Un Dia En El Centro Comercial  

solounmomentomas 40F
13 posts
3/9/2006 12:31 am

Last Read:
3/27/2006 7:24 am

Un Dia En El Centro Comercial


Hola:

Esta es una de las abundantes historias sexuales de un buen amigo mío llamado Roberto.

Roberto es un muchachote de unos 34 años de edad, que mide aproximadamente 1.77 cm. de estatura, Roberto suele llevar el pelo rapado al uno, lo que lo hace un hombre muy interesante. Sus aventuras sexuales son bastante abundantes, ya que esta continuamente preparado para el sexo, y no pierde ocasión de intentar practicar sexo salvaje y apasionado, especialmente con mujeres de mediana edad, mujeres maduritas que le hacen vibrar de pasión

Un día del mes de Diciembre del pasado año, fue Roberto a hacer las compras de Navidad, no pudo evitar el marrón de ir ha comprar los últimos detalles para los regalos de esas fechas. De mala gana arrancó el coche y se fue al hipermercado de un conocido centro comercial, donde, por cierto, casi no pudo aparcar debido al gentío allí concentrado. Roberto rápidamente compró todo lo que tenía que comprar, con la intención de escapar de aquella muchedumbre cuanto antes. Pero al llegar al coche se encontró con la desagradable sorpresa, a primera vista, de una mujer de unos 40 años no muy atractiva, pero con un intenso fuego en la mirada, aquella mujer con su carro de la compra le impedía a Roberto salir de allí, como aquella mujer quería cargar un excesivo numero de bolsas llenas de compra, se estaba haciendo un lío.

Él con toda la amabilidad posible, esperó y esperó, pero ella no podía con toda la compra, a esa mujer le costaba realmente mucho esfuerzo introducir toda la compra en el maletero, si conseguía meter el lavavajillas, se le caía la lejía al suelo, y viceversa, la comedia duró casi 10 minutos, en una de estas se le cayeron unas latas de refresco al suelo y Roberto, que estaba ya harto de esperar, se llevó una muy agradable sorpresa, cuando pudo ver a través del escote, demasiado abierto para esas fechas, un canalillo profundo y misterioso, también se podían distinguir dos pequeños montecitos que a Roberto le vuelven loco, eran dos rotundos pezones que se marcaban con fuerza en un jersey blanco muy estrecho. Por el canalillo se deslizó una gota de sudor, Roberto vio todo el recorrido de la gota, desde el comienzo al final y eso le puso increíblemente caliente, sentía otra vez aquella intensa sensación por el cuerpo, esa maravillosa sensación de calor por todo el cuerpo, que le quema las entrañas y que anteriormente ya le había causado algún que otro problema, por la falta de discernimiento que le provocaba.

Roberto se decidió a ayudar a la mujer, a cargar sus compras al coche, ya que se estaba eternizando la espera.

-Hola, ¿Le puedo ayudar? dijo Roberto amablemente.

-Pues la verdad que sí, ya que me las estoy viendo y deseando para meter todas las bolsas en el coche.

Con la ayuda de Roberto, en un minuto, estaba toda la compra cargada, una parte en el maletero y otra parte en el asiento de atrás, ya que aunque parezca increíble, a aquella mujer ni se le había ocurrido usar aquellos asientos de atrás.

Ella, también muy amablemente le agradeció la ayuda prestada, diciendo:

-¿Como te llamas? Guapo. Preguntó aquella atractiva mujer.

-Roberto, y… ¿usted señora? Replicó Roberto.

-Susana, pero no me llames de usted, llámame de tu, dijo ella.

-Perdone, señora, pero ahora por fin, podrá apartar su coche, así yo podré sacar el mío, y me podré ir a mi casita. Dijo Roberto con un tono que ya empezaba a ser una mezcla de curiosidad y hastío.

-Ay, que pena que te tengas que ir a casa, ya que me podías ayudar con la compra, ya que si no he podido meterla en el coche, difícilmente la podré subir a casa. Dijo Susana con una sonrisa seductora.

-Me encantaría ayudarte, pero es que me tengo que ir a casa a llevar mi compra. Le dijo Roberto haciéndose derogar.

-Por favor, si me ayudas te prometo que te lo agradeceré espléndidamente. Dijo Susana con cierto tono de misterio.

-No se, no se… ¿En que calle se encuentra tu casa? Le preguntó Roberto viendo que ya estaba atrapado en las redes tejidas por Susana.

La calle que le dijo estaba, por casualidad, aproximadamente a mitad del recorrido que tenía que hacer Roberto para llegar a casa. Por lo que realmente no le costaba mucho esfuerzo ayudarla, y como se lo iba a agradecer “espléndidamente” Roberto al final accedió.

-De acuerdo, pero ¿como lo haremos? Le pregunto Roberto.

-Sígueme con el coche y aparcas cerca de mi casa, yo te esperaré en mi coche, y luego subimos todas las bolsas a mi casa, dijo Susana, como si lo tendría preparado todo de antemano.

Así lo hizo Roberto, hasta que llegaron a una lujosa urbanización de chalet’s, no muy lejos de donde se encontraba el centro comercial. Roberto aparcó el coche, y fue hacía donde Susana había aparcado. Ella le esperaba con todas las bolsas fuera del coche, lo que indicaba la prisa que ella tenía, también, por subir a casa. Cargaron todas las bolsas como pudieron y se fueron hacia el chalet, donde Susana vivía, aquel chalet era realmente precioso, un jardín muy grande con una piscina de 25 m de largo y cuatro calles, que por ser invierno se encontraba cubierta por una lona. Entraron por la puerta principal, y Roberto se quedo bastante impresionado de la cantidad de obras de arte que había en aquella casa. También estaba el suelo cubierto con unas gruesas alfombras que le daban a la casa un ambiente muy acogedor.

-Ayúdame, por favor a llevar la compra a la cocina. Le dijo Susana.

Así lo hicieron y Susana metió inmediatamente, los productos congelados y precocinados en el congelador, y el resto de la compra, lo ordenó como pudo, con evidentes muestras de agitación y nerviosismo. Cuando acabó de ordenarlo todo, Susana le miró fijamente a Roberto, y le dijo con una voz extremadamente sensual.

-¿Cómo puedo pagarte el inmenso favor que me has hecho? Preguntó Susana, conociendo perfectamente la respuesta.

-No se…. Se te ocurre a ti algo. Dijo Roberto haciéndose el despistado.

-Por supuesto que se me ocurren muchas cosas. Dijo ella acercándose a Roberto ronroneando como una gatita en celo.

Susana, se acercó y comenzó a besar lentamente el cuello de Roberto, erizándole todos y cada uno de los vellos de su piel. Fue bajando una de sus manos por el pecho de Roberto hasta llegar al, ya considerable, bulto que se marcaba notablemente entre las piernas del muchacho. Cuando Roberto sintió la mano de Susana, tocando su paquete, un escalofrío recorrió su cuerpo, entonces Susana dijo:

-Ven, subamos a una de las habitaciones.

Apenas cruzada la puerta de la habitación, la abraza fogosamente. Susana se pone un poquito a la defensiva, no siempre aprecia estas prisas, en ese momento preferiría una puesta en escena más elaborada. Susana siente que una mano experta la recorre, se detiene en los puntos más sensibles de su cuerpo, que se volviendo cada vez más pesado. Susana no puede por más que abandonarse el abrazo. Su falda cae, las manos de Roberto resbalan por sus muslos, suben de nuevo, dudan a la altura de la ingle, siguen hasta la cintura, los senos. Les da masaje suavemente. Su busto gira, cae hacia atrás, zozobra, se deja caer en la cama. Roberto, de nuevo con ímpetu, con prisas, agarra los muslos. Los separa. Su boca se hunde en el sexo de ella, entreabre la vulva con lengua experta, la recorre, se aloja en ella. A Susana unos escalofríos le recorren todo el cuerpo, Susana levanta la cintura, su pelvis se adelanta para mejor ofrecerse a la boca voraz.

Las manos del hombre resbalan bajo el jersey blanco, hacia los senos. Presionan, luego pellizcan las puntas.

-¡Ah! Tus dedos, tu boca… ¡Lame y acaríciame al mismo tiempo! grita ella, que se encuentra ya en un estado de loca excitación.

Susana, mientras grita estas palabras, no es más que un vientre que se ofrece, Roberto lo recibe con pasión. Hunde en él, por turnos, sus dedos, su lengua; agarra y mordisquea los labios, chupa el clítoris, se recrea en el fondo de la vagina. En algunos segundos ella siente que el goce va a invadirla, tan aniquilador como siempre. Pero quiere que la tome, sentir la polla dura de Roberto dentro de ella.

-Suéltame un momento, deja que me recupere un poco. Quiero correrme con tu sexo largo y duro dentro de mí, quiero que me llenes con tanto furor como has hecho con los dedos. Ven, ven rápido, suplica ella.

Cuatro manos se dirigen al mismo tiempo, al pantalón de Roberto. Con los botones medio arrancados, la prenda cae hasta los tobillos, surge la verga, poderosamente erguida. Susana la agarra con avidez. Apenas ha tenido tiempo de rozarla con su boca cuando él se libera y la penetra con tanta fuerza que se siente descuartizada, clavada sobre la cama, casi le hace daño…

-Me haces daño, pero me gusta tanto que me hagas daño… Sigue. Dame pronto esta muerte dulce, gime ella.

Con algunos terribles golpes de cintura la lleva al goce. Ella se retuerce, grita, aula casi, su vagina se contrae con tanta fuerza que Roberto, a su vez, a duras penas puede retener su placer.

Se retira un instante, para volver a tomarla enseguida. Ella sale de su éxtasis. Lo siente de nuevo ir y venir en ella. Sus ojos miran el rostro del hombre. Su respiración es ronca, transpira, de su frente brotan gotas de sudor. Su nuca se tensa. La mirada de Susana resbala por el torso viril, se centra en el bajo vientre. Ve la verga aparecer y desaparecer de nuevo en ella. Le fascina esta carne brillante y tensa. Se pueden distinguir las venitas violáceas que la surcan.

Regresa al rostro. Discierne en él los primeros síntomas del placer. Los labios se aprietan, la nuez sobresale, forma una bola nudosa en la garganta. Los parpaos se despegan, la boca se entreabre, sus ojos se desorbitan. Las manos del hombre se hunden profundamente en sus nalgas. Se crispan, luego se relajan, mientras que el miembro se contrae, se sobresale, se retira de su vientre y viene a caer contra la cara interior del muslo bien formado de Roberto.

Él le toma la mano y guía los dedos sobre su sexo apaciguado. Ella sabe que, muy pronto, podrá hacer renacer la erección. Toda su atención se centra en este deseo que ella crea. El falo, bajo la caricia, comienza a vivir de nuevo, a hincharse lentamente. Poco a poco se endurece, luego vuelve a levantarse, lleno de arrogancia.

-Sí, así, con suavidad, ponme a tono otra vez, tenemos todo el tiempo. Acaríciame también con la otra mano, ordena Roberto.

Susana, pone la suya sobre las bolsas hinchadas, las roza, las sopesa, las acaricia y hace girar las dos bolas bajo la piel. Saben hasta que punto le agradan estos toqueteos. No puede evitar presionarlas un poco, tan poco, tan delicadamente.

-¡Ah! Que delicioso juego, exclama ella.

Susana está tan atenta al placer del hombre que siente apenas renacer el suyo propio. Su vientre, de nuevo, esta inundando de calor húmedo.

Él atrae el rostro de ella hacia el suyo, lo besa, recorre con sus labios los ojos, la boca, la cavidad de la oreja. Sus lenguas se buscan, se toman, se rehuyen, se persiguen. Susana se vuelve, boca abajo, pega su vientre contra la sábana. Parece postrarse como para una adoración pagana. Sus piernas, dobladas bajo el vientre, hacen sobresalir los muslos. Conoce su cuerpo en un tiempo perfecto. Su busto se aplasta sobre la cama, gira la cabeza como para invitarlo a tomarla mejor. El acaricia con la punta de los dedos esa grupa magnifica, resbala hacia el profundo surco, separa los dos firmes globos, frota en ellos su vientre. Acaricia ese otro orificio, lo barrena, se hunde en él como para notar su perfecta elasticidad. Sabe que ése es el lugar donde ella quiere que él se hunda.

Susana rara vez consiente el placer de Sodoma, teme siempre el doloroso desgarro, pero, en ese momento, lo llama, lo invita mediante un estremecimiento de sus nalgas, queriendo atraer al hombre a aquella sima. Ya no puede esperar más, es preciso que él se hunda en su mismo fondo. Sus dedos toman la verga, la acompañan, la presentan.

Ella hace todo lo que puede para relajar su esfínter. Y el hombre va hacia ella, comienza a perforar esa boca oscura, intenta avanzar con fuerza. No cree que esta potente penetración anal pueda llegar a hacerse, pero Susana se comba más, lo invita con una voz excitada.

-Ven, hunde, me abro, sé salvaje como antes, hazme daño, desgárrame ¡

Empuja lentamente, entra lentamente, se implanta poco a poco. Cree empalar ese cuerpo que se estremece bajo el esfuerzo. Susana tiene ganas de gritar, de dolor, de goce.

Por fin los dos cuerpos se fusionan en ese sodomítico abrazo. Por fin él se suelda a ella. Sus manos se apoderan de sus senos, los aplastan. Permanece inmóvil así, casi suspendido encima de ella. Susana abre la boca, sus músculos se crispan, hunde su rostro entre las sábanas como si nada en ella existiera más que su grupa tomada por esa estaca ardiente que avanza… El miembro, muy dentro de ella, hasta el momento, comienza a retirarse. Tiene la impresión de que una sima renace con su retirada, que hay un vacío en ella que es preciso colmar de nuevo, a cualquier precio.

-Vuelve, no me dejes, vuelve rápido, gimoteaba ella.

El balanceo de la posesión recomienza, la embriaga.

-Sigue meneándote, deja que mi placer aumente, le suplica ella. Este placer que relaja mi carne, que hincha mis senos, desciende por mi garganta, gotea por mis piernas.

Se agita, su cabeza se vuelve. Ahora conoce la violencia del cuerpo poseído, conoce el fondo de la sima, se sumerge en un delirio sexual sin fin.

Luego poco a poco, encuentra de nuevo un poco de sosiego y calma, su conciencia regresa y todo vuelve a tomar forma.

Después de este intenso polvazo que echaron, Susana y Roberto, se quedaron tumbados en la cama, con una satisfacción absoluta, y unos cuerpos que tienen hasta el último músculo resentido del increíble acto sexual que se vivió en aquella habitación.

Que decir que Susana, se quedó muy satisfecha con los servicios prestados, y Roberto… bueno Roberto, ahora va bastante más a menudo al centro comercial….

Si eres mujer y deseas que Roberto, te ayude algún día a llevar la compra a casa, en cualquier ciudad de la zona norte, añádelo a tu Messenger.

Un beso donde tú ya sabes.

paisa_inquieto 44M
1 post
3/9/2006 2:37 pm

No sé si es una historia real o la imaginaste, lo que si sé es que me encantó leerla. Tienes mucho talento, cómo lo pude ver tambien en tu poema. Sigue escribiendo que tendras aquí a un buen lector


rm_ALGARDF29 41M
7 posts
3/14/2006 12:23 pm

SABES ME PARECE LA HISTORIA INTERESANTE Y ME GUSTARIA VIVIRLA POR QUE LOGRA INTERESAR AL LECTOR EN CADA DETALLE DE LO OCURRIDO ADEMAS UTILIZAS TERMINOS MUY SENCILLOS PARA ENTENDER Y LOGRAR LA MISMA CALENTURA Y PASION POR OTRA PARTE ESPERO PODER VIVIR UNA CONTIGO EN UN BELLO LUGAR QUE CONOSCO CERCA DE BOGOTA DONDE EL FRIO PERO LOS BELLOS PARAJES LOGRAN LLEVAR AL EXTASIS Y AL DESENFRENO PERO CONTACTAME Y TE CUENTO EL RESTO DE LA IDEA


rm_Imosalo 51M
47 posts
3/23/2006 11:06 am

No se si la historia es real, pero a mi me parece uno de los sueños eroticos que cualquiera pudieramos tener; si no fuera asi, que envidia me da el tal Roberto y que suerte ha tenido con el momento.
Besos y abrazos.


amantesBogota 38M/F

3/26/2006 1:02 pm

La escritura y la poesía en el consciente, expresan lo que el subconsciente desea, imagina, piensa y recrea en silencio.

Ojalá pueda tener un encuentro tan erótico con una mujer como Susana. Eres tu Susana?

Regards

Andres


Become a member to create a blog