LA MAESTRA  

ladiabla6969 59F
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7/19/2006 11:42 pm

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10/27/2006 11:56 pm

LA MAESTRA


Las noches me parecen interminables desde que le quiero. Me despierto antes de que suele el despertador, ágil como una quinceañera. Me precipito en el baño para mirarme lo que creo que él va a mirar.

Hace tiempo que no me observaba ni me preocupaba de mis gestos, de mis ojos y boca, de cada cosa que creo pudiera gustarle. Vuelvo a ser coqueta y me doy cuenta de que, mi temor a no atraerle, me hace la faena terriblemente difícil, porque hasta los colores de mi ropa tienen ahora importancia para mí. Estoy enamorada y me apetecen los colores luminosos que me recuerdan la primavera, luz, calidez, atrevimiento, locura.

Estoy loca de amor y no me importa que lo vea, no pienso fingir por más tiempo, quiero estallar, gritar, decirle que le deseo, que lo es todo para mí.

Esta mañana voy a decirle que necesita clases de matemáticas con urgencia, si quiere pasar el curso. En el peor de los casos me diría que tiene ya un profesor particular, o que no puede permitirse pagar ese tipo de clases.

Me ha contestado que, con gusto, vendría a mi casa, porque prefiere que sea conmigo.

No lo puedo creer, tengo que buscar un vestido nuevo, sé que le gusta el azul cielo, porque leí una redacción suya, en la que describía su fascinación por el color del cielo, el color que había visto durante sus vacaciones en el Sur. Le llenaré la casa de azul y, hasta a mis ojos les pondré sombras azul cielo.

Me faltan dos noches largas que van a ser dolorosamente interminables, hasta que llame a mi puerta, el miércoles a las 4 de la tarde.

No sé por qué, pero algo me dice que le gusto. Le he pillado tantas veces mirándome y poniéndose rojo, sin saber hacia dónde dirigir sus ojos.

Enfrente de mí, solos por fin, le doy como puedo la clase prometida; procurando ser esa mujer que el conoce a diario en la universidad, pero que ya no es la misma. Soy lo que siento, una mujer llena de deseos y de pasión. Una mujer que, a duras penas, intenta frenar las ansias de decirle lo que siento por él.

Le digo que, por hoy, dejamos la clase, porque le siento distraído, nerviosos, perdido, inquieto.

Nos relajamos con un refresco y empiezo, con temor, a tratar de entrar en la parte más personal de su vida. Le hago preguntas, porque tengo miedo de lanzarme de buenas a primeras, con el riesgo de un posible y terrible rechazo.

Me contesta que le gusta una mujer morena, con los ojos castaños, delgada, no muy alta... Una descripción que se ajusta en todo a mi.

Le pregunto su nombre. No quiere decírmelo...

A cada gesto mío, sus ojos me siguen hambrientos. Con toda la intención del mundo dejo resbalar un tirante de mi vestido, me acaricio las piernas, lentamente, mientras le hablo. Me acerco a él tocando su mano, subiendo con la mía hasta su cara, sin cesar de mirarle a los ojos.

Le veo confuso pero siento que le gusta. Mi boca besa su frente y voy viajando hacia la suya que me estaba esperando. Le beso una vez, otra vez. No paramos de besarnos.

Me abraza desesperadamente, y le invito a que acaricie mi cuerpo. Lo hace con brusquedad, como si temiese que le iban a quitar el mejor de los manjares.

Me quito la parte alta de mi vestido, agarrando su mano para ponerla sobre mi pecho. Mientras me acaricia le quito la camisa. Los dos nos vamos descubriendo poco a poco.

A partir de este momento y con la seguridad de que no hay vuelta a tras, dejo que mi deseo más primaria se realice. Él lo desea tanto como yo y, sin poner ningún obstáculo, corresponde de manera natural a esta lluvia de caricias y besos que vamos enlazando, al tiempo que desabrocho su pantalón hasta tomar su sexo con mi mano.

Busca mi pecho para besarlo y, loco de pasión levanta mi vestido cogiendo mis nalgas con firmeza, buscando mi sexo.

Siento la necesidad urgente de tumbarme con él en el suelo, cosa que hago no sin antes quitarle los pantalones, hasta tener su cuerpo tan deseado cubriendo el mío.

En esta carrera desenfrenada, una vez más tomo la iniciativa, guiando su sexo hasta hacerlo penetrar en el mío. El placer es tan intenso que debo frenarle para que no termine de inmediato. Le tranquilizo, le acaricio la frente, la espalda que chorrea de sudor y, despacio, con ternura, sigo con mi lluvia de besos mientras siento su latido muy dentro de mí.

No quiero perderme en el control de esta locura, estoy esperando ese último instante en el que vaciará en mí llenándome de él, y me dirá que me quiere, una y otra vez.

Tanta dicha en pocas horas me hace pensar que Dios existe, aunque sigo con mi idea de que, en este íntimo momento no hay sitio para nadie que no seamos mi amado y yo.

Mi amado, al que sigo besando con pasión, dándole mi cuerpo que ya me pertenece. Me dejo acariciar hasta el mínimo pliegue de mi piel. Juego al escondite para invitarle a buscar entre mis piernas lo que yo nunca he visto, mientras sus dedos largos y finos encuentran el camino de mi vagina, mientras sus caricias me hacen gritar de placer en un nuevo orgasmo.

Después le cojo la cabeza, mojada como la de un recién nacido, posándola entre mis pechos y acariciándole el pelo, despacio, porque ya no tenemos prisa. Tan solo quedarnos pegados y volver a inventar otra forma de amor.

rm_rockator01 54M

10/21/2006 12:56 pm

Tu historia me ha trasportado al pasado, cuando era un chaval enamorado de su profesora de matemáticas. Recuerdo que por entonces me empeñé en ocupar la primera fila de la clase, enfrentado directamente a su mesa, bajo la cual observaba sus pantorrillas que, muy a menudo, emergían de unas botas camperas que dotaban de una energía desconocida aquella imagen que me hipnotizaba clase tras clase. A menudo, fingía tener problemas con las tareas, o dudas sobre este o aquel tema. Entonces, reclamaba su atención, y ella se inclinaba sobre mi pupitre ofreciéndome el roce de sus cabellos sobre mis mejillas, sus ojos oscuros que iban del papel a los mios y de vuelta al papel, los labios deseados, de los cuales surgía una letanía que me hacía sentir mareado, y en el fondo de ese espacio que me abrasaba la piel, su camisa entreabierta mostrando el inicio de unos pechos misteriosos que elevaban mi deseo hasta lo insufrible.
A pesar de mi poca experiencia, tanto en la vida como en el amor, tenía la certeza, sentía el indudable pálpito, de que deseaba seducirme.
Una tarde cercana al final del curso me dirigía hacia el colegio, ubicado en la parte mas alta del casco antiguo de la ciudad. Hacía calor y los zapatos parecían pegarse a la cuesta asfaltada. Escuché el motor de un vehículo que iniciaba el ascenso a la rampa, acercándose hasta quedar parado a mi altura. Asomada a la ventanilla de su dos caballos, la profesora de matemáticas me invitaba a subir al coche con una sonrisa cálida, cercana. Incapaz de superar mi timidez, abrumado por el peso de la situación, balbuceé una excusa idiota y me quedé atrapado en la nada, observando como el coche desaparecía cuesta arriba.
A los pocos días el curso acabó. Recuerdo su abrazo de despedida, su mirada que me invitaba a corresponderla, y un último beso que todavía arde en mi cuello.

Gracias por avivar estos recuerdos.


ladiabla6969 59F

10/25/2006 10:26 am

    Quoting rm_rockator01:
    Tu historia me ha trasportado al pasado, cuando era un chaval enamorado de su profesora de matemáticas. Recuerdo que por entonces me empeñé en ocupar la primera fila de la clase, enfrentado directamente a su mesa, bajo la cual observaba sus pantorrillas que, muy a menudo, emergían de unas botas camperas que dotaban de una energía desconocida aquella imagen que me hipnotizaba clase tras clase. A menudo, fingía tener problemas con las tareas, o dudas sobre este o aquel tema. Entonces, reclamaba su atención, y ella se inclinaba sobre mi pupitre ofreciéndome el roce de sus cabellos sobre mis mejillas, sus ojos oscuros que iban del papel a los mios y de vuelta al papel, los labios deseados, de los cuales surgía una letanía que me hacía sentir mareado, y en el fondo de ese espacio que me abrasaba la piel, su camisa entreabierta mostrando el inicio de unos pechos misteriosos que elevaban mi deseo hasta lo insufrible.
    A pesar de mi poca experiencia, tanto en la vida como en el amor, tenía la certeza, sentía el indudable pálpito, de que deseaba seducirme.
    Una tarde cercana al final del curso me dirigía hacia el colegio, ubicado en la parte mas alta del casco antiguo de la ciudad. Hacía calor y los zapatos parecían pegarse a la cuesta asfaltada. Escuché el motor de un vehículo que iniciaba el ascenso a la rampa, acercándose hasta quedar parado a mi altura. Asomada a la ventanilla de su dos caballos, la profesora de matemáticas me invitaba a subir al coche con una sonrisa cálida, cercana. Incapaz de superar mi timidez, abrumado por el peso de la situación, balbuceé una excusa idiota y me quedé atrapado en la nada, observando como el coche desaparecía cuesta arriba.
    A los pocos días el curso acabó. Recuerdo su abrazo de despedida, su mirada que me invitaba a corresponderla, y un último beso que todavía arde en mi cuello.

    Gracias por avivar estos recuerdos.
Tu comentario sobre mi cuento es el mejor elogio que me podrían hacer, amigo, siempre he tratado de que mis histórias sean creíbles, un reflejo de la realidad, y si como en este caso, lo consigo, me siento feliz al leerte.
Mi planteamiento es siempre el mismo, lograr que mis ocasionales lectores puedan decir me ha ocurrido a mi, conozco un caso parecido, y cosas similares. Sin establecer paralelismo alguno y ojalá me pareciese a él, recuerdo una anecdota sobre la madre de Gabriel García Marquez. Decía de su hijo que no es que tuviera mucha imaginación, sino muy buena memoria, porque en sus novelas había relatado la vida y milagros de personajes reales.
Gracias por leerme y por esa história tuya que quizas, mi texto, te haya hecho revivir.
ladiabla6969


rm_rockator01 54M

10/26/2006 7:40 am

Efectivamente, amiga Diabla, con tu cuento te has sumergido en lo mas cálido de mis recuerdos y sentimientos, en ese rincón reservado para los mas bellos. Ha sido un placer que hurgases diabólicamente en ese espacio.

He leído en tu blog que eres escritora profesional. Yo escribo por afición, y porque no puedo soportar por mas tiempo el ruido interno de mi cerebro sin exteriorizarlo. De momento realizo mis intentos en el relato corto, abierto a cualquier estilo e idea, sin pretensiones ni metas descabelladas.

Hace nada he inaugurado un blog en el que pretendo publicar mis ideas. Te invito a visitarlo por si fuese de tu interés.

Cuídate.


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