ANONIMO  

rm_chulapita 41F
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4/19/2006 10:31 am
ANONIMO


Trabajo en una oficina del centro de Madrid. Una de muchas, todas iguales, todas impolutas, todas con grandes espacios y todas con micro mundos en los que vivimos y trabajamos ocho horas diarias. El sueldo no es gran cosa, claro que el trabajo tampoco.

Entro a las ocho de la mañana. Es invierno y no hubiese querido venir a trabajar con lo bien que se está en la cama, total para las cuatro cosas que voy a hacer. La mañana se convierte en una eternidad sólo a ratos entretenida por mis entradas al Chat y los amigos de Messenger. Y, así, llega la hora de la comida. Mamá, mi siempre querida madre, me ha preparado esos canelones con setas y bonito que tanto me gustan. Como siempre en mi puesto de trabajo, arropada por los panales que me separan de Juan a la derecha, Luisa a la izquierda y el borde de Manolo enfrente. Comer en el puesto de trabajo me permite salir media hora antes y por eso lo hago.
“Vamos a hincarles el diente” me digo y me preparo para la comida, me quito el chaleco y desabrocho la blusa hasta ese botón que siempre diferencia la búsqueda del encuentro. Un último dato: nunca llevo sujetador, me oprime en exceso y a mí me gusta ir un poco a mi aire.
La verdad es que los canalones de mami están de muerte y mi hambre está por los cielos. Mas que comer me convierto temporalmente en un pavo que traga canalones.
En un instante, del último canalón se ha separado la bechamel y se ha caído sobre mi seno. La bechamel está todavía caliente e inicia un lento recorrido, pastoso como una lengua, hacia la depresión entre los senos. No lo veo, pero lo siento. Cuando bajo la mirada hacia esa lengua de bechamel, esta retoca su recorrido, como si me leyese el pensamiento, y se dirige, más lenta si eso es posible, hacia mi pezón. Sigue caliente y en su lento andar mis pensamientos vuelan. Pasan por un “si aquí solo quedamos dos gatos”, “me voy a manchar la camisa, mejor desabrochar el botón y limpiarme de una vez” ,“déjate de niñerías Marta que puede venir alguien….” ; y mi mano desabrocha no un botón, sino dos. Reducida la presión del seno, la lengua de lava toma algo más de velocidad y deja en su camino parte de su vida. Como la lengua de Juan que va bajando poquito a poquito desde el cuello hasta pararse en el rosetón. El muy cabrón sabe como tentarme, su lengua recorre mi pecho como si fuese una banda de indios al ataque de un fuerte llamado “pezón” pero con una seria diferencia, yo quiero que tome el fuerte y el se distrae en los campos rosados durante infinitos tiempos.
La bechamel ya ha llegado al pezón, ahora algo erecto por el calor y mis ideas. No puedo evitar una sonrisa….
Yo no soy Juan pero me he acostumbrado a sus juegos. Voy retirando poco a poco la bechamel de su corto e intenso trayecto, la retiro con un dedo ensalivado. La verdad es que Juan lo hace mejor, pero mejor lo haría yo si mi lengua llegase a mi pecho. Solo queda ya el pezón. “haz un esfuerzo”, acerco mi seno a mi boca, saco la lengua tanto como me es posible y consigo pasarla por la bechamel. Un escalofrío me recorre el cuerpo, escalofrió placentero que me descubre que estoy mojada. Debo ir al baño, el resto ya se supone.
Por cierto, tengo que decirle a mama que no me haga canelones.

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