Noche, sue  

nigromante70 46M
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4/13/2006 2:11 am
Noche, sue


Está noche vi la luna de frente cuando viajaba por la carretera de Michoacán. Desde mi publicación pasada hasta ahora han pasado tantas cosas, que ni siquiera recuerdo qué es sentirse deprimido o espeso, como titulé mi publicación anterior. Tal vez lo que tuvo la fuerza para cambiar todo fue el encuentro que tuve con una chica hermosa que conocí en este club: todo fluyó como agua pura porque mientras cenábamos unas alcachofas acompañadas de vino tinto se fue la luz y la cama nos atrajo como un imán electrificado; su cuerpo es hermoso y lo recuerdo cada 4 horas y es tan alargado y vasto que necesitaría varias noches como aquélla para sentir que en verdad lo he poseído; mientras su aroma y el recuerdo de su tacto se van borrando en mi memoria me van creciendo las ganas de volverla a encontrar. No diré su nombre, como era la costumbre de los trovadores medievales, pero si ella lee este blog, sabrá que muy pronto le escribiré. Los sueños fueron en las dos noches que pasé en Paracho, Michoacán, durante una maravillosa experiencia profesional. En el primero llegaba a un enorme putero y tenía un agradable encuentro con una mujer cachonda y cálida pero antes de entregarme al placer me acordaba que en la cartera llevaba un fajote de billetes (que eran reales) del dinero de mis viáticos y honorarios, entonces me daba cuenta de que me lo habían robada y me lamentaba ¿cómo se te ocurre venir con una puta con todo ese dinero? Rogaba al cielo que existiera alguna solución, que no me quedara sin dinero para regresar y pagar los gastos de mi hijo; el cielo me escuchó porque la única solución posible es que fuera sólo un sueño. La segunda noche soñé que encontraba un río pero su caudal estaba estancado negro y terriblemente pestilente; era un paisaje que atría de tan grotesco: llantas viejas interrumían el tenebroso espejo del agua; seguía andando por la ribera y llegaba a una parte donde casas miserables convivían con el río: ahí el agua parecía correr espesamente igualmente negra y pestilente entre cadáveres y basura; entonces veía una vieja de pelo blanco y vestida totalmente de blanco que caminaba a mitad del río, el agua cubriéndole hasta la cintura. No puedo describir el terror que me causó ver a esa vieja sumergir la cabeza en el agua como si quisiera bañarse. Aterrorizado de pronto me encontré rodeado por esas aguas, y le pregunté a una mujer cómo podía salir de ahí; me dijo: aquí hay unos carritos que te llevan a la orilla. Asqueado combrobé que tenía que meterme a ese fango tóxico para seguir su consejo y grité: ¡No, dentro del agua no! y salí brincando por los grotescos islotes (tal vez cadáveres, tal vez llantas viejas, tal vez costales de basura) pero ni meterme a ese río agonizante.
También cuando viajaba de noche por la carretera crucé en dos lugares el río Lerma, que aunque no lo vea, su olor me recuerda esas imágenes apocalípticas del sueño ¿quiénes son lo hijos de puta que hacen eso? El fin del mundo para mí serían tres imágenes: bosques después de un incendio, ríos negros y pestilentes, horribles M de Macdonalds y estacionamientos gigantes de concreto.
Afortunadamente la realidad es mucho mejor que el sueño, hay que disfrutarla, hay que vivirla, hay que entregarnos a ella.

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