Me llev  

tres_cachondos 42M
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9/24/2005 10:16 pm

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3/5/2006 9:27 pm

Me llev


Así es... me llevé a una casada al hotel con el fin de satisfacer la lujuria que su marido había despertado y que abandonó por buscar los placeres de otro cuerpo.

La hallé en un chat de sexo, se había unido recientemente cuando la abordé: "hola, preciosa"; y ella, sin perder el tiempo, me dijo: "hola, de donde eres?". Le dije que del D.F., ella me confirmó que también es de aquí y que quería ponerle los cuernos a su esposo para pagarle con la misma moneda. No lo pensé dos veces, le sugerí que nos viéramos esa misma semana y así darle gusto al cuerpo.

Quedé de verla por el rumbo de su casa -Azcapotzalco-. Iba vestida de lo más normal, sin embargo, el vestido dejaba notar la curva de sus nalgas y sus muslos. Cuando la saludé, le dí un beso en la boca, mientras mis manos resbalaban lúbricamente hasta su trasero.
No se incomodó, al contrario. Me dió la espalda para prodigarse unos tallones contra mi miembro, el cual inmediatamente reaccionó poniéndose firme y caliente.

La conversación fue algo sosa: Los problemas de la infidelidad, la distancia emocional hacia los niños... Lo más sensato fue retomar aquello que me dijo en el chat: "¿Y deveras te gusta hacerlo por mucho tiempo?". A las pruebas me remito. Me gustan todos los juegos iniciales, el flirteo.

Provocar más de un orgasmo en la mujer en el mismo encuentro me excita muchísimo. Me inspira para fornicar hasta quedar exhaustos.
La dejé que comenzara con dichos juegos. Al parecer, no le gustaban mucho los besos, pero acariciar sus piernas la ponía a mil, así que la fuí buscando poco a poco...

No tocaba sus nalgas, ni su monte de Venus, hubiera sido lo más común dirigirme a sus naturales zonas erógenas. En cambio, me dediqué a estudiar sus gustos. Tenía cierta predilección por el fellatio más que por el cunnilingus (en palabras llanas, le gustaba más mamar la verga a que le dieran lengüita).

La dejé que chupara todo lo que quiso; tengo cierta habilidad para controlar la eyaculación; así que estuvo alrededor de 10 minutos concentrada en el mástil que tenía enfrente. De vez en cuando me decía "Papito, qué gruesa la tienes", yo la motivaba diciéndole que si la ensalivaba con gusto, se la iba a clavar hasta decir basta.

Y así sucedió. En un arranque de pasión desenfrenada la ví quitarse las bragas de un tirón y empinarse para mostrarme el culo. Apenas la tuve enfrente, le pedí que se acomodara hacia la cama y le agarré las nalgas para darle un beso negro. Se estremeció y lanzó un gemido cachondísimo. Aproveché para colocarme un condón y, una vez que sintió mi falo entre sus pliegues, ella misma se lo empujó hasta quedar ensartada.

La estuve bombeando fuertemente. Esta nena no se andaba con rodeos y cuando quería cambiar de posición, un simple gesto de sus caderas me lo sugería. Nos entendimos bastante bien, porque pude empalarla en todas las posiciones que su delgada complexión nos permitió. Juro que con eso hubiera dicho que había sido una de las más grandes cogidas de mi existencia y, sin embargo, lo mejor estaba por venir.

Estabamos calientísimos. Su entrepierna escurría sus mieles y mi pito parecía una máquina penetrando frenéticamente. Sus gritos, que habían comenzado siendo discretos, se habían convertido en un aullido bestial y primigenio. Quizá llegué al borde de sus fantasías o simplemente le pareció la venganza perfecta en contra de su marido. De repente, me dijo que era virgen del ano, que quería que se la metiera por detrás.

Traté de ser amable. Primero le confirmé que podía ser doloroso y que tenía que estar convencida de darme el culito. Es una zorra golosa y exigente. Mientras me decía que se iba a aguantar toda la verga adentro, se puso de a perrito para exhibir una vez más su trasero ganoso. Me dijo: "Anda, papi, dámelo por la colita". Ni tardo ni perezoso, le pedí un minuto para sacar un lubricante y empecé a untarle el ano, escuchando sus gemidos suplicantes "Apúrate, corazón, quiero ese pitotote".

En efecto, su culo era virgen. Pude constatarlo por la fuerza con la que tuve que empujársela para clavarla hondo. Primero fueron escarceos, intentos y simulacros, pero apenas pude ensartarla a fondo, ella misma meneaba sus caderas para sentir mis testículos rebotando en sus nalgas. Los apretones que me dió aún los recuerdo por la intensidad con la que lo hizo. Quise prodigarla con un piropo y lo único que se me ocurrió fué decirle "chiquita, que linda cola tienes".

Quizá no aguantó tanto como hubiese querido, pero, a final de cuentas, fue riquísmo estrenar aquel culito. Cuando ya no pudo más, simplemente me dijo "¡YA!", al borde del orgasmo. Comencé a bombearla salvajemente y, en un instante, mi semen estaba explotando copiosamente, amenazando con romper el condón (que por cierto, qué bueno es andarse con precauciones). El preservativo no se rompió, que de haberlo hecho, habría inundado aquel pequeño orificio que se iniciaba en nuevas perversiones.

Salimos del hotel después de dormir abrazados tres horas seguidas. Se le hacía tarde para regresar, así que le conseguí un taxi. Aunque quedó de llamarme, sabía que no lo haría. Había conocido una manera de tener sexo como nunca en su vida. Aquello había sido demasiado intenso para repetirlo.

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