CONOCIENDO A LAS MUJERES  

rm_adan_coru 45M
1 posts
6/12/2005 6:54 am

Last Read:
7/17/2006 2:40 pm

CONOCIENDO A LAS MUJERES


Hola esto podia ser un poco mi vida sexual, pero claro por donde empiezo, por ejemplo de cuatro año atrás, cuando me metí en esto de intenent, que al principio quedaba con niñas de 18 a 20 y tantos años, que no decía nada, asi que aumenté un poco la edad treintañeras y cuarentonas, aun recuerdo con la primera que estuvo 42 vasca, ir a recogerla al aeropuerto de Coruña, besarla venia con su hija y una amiga cogimos un hotel y mandamos a las otras dos a la habitacion y nosotros a la nuestra, ella timidamente se sento en un sofa me acerque a ella, empecé a besarla y acariciar su cuello y sus pechos senti como se calentaba, y empezamos a desnudarnos como locos a y a follar gordita pero como nos gustaba montarnos mutuamente.
Despúes de eso, cuarentonas de Coruña he conocido bastantes que bueno por curiosidad han querido conocer, ya que cuando chateo no hablo de sexo sino una conversacion amena otra cosa es en persona, recuerdo a una mujer de 48 años depresiva que a la media hora de charlar quedamos, charlando toda la noche tomando cañas café me invito a su casa y paso lo que paso follando como locos madre mia, estuvimos viendonos unos meses pero era muy celosa y enganchada a intenent, discutiamos mucho pero acabamos follando.
Lo dejamos y bueno desde hace dos años viajo a menudo a madrid donde tengo a una peruana ardiente que le encanta follarme y sentir tu piel, la verdad con ella nunca habia disfrutado follando que con ella, como mueve esa pelvis y como come mi polla, solamente comparable, desdehace un par de semanas una argentina que está de paso aquí en Coruña, que nos escribiamos con normalidad, quedamos eld ia de cumplir 34 años se abrazo a mi, empezo a acariciarme y a meterme mano, mmmmmmm que cuerpo tiene y que boca, al dia siguiente en un hotel nos pasamos la noche follando como tragaba el semen, otro dia os contaré alguna de mis historias. Besos a todas vostras.

bohemio440 37M
4 posts
12/2/2005 7:55 am

Siendo muy joven, escuché en una película (“Infielmente Tuya”, con Dudley Moore y esa belleza de Nasstaja Kinsky) que el buen sexo era algo así como cenar en un exquisito restaurante cinco estrellas. En estos lugares, todos los detalles, desde el voladito de la servilleta o del mantel de nuestra mesa hasta la iluminación y decoración del recinto, pasando por la atención en la recepción, la amabilidad del maitre, la simpática sobriedad de los mozos, la exquisitez de la carta, la maravillosa parsimonia en la apertura del vino escogido, la delicadeza de los platos de fina porcelana, la tersura del cristal de la copa donde beberemos, el encantador sonido de la plata de los cubiertos entrechocándose delicadamente sobre el plato, todo, absolutamente todo está diseñado para el disfrute de nuestros cinco sentidos. Conforma este cuadro un deleite que tiende a perdurar en el fluir de la noche, ya que en dichos restaurantes todo es maravillosamente lento, paladeado, saboreado hasta las últimas circunstancias. Bocado y trago de recepción, primer plato o appetizer, segundo plato, bebidas, postre, infusión final, acompañado de algún entremés entre plato y plato, configuran un programa irresistible para cualquier ser humano común y corriente, no solamente para los bon-vivant.

Trazando un paralelismo con el sexo, es preferible que todo sea lento y maravilloso, decía la linda de Nasstaja. No se equivocaba: con el tiempo, el hombre (y también la mujer) aprende que cuanto más tiempo dura una relación sexual, más satisfactoria y plena será. Profusión de besos, caricias, imágenes, palabras dichas suavemente al oído, lamidas, fragancias artificiales y naturales, coito... conjunción de los cinco sentidos para conformar el placer erótico de la pareja en un entorno etéreo donde el tiempo ha perdido su importancia.

Por supuesto, no siempre puede ser de esta manera. No siempre ha sido así, sobre todo en nuestros primeros años sexuales, en nuestras primeras experiencias. De adolescentes, éramos partidarios de la velocidad (no teníamos más remedio) y de la cantidad, no nos interesaba mucho quizás la calidad. Fast food sexual: hamburguesas y hot-dogs devorados a enormes bocados, papas fritas con mayonesa y ketchup, el acartonado vaso de gaseosa bebido de un trago y a otra cosa. Podíamos, llegado el caso, repetir el plato sin que nos hiciese daño, sin sentirnos nunca demasiado satisfechos.
No estoy para nada en contra del fast food, al contrario. Todo tiene su encanto. Después de todo, de vez en cuando y aun habiendo paladeado los placeres de una buena y distinguida comida, gustamos los humanos el saborear una apetitosa y jugosa comida rápida...

Era un frío día de invierno que dolía en los huesos. En la oficina no había casi nadie, solo estábamos tres personas de las 20 que éramos normalmente. Al mediodía, me preguntó mi jefe si quería bajar a almorzar. “No, gracias, voy a quedarme y a pedir que me traigan algo” le respondí, recordando el tremendo frío exterior y lo confortable que se estaba allí dentro. Florencia (la recepcionista, chica no muy alta y un poquito regordeta, con grandes pechos y un buen culo, amable y simpática) también declinó la invitación. Nos quedamos entonces solos en la empresa.

Me dirigí a otra oficina a buscar un libro, pasé por la recepción, vi a Florencia que me observaba y le sonreí. Me devolvió cálidamente la sonrisa. Siempre había habido buena onda entre nosotros, aunque nunca había intentado nada con ella. Cuando regresaba, me detuve a su lado.

-Voy a llamar al delivery, ¿querés que pida algo para vos, Flor?
-No, gracias, no pensaba comer, tengo que cuidarme un poco, ¿sabés?, si no en el verano mis trajes de baño me van a quedar horribles.
-Bueno tampoco exageremos, linda. Si vos te quejás, ¿qué nos queda al resto...? Y si tenés dudas acerca de cómo te quedan, me ofrezco a asesorarte...

Sonrió, bajó la vista y, algo nerviosa, se acomodó un mechón de pelo detrás de su oreja. Iba a seguir mi camino cuando me preguntó:

-¿Tenés idea de por qué este programa no me deja entrar a la base? Intenté varias veces y no lo he logrado. No puedo encontrar la falla... ‒ Me aproximé a ella y revisé rápidamente el aplicativo.
- Ah, este no es el programa stándard de acceso... Mirá, no soy muy ducho en esto, pero creo que no tiene todos los campos que se necesitan... A ver...

Intenté tomar el mouse, estiré mi mano hacia donde estaba y la apoyé sin querer sobre la suya, acercándome aún más a ella. Pude percibir la exquisita fragancia que desprendía su castaño cabello, producto de un buen shampoo. Ella me miraba fijamente, dejando su mano debajo de la mía. La suavidad de su piel era excitantemente increíble, inimaginable por mí hasta ese entonces. Sentí la tibieza que emanaba su cuerpo, esa aura femenina que tanto nos gusta percibir a los hombres.
Fue entonces que la frecuencia de mis latidos cardíacos dio un vertiginoso salto incremental, golpeándome en las sienes y liberando torrentes de adrenalina en mi cuerpo. Casi sin pensarlo, con mi mano libre, acaricié su espalda y sus hombros, mientras la miraba lascivamente a los ojos. Vi como sus pupilas se dilataban y su boca se entreabría...
El magnetismo de nuestros cuerpos cercanos hizo el resto.
La besé y, sin mediar espera, metí mi lengua en su boca. Ella respondió mi beso, al tiempo que me tomaba de la cintura y se ponía de pie. La tomé de sus nalgas y la atraje hacia mí con algo de vehemencia. Pude sentir cómo se aplastaban sus pechos contra mi torso, mientras proseguíamos con nuestro beso y acariciaba su cola con ambas manos.
La excitación ya había invadido mi cuerpo. Nos abrazamos con pasional fuerza, apoyando yo mi bulto sobre su sexo. Metí una mano por debajo de su blusa y acaricié con libidinosa fruición sus grandes senos.

“No, no, déjame…” dijo resistiéndose repentinamente, mientras se despegaba de mí. Sin decirme nada más, se dirigió al baño. Me miró antes de abrir la puerta. Esperé unos segundos y la seguí raudamente. Cuando me vio reflejado en el espejo del lavabo, inspiró profundamente y suspiró, dándose vuelta y apoyándose en la mesada de la pileta, mirándome entregada.

Avancé resueltamente hacia ella y volví a besarla salvajemente, hirviendo de pasión. La tomé de sus redondas nalgas y la alcé en el aire. La llevé dentro de uno de los compartimentos, acerrojando la puerta. Seguimos besándonos casi con desesperación allí ocultos.
Florencia no cesaba de gemir intensamente. De un tirón, le saqué su invernal blusa, dejando al descubierto sus redondos pechos aprisionados en su soutien.
Desabroché mi camisa y la arrojé al piso. Empezó ella a acariciarme mi torso desnudo. Con un rápido movimiento, desenganché su corpiño el cual cayó lentamente al piso, liberando sus magníficas tetas. Unimos febrilmente nuestros cuerpos, jadeando de placer. Pude sentir la dureza de sus pezones acariciando mi pecho. Volví a besarla, mientras sentía que ella me tomaba de mis cabellos y me empujaba hacia su dulce boca.
Con otro rápido movimiento, desabroché sus pantalones mientras ella hacía lo propio con los míos. Ambos resbalaron sobre nuestras piernas, cayendo al piso. Sin mediar espera, me bajó también los calzoncillos, saltando mi ya hinchado miembro al exterior.
Me agaché brevemente para bajarle su blanca bombachita, besándole los labios vaginales cuando los tuve frente a mi rostro. Un breve pero intenso gritito de ella acompañó mi acción.
Descalzó Florencia uno de sus pies, para liberarlo de sus pantalones y bombacha. Acto seguido, para abrir sus piernas lo más posible, apoyó ese pie sobre la tapa del cerrado inodoro, ofreciéndome su erótico terreno para recibir mi ya urgente abono. Le abrí aún más su vulva con mis dedos, mientras con la otra mano le acariciaba sus pechos.

La penetré de un golpe, casi con violencia. Su húmedo y tibio sexo casi deglutió mi enhiesto miembro, al tiempo que jadeaba intensamente y lamía con desesperación mi pecho. Sostuve su pierna levantada con mi brazo y casi la aplasto al apoyarla contra la pared, al tiempo que entraba y salía de su cuerpo con salvaje fiereza. Ella recibía y respondía los embates de mi picha con enorme placer, gimiendo rápidamente y acariciando con fuerza mis nalgas. Verdaderamente, su agujero era uno de los más excitantes y placenteros que recordaba.
Nuestra culminación no se hizo esperar. Carolina ahogó su intempestivo grito mordiéndome fuertemente el hombro, al tiempo que mi semen ardiente inundaba sus entrañas y mis sonoros jadeos invadían el ambiente.
Cuando nuestro arrebatador deseo estaba extinguido, la besé con ternura. Respondió mi beso, pero enseguida me dijo “Andate de manera urgente, puede venir alguien y si nos ven así, vamos a tener problemas”. Le hice caso, tomé mis ropas y me dirigí al baño de hombres, me lavé tan rápido como pude y me vestí. Arreglé un poco mis desordenados cabellos y me dirigí a mi oficina. Carolina ya estaba sentada en su sitio. Me sonrió íntimamente cuando pasé frente a ella.

Le devolví la sonrisa. Una extraña satisfacción me invadió mientras lo hacía. Habíamos sido presos de una ráfaga de violento erotismo. Una breve pero intensa escaramuza sexual se había desatado entre nuestros cuerpos. Comida rápida para nuestros apetitos carnales. Ella tenía ahora algo mío dentro suyo: 500 millones de inquietos segmentos de mi ADN. Yo tenía todavía algo de sus feromonas adheridas a mi sexo. Una rara pero placentera sensación se apoderó de mí mientras lo pensaba.

Ni bien me senté en mi oficina, entraron dos compañeras nuestras y se dirigieron resueltamente al baño. Evidentemente, si nos hubiésemos demorado un solo minuto más, nuestra experiencia hubiese culminado en un bochorno.

Por supuesto, no todo fue fast food entre nosotros. También tuvimos nuestra noche cinco estrellas, donde pudimos paladear sin apuro los sabores que ofrecían nuestros cuerpos entregados al placer. Florencia se lo merecía. Pero imposible olvidar, aún en la letanía, el festival de sentidos de aquella breve pero muy deliciosa comida rápida.


Become a member to create a blog