carreteras (m  

rm_caringdating 43F
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8/14/2006 6:58 am

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9/2/2006 7:34 pm

carreteras (m


Un atardecer en pleno verano, cuando la luz enrojeze y los contornos son impredecibles, perdida en una trama de carrereteras más que secundarias, entre campos, grupos arbóreos, curvas e inicios de caminos inquietantes con destinos inciertos, detuve el coche en un refugio al margen de la carretera. Las ventanillas medio bajadas, la radio silenciada; por música la brisa y la naturaleza chismosa. El sol amagando retirada frente a mí. El pálpito del paisaje acompaña mi respiración, que anhela fundirse con el exterior. Un vientecillo veraniego hace que se erice mi piel. Me revuelvo en el asiento. El codo apoyado en la ventanilla abierta, mis dedos empiezan a juguetear con mi pezón derecho, que asoma por el escote del vestido veraniego. Un coche se acerca. La visión de los faros en el lienzo anaranjado de la escena y los pneumáticos deslizándose pesadamente sobre el asfalto ardiente me perturban. El coche ralentiza su marcha al llegar a mi provisional morada. Retiro la mano de su ocioso destino anterior, aunque el pezón sigue erecto asomando por el escote desbocado. Mantengo la vista fija al frente, pero percibo que el automóvil se ha detenido en el espacio que media entre el refugio y la carretera. Un segundo, dos, tres, cuatro segundos; sigue ahí. Cinco, seis, siete ocho... Finjo buscar algo en mi bolso. Nueve, diez, once... No puedo resistir el instinto de mirar... A través de la ventanilla bajada veo un hombre. Su rostro queda escondido en la penunbra del coche pero su silueta en movimiento y sus jadeos contenidos explican que se está masturbando. Anochece; el sol ya casi se desvaneció. Mis pupilas dilatadas no se pueden apartar de su miembro, erecto y contundente, masajeado diestramente por sus manos robustas. Siento su mirada fija en mi. Mi mano alcanza de nuevo el pecho huidizo y reemprende sus caricias dedicadas. Me abalanzo sobre el volante, subre el vestido, abro las piernas y mi pubis frota el asiento. Mis caderas se contonean. El conductor anónimo se ha apoyado contra la ventanilla y con las piernas sobre el asiento del acompañante, me ofrece una visión frontar de su miembro a la vez que me observa abiertamente. Dejo caer mi cara sobre el volante; mi mano en la vulva, los jadeos incontenibles. Oigo un ruido: una puerta de coche. Baja, se acerca a mi ventanilla. Levanto la mirada, detengo mis caricias. Está junto a la ventanilla. Su pantalón abierto, su miembro desbocado, imponente. Me incorporo a través de la ventanilla, alcanza mis pechos, que asoman por el vestido y los frota con furor; yo bajo mi rostro hacia su miembro. Con una mano masajeo la base, la entrepierna, el pubis; con la otra, sostengo el miembro y lo recorro con fruición con la lengua, lo beso, lo acaricio, jugueteo con él. Él pasa de mis pezones a la espalda, con caricias contundentes como su deseo y suaves como la luz que va ya extinguiéndose definitivamente. El clímax está próximo. Y en la lejanía se perciben los faros de un tercer coche que se acerca. Él también lo ve. Nos detenemos y en un movimiento ràpido entra a la parte posterior de mi coche. El tercer coche pasa de largo y nos deja atrás. Él no se mueve del asiento posterior. Le veo por el retrovisor. Se incorpora i sus manos, grandes y fuertes acarician nuevamente mis pechos; una mano se desliza lentamente, mientras la otra sube impaciente mi vestido, y alcanza mi pubis. Describe múltiples círculos y redondeles en los recónditos rincones del placer, sin introdurir sus manos más allá de lo imprescindible. Estoy al borde de la locura. No puedo borrar la imagen de su miembro mientras sus manos también privilegiadas me transportan más allá del paisaje, de las limitaciones del automóvil y de la posibilidad de ser descubiertos. Un gemido de placer rompe el silencio de la noche campestre. Y mi cuerpo casi se desvanece sobre el volante de nuevo. Oigo como pausadamente sale del coche. Al pasar junto a mi ventanilla apenas ralentiza el paso; siquiera me mira. Vuelve a su coche. Se sienta frente al volante. Está abrochándose el pantalón. Ahora sí me mira. Creo percibir una mueca; acaso una media sonrisa. Arranca el coche y, pausadamente, se va sobre el asfalto ardiente. Mi piel sigue erizada, mis pechos turgentes se alzan implorantes y mi pubis, estremecido, pide más caricias que fijen para siempre el recuerdo de una tarde ‒ noche de verano en una carretera olvidada.

flysurfrobert 46M
18 posts
8/19/2006 5:02 am

uauuuuu, quiero estar perdido en el lugar
donde ha despertado tanto placer.
Que suerte tuvo el desconocido, de vivir una historia tan
excitante, tan sensual y además tan bien escrita.

felicidades.


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