Sobre las bondades de la idiotez.  

menofwords 39M
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6/20/2006 9:51 pm
Sobre las bondades de la idiotez.


Me pasa constantemente y no sé si es culpa de los demás o es culpa mía, pero a veces uno se siente -por decir lo menos- un idiota. Y no es que esto sea grave, en realidad no pasa nada, pero ser idiota lo pone a uno completamente aparte, y aunque tiene sus cosas buenas es evidente que de a ratos hay como una nostalgia, un deseo de cruzar a la vereda de enfrente donde amigos y parientes están reunidos en una misma inteligencia y comprensión, y dan ganas de frotarse un poco contra ellos, como si fuera un gato, para sentir que no hay diferencia apreciable y que todo esta bien.
Lo triste es que todo va mal cuando uno es idiota, por ejemplo cuando salgo a caminar por la playa o el bosque, voy a dar un paseo con algunos amigos. Y de repente observo un pozito de agua donde la luz se refleja delicadamente, donde las hojas caen dibujando círculos en la superficie para que pocos segundos después comiencen a chocar unos contra otros. Me doy cuenta de que esto me divierte y a veces hasta me conmueve enormemente, me alegro de vivir y de haber tenido la suerte de ir esa tarde a ese sitio, donde todo el mundo, así completo, árboles, gente y agua están jugando a hacer cosas extraordinarias o mostrandosé cosas que jamás se habían imaginado antes, inventando un lugar de revelación y de encuentro, algo que arrastra los momentos en que no ocurre nada más que lo que ocurre todo el tiempo.
Y así estoy deslumbrado... y así estoy tan contento de ser testigo de este espectáculo que cuando llegan los amigos al sitio de mi descubrimiento y les digo que esto es una maravilla, los colores, las formas y los veo que con suma sensatez e inteligencia me dicen que si, que el paisaje es bonito y que los colores no son malos, pero que desde luego hay sitios más bellos en el mundo; o me dicen que me baje de la nube y así cosas y cosas. Es en esos momentos cuando comprendo que soy idiota, pero lo malo es que a uno se le ha olvidado cada vez que lo maravilla algo que pasa.
Me gustaría defender mis ideas o decirles que cada rincón puede ser especial y depende de la perspectiva o el cristal con el que se miran las cosas. Porque la verdad es que me han parecido un paisaje admirable. Además, he sido tan feliz ahí como testigo, que las palabras inteligentes y sensatas de mis amigos me duelen como por debajo de la piel, y eso que comprendo perfectamente cuánta razón tienen y cómo el paisaje no ha de ser tan bueno como a mí me parecía (pero en realidad a mí no me parecía que fuese bueno ni malo ni nada, sencillamente estaba transportado por lo que ocurría como idiota que soy, y me bastaba para salirme y andar por ahí donde me gusta andar cada vez que puedo, y puedo tan poco).
Y jamás se me ocurriría discutir con mis amigos porque sé que tienen razón y que en realidad han hecho muy bien en no dejarse ganar por el entusiasmo, puesto que los placeres de la inteligencia y la sensibilidad deben nacer de un juicio ponderado y sobre todo de una actitud comparativa. De ninguna manera pretendo discutir con ellos y a lo sumo me limito a alejarme unos metros para no escuchar el resto de las comparaciones y los juicios, mientras trato de retener todavía las últimas imágenes del círculo en el agua. Sin embargo, ahora mi recuerdo se ve inevitablemente modificado por las críticas inteligentísimas que acabo de escuchar y no me queda más remedio que admitir la mediocridad de lo que he visto y que sólo me ha entusiasmado porque acepto cualquier cosa que tenga colores y formas un poco diferentes. Recaigo en la conciencia de que soy idiota, de que cualquier cosa basta para alegrarme de la cuadriculada vida...
Ahora estoy seguro de que no ser idiota es una de las cosas más importantes para la vida de un hombre, hasta que poco a poco me vaya olvidando, porque lo peor es que al final siempre me olvido. Por que sentir todo esto es una especie de adicción a la sorpresa, pues me parece que al ver algo tan lleno y al mismo tiempo tan imposible, tenerlo ahí a mi alcance me llena de una especie de árbol interior que se me expande por dentro.
Pero muchos me han dicho que mi entusiasmo es una prueba de inmadurez (quieren decir que soy idiota, pero eligen las palabras) y que no es posible entusiasmarse así por una telaaraña que brilla al sol. A mí eso me sorprende un poco, porque en realidad el entusiasmo no es una cosa que se gaste cuando uno es realmente idiota, se gasta cuando uno es inteligente y tiene sentido de los valores y de la historicidad de las cosas.
Ahora que lo pienso la idiotez debe ser eso: poder entusiasmarse todo el tiempo por cualquier cosa que a uno le guste, sin que un dibujito en una pared, o la nota de tu novia en el bolsillo con el garabato de una sonrisa tenga que verse menospreciado por el recuerdo de los frescos de Miguel Angel en el Vaticano. La idiotez debe ser una especie de presencia y recomienzo constante: ahora me gusta esta piedrita blanca, ahora me gusta la Capilla Sixtina, ahora me gustas tú, ahora me gusta esa increíble turbina dando vueltas y resoplando el aire en el aeropuerto. Ahora me gusta, me gusta tanto, ahora soy yo, reincidentemente yo, el idiota perfecto en su idiotez que no sabe que es idiota y goza perdido en su goce, hasta que la primera frase inteligente lo devuelva a la conciencia de su idiotez y lo haga buscar presuroso su reloj, o se aleje rapido y silenciosamente mirando al suelo, comprendiendo y a veces aceptando porque también un idiota tiene que vivir, claro que hasta otro círculo en el agua u otra gotita aparezcan en el horizonte, y así siempre.

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