PARTE III: Destino  

indi3773 43M
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8/16/2006 8:18 am
PARTE III: Destino


Levantó la cabeza ligeramente hasta llegar a mis labios, nos besamos largamente y después me susurró que continuará con lo que estaba haciendo, así que regresé a sus pechos y me sumergí nuevamente en sus generosas carnes. Al cabo de un rato, ella me pidió que intercambiáramos las posiciones y cuando estuvo sobre mi, inicio la liberación de mi sexo que desde hacia un buen rato ya luchaba por salir al exterior. Su mano se introdujo con delicadeza en el interior de mi ropa interior, puesto que el pantalón ya estaba bajado ligeramente por debajo de mis nalgas, y no tardó en posarse sobre mi pene que reaccionó al contacto con varias sacudidas que se atenuaron al sentir el contacto de sus labios. Su lengua empezó a humedecer el glande y de vez en cuando se acariciaba con este las mejillas para dirigirlo nuevamente a sus labios e introducirlo en su boca. En pocos segundos, la destreza de aquella mujer me hizo perder el sentido y me ví inmerso en un mundo de sensaciones que aun no había descubierto con ninguna otra. Después me pidió regresar a la postura inicial, indicándome que debía situar mi sexo entre sus senos pasando así de la humedad de su boca a la suavidad de sus pechos, entre los que me deslizaba al tiempo que las miradas se cruzaban y nuestros labios dibujaban una sonrisa cómplice.
Al cabo de unos instantes, tomé la iniciativa para devolverle todo el placer que me estaba regalando. Empecé inclinándome hacia ella buscando sus labios, e inicie un viaje en el que descubriría todo el complejo mundo de olores y sabores que se extendian a lo largo de su cuerpo desnudo. De los labios pasé a la barbilla, y me entretuve en su cuello para continuar bajando hasta reencontrarme con sus senos. Con la punta de mi nariz recorrí su escote e inspire para impregnarme todo de ella y seguí por su vientre hasta el pubis, rodeé el exterior de los labios vaginales, alargando el momento en que iniciaría la parte del viaje más esperada, la que me llevaría a recorrér el clítoris y los pliegues de su sexo, que de nuevo acariciaría primero con la punta de la nariz, volviendo a inspirar fuertemente y sintiendo como mis pulmones se llenaban de ella con una fragancia mucho más intensa que cualquiera de las que había encontrado en aquel Edén en que ya había convertido su cuerpo. Sentí como mi sexo sufría una contracción tan intensa como el olor que estaba experimentando, tan intensa que el dolor que me provocó tardaría varios minutos en disiparse. Inicié la búsqueda de su orgasmo con delicadeza, explorando cada uno de los pliegues ya humedecidos por la excitación, de vez en cuando inspiraba ligeramente para no olvidar aquel perfume que se me antojaba salvaje, poco a poco las caricias aumentaban su frecuencia y su intensidad, nuestros corazones estaban acelerados y yo casi podía escuchar sus latidos, arrastrados por la brisa que recorría aquel descampado que ya me parecía la suite del hotel más lujoso.

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