B, una mujer ejemplar  

rm_fiobre 48M
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8/28/2005 5:45 pm

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3/5/2006 9:27 pm

B, una mujer ejemplar

Esto es lo que sucedió hace unas semanas con B entre las 8:47 y las 9:25 de la tarde. Las horas son exactas porque no disponía de más tiempo. Por lo tanto que concentré en mi placer y dejé en segundo plano el de B, que tuvo el honor de ser mi zorra durante esos 38 minutos.

B tiene una cara deliciosa, de esas de niña pícara que a todos los hombres nos excita, con una sonrisa muy amplia. Melena con reflejos; antes llevaba algo parecido a rastas. No sé cómo se llaman, pero hacen que los pelos se agrupen en algo como trenzas sin ser trenzas.

Lo primero es un poco de higiene. B sabe lo que a mí me gusta, así que en el baño me lava los pies con cuidado, siempre sonriendo. La planta, el empeine, entre los dedos, asegurándose de que lo que va a adorar esté impóluto. Después me lava bien las ingles, los testículos, toda mi polla y mi agujerito de atrás, porque sabe lo que me gusta hacer y sabe que vamos a hacerlo.

Los rituales preliminares siempre son atractivos y necesarios, igual que los de despedida: marcan las pautas generales y señalan cuando empieza un párrafo y termina el anterior. Si no fuese así tendríamos una relación 24/7, que no tenemos. Este párrafo de hoy empieza con besitos. Cuando digo "bésame, esclava" ella responde "Sí, mi Señor" y sus labios empiezan a acariciar los míos, su lengua a meterse entre ellos, acariciarme las encías, tocar mi lengua... todo eso que a fuerza de repetido no deja de ser dulce.

La siguiente línea del párrafo dice "Pies, esclava"; así que se arrodilla ante mi, que estoy sentado en la cama, y me besa el empeine, delicadamente, teniendo cuidado de no dejarlo mojado con su saliva, pero sí ligeramente húmedo. Me besa los dedos de los pies, uno a uno, y me pasa la lengua entre cada uno de ellos, para eliminar lo que hubiera podido quedar después del baño. Está a cuatro patas delante de mí, con el culo hacia arriba, mostrando su agujero. Entre que me chupa uno y otro dedo creo que se merece un azote, un poco más fuerte cada vez, a veces en las nalgas, a veces en la vulva, que la hace estremecerse suavemente, y la hace decir "Gracias, mi Señor, por educarme". La próxima vez le ataré las manos a la espalda, a ver cómo se apoya en mis pies con solo su cara y sus labios. Cuando acaba de chuparme los dedos me levanta el pie y me pasa la lengua por la planta, teniendo cuidado de tragarlo todo, porque viene de su Señor, y cuando deposita la planta de nuevo en el suelo de la habitación, lo besa porque ahí va a depositar el pie de su Señor.

"Sube por las piernas, esclava". "Sí, mi Señor". Nunca me mira a los ojos - no puede, bajo pena de un castigo severo. Por las piernas suben sus labios y su lengua, llegan a mis huevos y los lame, se los mete en la boca, los saborea. Se va a sacar un pelo de la boca. Uno de esos pelos retorcidos. No sé si debería. "Esclava, ¿eso es un pelo de tu Amo?". "Sí, mi Señor". "Todo lo que viene de tu Amo es Amo tuyo, y no debes rechazarlo. Trágatelo.". "Sí, mi Señor". Lo traga, no muy convencida, pero su convencimiento no tiene ninguna importancia. Creo que algún día eyacularé en su cara y le ordenaré hacer la compra en un supermercado sin quitarse el semen.

Mi polla debe ser chupada, por supuesto. Lentamente lamida hacia arriba y hacia abajo, con la lengua, con los labios. Toda dentro de su boca, llegando casi a hacerle toser, pero ya aprendió hace tiempo a resistir las náuseas. Dentro de poco será el momento de realmente follármela por la boca, agarrándo su pelo y moviendo su cabeza como me plazca. Creo que será mejor atarla completamente para eso, no sea que intente resistirse y me haga daño.

"Entre las piernas tu lengua encontrará el tesoro que te mereces, zorra esclava". "Sí, mi Señor". Allí va la lengua de B bajando entre las piernas, abriéndose paso entre mis nalgas, buscando el orificio marroncito y cálido. No se puede quejar, porque está limpio. Suaves golpecitos, suaves caricias. Demasiado suaves. La agarro por el pelo, sujetando bien la parte de atrás de la cabeza para que no se mueva, y la meto hacia adentro. "Quiero que tu lengua salga bien de tu boca y se meta dentro de mí". "Sí, mi Señor". Así se revuelve su lengua en mi agujerito.

Tras un rato me aburro. "Polla. Dentro de la boca. Sin moverse". "Sí, mi Señor". Se la mete dentro de la boca hasta que sus labios tocan mi cuerpo. Me apetece ver su culo, así que me semiincorporo poniendo la almohada doblada detrás de mi espalda. "Gírate, esclava. Quiero verte el culo". "Fgli, i gflor". O sea, 'sí mi Señor' con una polla dentro de la boca. Qué bonitos son los rituales cuando están bien aprendidos. Cuando esta a cuatro patas, como ahora, sus nalgas se apartan y dejan ver un agujero rosado que me espera - pero no aún. La azoto un poco más con mis manos, y cada tres o cuatro azotitos le paso las uñas de mi mano derecha por la piel enrojecida y ahora sensible, y hace que de un pequeño respingo. No mucho, porque sigue con la boca enganchada a mi pollita y aún no tiene permiso para dejarla. Exploro su coño un poquito: está húmedo, y cuando lo hago y paso mis dedos por su clítoris se estremece un poco. Ya basta, porque hoy he venido a pasármelo bien yo.

"De rodillas, zorra. En el suelo, delante de ese sillón.". "Sí, mi Señor". Ahí está de rodillas, ante un sillón vacío, con la cabeza erguida, pero los ojos bajados mirando al piso de madera (sí, algunas costumbres de Gor me parecen bien, aunque toda la parafernalia de posiciones se me antoja excesiva). Quizá la esclava esté pensando algo. Es momento de confesar. Me siento frente a ella. "Esclava, ¿has sido fiel a tu Amo esta semana?". "Sí, mi Señor". "¿Has obedecido todos mis mandatos?". "Sí, mi Señor". "¿Absolutamente todos?". Titubeo. "Sí, mi Señor, todos". "No te creo - percibo que me has desobedecido en algo". "Señor, perdonadme, el jueves me masturbé, pero fue pensando en mi Amo y en el día de volver a verle". "Sabes que eso no está bien y que necesita corregirse. ¿Qué debo hacer ahora, esclava?". "Señor, esta esclava ruega ser castigada". Claro, en realidad le gusta. Necesita que alguien la guie por un camino.

Plaf. Bofetada en la cara. No demasiado fuerte, porque no quiero marcarla: hay que cuidar a las esclavas, pero sin que dejen de serlo. Plaf. Por el otro lado. Sigue con las mirada en el suelo, pero las manos están alzadas a media altura como si tuviese la intención contenida de protegerse. "Esclava, manos en la espalda, muñecas cruzadas, con las palmas siempre abiertas hacia atrás". "Sí, mi Señor". Plaf. Plaf.

"Si te has masturbado, además de desobedecerme ya te has dado el placer que te correspondía. Sabes lo que eso significa, ¿verdad?". "Sí, mi Señor". "Dímelo". "Mi Señor se servirá de mí por detrás". "Como eso es por tu educación, deberás ansiarlo. A ver.". "Mi Señor, esta esclava desobediente ruega que la tome por detrás para mayor placer de mi Señor y justo castigo de esta sierva". "Ponte a cuatro patas en la cama, zorra".

Feliz visión de nalgas abriéndose y descubriendo la flor rosa, la cabeza baja apoyada en los antebrazos con la frente. Otro día, conforme vayamos avanzando en nuestro aprendizaje, le ataré los brazos a la espalda. Un poco de lubricante y, sin muchos miramiento mi polla (no descomunal, pero tampoco pequeña) entra en ella, que ya está entrenada y la recibe con poco más que una mueca de ligero dolor. Mete-saca-mete-saca, un rato después estoy fuera. "Quítame el condón y límpiame la polla". "Sí, mi Señor". Obediente saca el plastiquito ese y cuidadosamente mete la polla en su boca para chupar todos mis jugos: no debe perder ninguna esencia de su Amo. Traga y abre la boca para que yo compruebe que no queda nada.

"Reverenciame mientras me visto". "Sí, mi Señor". De rodillas en el suelo apoya de nuevo su frente en los antebrazos, postrada ante mí mientras me visto. Calzoncillo, camisa, pantalón, calcetines, zapatos. Su trasero me sirve de apoyo para atarme los zapatos. De nuevo, hermosa visión del agujero rosa que acabo de traspasar. Meto mi pulgar en su culo y le doy una vueltecitas. Me agacho al lado de su cabeza: "Abre la boca y límpiame bien este dedo que te ha tocado, esclava. No debes sentir asco, porque eres tú misma lo que llevo en él". "Sí, mi Señor. Todo lo que me da mi Señor es bueno". Chupa a fondo un buen rato. "Ahora no olvides besar por donde piso, o tendrás que dar cuenta de ello la próxima semana". "Sí, mi Señor".

Me voy. Ni siquiera miro hace atrás: estoy seguro de que está besando por donde pisé.


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