Dedicado a casadasola2, mi musa  

rm_pacopato 54M
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9/27/2005 3:15 pm

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3/5/2006 9:27 pm

Dedicado a casadasola2, mi musa


He leído varias veces las aventuras sexuales de mi admirada casadasola2, aunque ella no me conoce aún ha inspirado muchos de mis sueños más húmedos y sensuales. Este que narro ahora es uno de ellos,quizás el primero, aunque creo que ya perdí la cuenta.
Fue este verano cuando una noche cálida y de luna llena paseaba por la playa de un pueblo de la costa granadina de camino al pub donde trabajaba mi mujer. Me encontraba bastante sólo y, por qué no decirlo, excitado, hacía tiempo que no hacíamos el amor y la relación estaba deteriorándose por momentos. Como no tenía demasiadas ganas de oir música y respirar humo y vapores etílicos, me dirigí hacia la playa, tranquila y desierta a esas horas de la noche. Tan sólo se oía el rumor de las olas rompiendo en la orilla y me decidí a darme un chapuzón para refrescarme y relajarme un poco. Me despojé de la ropa y me zambullí en la oscuridad plateada del mar. Tras unos minutos regresé a la orilla y me tumbé boca arriba para disfrutar en silencio del cielo estrellado y esa maravillosa luna que se recortaba casi en el horizonte. Así me quedé un buen rato, pensando que estaba a salvo de las miradas de la gente que paseaba al otro lado de la carretera. De pronto, como si se tratara de un sueño me encontré ante mí con la cara de la exnovia de mi cuñada. No podía ser, precisamente ella tenía que aparecer allí y yo completamente desnudo me quedé por un momento sin saber que hacer ni decir. En un instante reaccioné y, bueno, si ya me había visto que más da. Me incorporé quedandome sentado sobre la arena mojada y con mucha naturalidad la invité a sentarse junto a mí y charlar. Así lo hizo, se sentó cerca, muy muy cerca de mí, tanto que dejo reposar su brazo sobre mi pierna aún mojada. Pero yo en el fondo estaba tranquilo, a fin de cuentas era lesbiana y no debía interesarle demasiado ver como mi miembro iba engordando y endureciéndose por momentos. Comenzamos a hablar de como había acabado su relación con mi cuñada y que toda la familia y amigos le habían dado la espalda, excepto yo, que era con el único con quién podía mantener una conversación de vez en cuando. Le comenté que me había decidido a tomar un baño para despejar mi mente de los problemas que tenía con mi pareja y que por ahora había funcionado, me encontraba más tranquilo.
Sin pensarlo un instante, se despojó de su ropa y ante mi sorpresa se dirigió pausadamente hacia el agua, contoneando su cuerpo con toda la sensualidad que le permitían sus caderas bien formadas, su culo prieto y respingon.
Cuando se había mojado hasta las rodillas, se dio la vuelta y mostrándome dos tetas grandes y duras, que se balanceaban tenuemente iluminadas por los rayos de esa luna que nos miraba impasible, me invitó a acompañarla con un vaibén de su cabeza.
Yo no me lo pensé y de un salto me incorporé y corriendo hacia ella dí un salto y la tiré al mar.
Nuestros cuerpos se abrazaron en un juego al principio inocente, pero la excitación que me invadía me lanzó a estrecharla entre mis brazos haciéndola notar sobre su culo la dureza de mi erección.
Sin darme tiempo a pensar ella bajó su mano y agarró con firmeza mi polla, acariciándola arriba y abajo, mientras yo apretaba con mis manos sus pechos, notando como los pezones se endurecían entre mis dedos que los pellizcaban una y otra vez.
Se giró y sin saber cómo, metió su lengua cálida y húmeda en mi boca, sin dejar de acariciar mi pene, que para entonces ya se encontraba bastante mojado.
Se arrodilló en el agua y noté como la punta de mi capullo rozaba sus amígdalas. Cómo la chupaba!!! Sería lesbiana, pero me la estaba comiendo como nunca lo habían hecho antes.
Noté que si seguía así iba a correrme en su boca, pero yo quería follarla por todos sus agujeros, quería inundar con mi flujo su coñito y traspasar ese culo tan espectacular.
Pensar que hace poco mi cuñada se había comido ese coño me animó aún más a sacarla del agua y tendiéndola sobre la arena meter mi cara entre sus piernas y lamer su clítoris duro como mi miembro, mientras las pequeñas olas seguían bañando nuestros cuerpos.
No os imaginais el sabor tan maravilloso de la sal del mar con los flujos de aquella vagina hambrienta de sexo.
No sé si alguien nos podía ver, pero a aquellas alturas ya no me importaba nada.
La tomé de la cintura y con decisión la senté sobre mí. Mi polla se introdujo en su coño como si siempre hubiera estado allí.
Ella subía y bajaba agitándo su cabello que salpicaba agua y arena sobre mi cara mientras mis huevos rebosantes de leche golpeaban su entrepierna.
Pero yo no quería correrme así, quería, lo necesitaba, follar aquel hermoso culo.
La puse a cuatro patas y lamí su coño desde el clítoris subiendo hasta llegar a aquel agujero pequeño y prieto que yo abrí introduciéndole mi lengua, !!qué maravilla!!.
Me estrujaba la lengua como si tratara de engullirla.
Apunté mi capullo en su ojete y empujé suavemente... !!NOOO!!
De repente se giró y me pidió que no lo hiciera, que no lo había hecho nunca y no sabía si le iba a gustar.
Pero yo me había propuesto follarme ese hermoso culo y con delicadeza la tumbé bocaarriba y comenzé a comerle de nuevo el coñito, levantándole poco a poco los muslos hasta dejar ante mí de nuevo el pequeño agujero.
Seguí lamiéndole el clítoris, le mordía los labios, le metía la lengua y mis dedos en la vagina, hasta que conseguí que llegara al orgasmo.
Pero no me detuve, continué con mi trabajo y poco a poco, cuando observé que ya estaba fuera de sí, le fuí introduciendo levemente mi dedo pulgar en el culo, ella gemía de place y deseo.
Me incorporé y metí de nuevo mi polla dura como una piedra en su coño chorreante una y otra vez, hasta que la pillé desprevenida y apunté mi glande en su ojete.
Un poco de resistencia al principio, pero cuando conseguí meter el capullo, gracias a la lubricación que para entonces tenía, el resto de mi polla se fue haciendo sitio poco a poco.
Después de tres o cuatro acometidas, ella me cogió de la cintura y tirando con fuerza se la metió hasta los huevos. Fué entonces cuando noté que le había gustado, sobre todo por el gemido de place que exhalaron sus labios.
Tras un buen rato en aquella posición, al ver que ya no iba a aguantar más, la saqué y se la puse en la boca.
Sin necesidad de decirle nada, se la comió toda una y otra vez hasta que mi leche le inundó la boca rebosándole por la comisura de los labios.
Nos fundimos en un beso en el que compartimos el semen con el que le había obsequiado, saboreándolo plácidamente mientras nos acariciábamos mútuamente nuestros genitales.
Tras un baño en las cálidas aguas del mar, fumamos un par de cigarrillos, nos vestimos y seguimos nuestro camino, como si nada hubiera pasado.
Yo me fuí a casa y dormí como un bebé aquella noche.
Al día siguiente, al despertar me di cuenta que tenía todo el cuerpo cubierto de arena y un sabor agridulce inundaba mi boca.
Joder, no fue un sueño. En realidad ocurrió, aunque desde entonces, cuando nos vemos, no mencionamos aquella fantasía ninguno de los dos. Tal vez no queramos romper el halo de sueño que nos envolvió aquella noche.

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