todo lo que vivo me recuerda a ella, si todo lo que hago me recuerda a ella.

Llevo unas cuantas noches soñando con una silueta de mujer, y no es real, pero sé quién es. Mientras yo suspiro y revivo aquella noche mágica de los dos, oí tu voz… “Yo no quise dañar tu corazoncito, yo no quise dejarte ahí en el olvido”.

Que te gusta con los hombres jugar y jugar, carita de muñeca. Aquello de no mentir que se te olvidó a tu edad…

Escuchaba hace días la discografía de Sergio Contreras y me indujo a rebuscar entre todas las letras de sus canciones para componer con frases sueltas de cada una de ellas este relato. Las canciones utilizadas son:

• Carita de muñeca.
• Sin ti el mundo.
• Yo no quise.
• De luz y de sal.
• No me fío de ti.
• Me quedo contigo.
• En qué pensabas.
• Letras malditas.
• Mírame.
• Niña sin ti.
• Ahora quién
• Tu ángel de la guarda.
• Que vuelo.
• Me recuerda a ella.
• Ojitos negros.
• Mora y flamenca.
• Anocheció.
• Emborráchame de amor.
• Aquí en mí.
• Hechizo.
• Juguemos al amor.

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Pasión encarcelada
Posted:Nov 5, 2009 6:43 pm
Last Updated:Aug 15, 2010 1:22 am
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La persecución acabó con el coche empotrado contra un contenedor de basuras. Inmediatamente fue rodeado por un nutrido grupo de policías que apuntándoles con las pistolas les ordenaron bajasen del vehículo y se tumbasen en el suelo para ser cacheados superficialmente por si llevaban algún arma oculto entre sus ropas.

Se trataba de una pareja joven, de aspecto algo desaliñado, conmocionados por el golpe recibido y con evidentes síntomas de encontrarse bajo los efectos de alguna sustancia estupefaciente.

Fueron trasladados a las dependencias policiales, cacheados convenientemente, y los introdujeron en una pequeña celda completamente cerrada donde sólo había un banco metálico formando una “u” con el contorno de la pared. En lugar de rejas, había un cristal de espejo de considerables dimensiones. Allí permanecerían mientras se instruían las diligencias por lo ocurrido.

Cada uno se sentó en un extremo del frío banco, apenas hablaban y ella mantenía la vista clavada en el espejo, dando la impresión que pretendía observar que ocurría fuera del habitáculo. Tras un prolongado espacio de tiempo de indiferencia, él se aproximó a ella y comenzaron a hablar. Cada vez la separación entre ambos era menor hasta que hubo contacto entre ellos.

Le separó el cabello que le cubría el rostro, le acarició la mejilla con un dedo y acercó sus labios para unirlos a los de su compañera. Ésta declinó el beso, pero la perseverancia de él consiguió que aceptase su proposición.

El beso se prolongó y las lenguas comenzaron a juguetear alborotadas. Una mano buceó por entre la blusa hasta alcanzar un pecho, sorteando el sujetador, pudo acariciar la piel aterciopelada de aquella fruta de la pasión. Sintió como el pezón se endurecía y se erguía como un pitón.

Obviaron donde se encontraban y se entregaron a la pasión y al morbo que le producía desconocer si eran observados tras el cristal.

Ella acariciaba frenéticamente el falo erecto que se asimilaba a las defensas rígidas que portaban aquellos policías. Sin más dilación, éste se levantó y la arrastró con él, intentaron ocultarse de posibles miradas en un lateral de la pared y el espejo. La giró, y mientras ansioso le besaba el cuello, le desabrochaba el pantalón y se los bajó junto a las bragas hasta las rodillas. Ella inclinó su cuerpo, y con las manos apoyadas en la pared se dejó hacer en una sumisión consentida y morbosa.

Ante la perspectiva que tenía frente a él, se incrementó su excitación y se dispuso a saciar su furor adentrándose dominantemente en la joven. La sujetó por la cintura con una mano y con la otra le acariciaba el sexo húmedo. Así la tomó sorpresivamente y comenzó a marcar la cadencia de la penetración.

La abertura que podía ofrecer significó para ambos una sensación de estrechez muy placentera. Dicha sensación se intensificaba en él gracias a su posición dominante que le permitía una visión amplia de la cintura, los glúteos y el ano de su compañera. La relajación de ésta le permitió hurgar con sus dedos la estrechez del ano mientras ahondaba su arrogante miembro en la vagina convirtiendo el coito en la expresión más salvaje y primitiva con penetraciones profundas que le estimulaban las paredes vaginales y el punto g.

Las acometidas eran cada vez más virulentas, la sensación de culminación le invadía. Sus dedos se incrustaban en la cintura de la joven aferrándose a ella. Los gemidos desesperados transformados en gritos placenteros delataron el orgasmo de su amada, aún así necesitaba de unas últimas acometidas para alcanzar también el culmen de aquella faena.

La giró torpemente y sujetándole la cabeza por los cabellos, la atrajo hacia su falo. La lengua le dibujaba el glande, los labios aprisionaban el miembro hasta que descargó con virulencia la esencia contenida.

Cuando abrieron la puerta del calabozo para tomarles manifestación, los encontraron plácidamente dormidos sobre el duro y frío banco metálico.

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