Entras a mi casa. Es de noche.  

galloclaudio1962 54M
0 posts
7/2/2006 12:39 am

Last Read:
10/10/2006 4:50 pm

Entras a mi casa. Es de noche.


Entras a mi casa. Es de noche. Está tibio y se escucha música clásica. En la mesa del comedor están dos puestos para cenar, con un candelabro con velas por toda iluminación.

Tu vas vestida con tu minifalda blanca, y una blusa también blanca, sin ropa interior. Yo llego con tenida de cocinero cacero, pués en eso estaba. Llego con dos copas de Champagne, y nos damos un brindis por esa velada. Después de mirarnos a los ojos, te beso largamente, con calma, tranquilidad y tiempo, pero bien besada pués tú como mujer te mereces ese beso, que de hecho te va lavando tu cansancio y los pesares cotidianos de esta vida.

Me acompañas a la cocina y conversamos de todo y de nada mientras preparo la cena, tomando Champagne. De vez en cuando te beso y te acaricio ese culo que se lo tiene tan merecido. Es una caricia leve, casi de amigos, casi... Te doy otro beso, y en la eternidad de dicho beso, nace el deseo, de seguir besandote, de seguir explorando tus humedales con mi lengua, de seguir saboreandote... Te subo sobre la mesa de cocina y te saco la minifalda y procedo a explorar tu sexo con mi lengua. Es una exploración determinada, deliberada, completa. Tan completa que gritas de placer con un orgasmo clitoridiano tremendo. Te bajas de la mesa de cocina, te arodillas frente a mi, me desabotonas y bajas el pantalón y con delicadeza lo pones en tu boca, en donde das placer por el placer de dar placer... hasta beber toda mi leche guardada desde demasiado tiempo...

Te paras, y con mi ligero dedo recojo algunas gotas de leche de tus mejillas y de tu cuello y te las doy a lenguetear, como la gatita feliz que eres ahora. Sigo cocinando y tomo los ostiones que tenía, los haga saltar a fuego vivo en mantequilla en el sartén, con unas chalotas cortaditas en rodajas, cubro con un vaso Cognac y hago flambear el todo. A los cinco minutos agrego crema fresca, una pizca de nuez moscada, revuelvo, y listo, nos vamos a sentar a la mesa semidesnudos con los ostiones a la crema, y una botella de Chardonnay.

Conversamos de viejas recetas de bucaneros, de historia, de la última novela de Catherine M., de todo y de nada, dejando simplemente que nuestros cuerpos gozen todos sus sentidos... Delicadamente con mi dedos húmedos a vino blanco toco tus pezones mientras conversamos... Pero tanto va el jaro que al final nos besamos nuevamente, tranquilos y gososos, beso tu cuello, tus pesones olorosos al vino, tu me sacaste la camisa, y me besaste todo, otra vez, y cuando estando grande y duro en tu boca, me arodillo frente a tí sentada en la silla, te pongo tus pies al hombro, y con suavidad y firmeza te penetro con un ritmo lento que poco a poco se vuelve más rápido, más imparable, inevitable, como la música del Bolero de Ravel que está tocando de fondo. Tu gimes, te quejas y yo sigo constante con ese ritmo de tren, hasta que en ese instante, los dedos de tus pies se acurrucan, tus ojos se humedecen, tu vagina se contrae y gritas con ese grito telúrico más antiguo que la memoria. Y ese grito es la señal para que yo también grite. Para que nuestros cuerpos unidos en los espasmos del placer caigan uno sobre el otro. Unos largos minutos mas tarde, me levanto y con ternura pongo mi sexo ya pequeño en tu boca para que lo limpie tu lengua ardiente.

Destapo otra botella de vino, esta vez un Viognier, y seguimos conversando mientras sirvo el segundo plato, unos camarones ecuatorianos simplemente cocidos al vapor en esos potes de bambú tan chinos. En la olla había puesto una mezcla de agua con un pisco fragante como el de Bau para darle un toque. Los camarones ya fríos fueron servidos con varias salsas de acompañamiento. A ti te gustaron más la golf y el ailoli. Cenamos pausadamente, sin prisa, ya desnudos y ahora con esa complicidad que sólo dan las viejas amistades, tu risa coqueta llamando por más, aún. Me cuentas de la falta de cariño, de la falta de ternura, y sobretodo de la falta de pasión. Yo te escucho mientras tiernamente te acaricio los pies, o quizás, la espalda.

Con lo camaranos ya acabados, me paro y voy a buscar el postre, una torta de merengue con lúcuma y un vinito blanco Late Harvest para acompañar. Tu juegas con la comida, y te esparces la crema de lúcuma por sobre tu cara, tus pechos, tu cuello, y yo me veo obligado a chuparte entera para quitarte esa cafesura de la blanca tersura de tu piel. Te acuestas sobre mi sofa de cuero negro y dejas que te quite toda la crema de lucuma de tu cuerpo mientras coqueteas haciendote la amarada de pies y manos, y te contorsionas como tratando de escapar, pero es sólo para gozar más mi boca y mi lengua por tu cuerpo. Me levanto, te doy vuelta, te junto las rodillas, te subo tu culo y te dejo con la cabeza y los senos apoyados sobre el sofa de manera de tener sólo a tu culo arriba, como un monumento al deseo. Te digo que no te muevas y me voy. Vuelvo al rato con el pote de crema de lúcuma y un vibrador chico, con el cual procedo a llenar tu culo de crema. Esa tarea te excita mucho y a mi también, tanto que me viene una de esas erecciones portentosas y cubro mi sexo de crema y de lo hago chupar, pero sólo un poco, porque la posición es incómoda y porque dejé el vibrado en tu vagina. Vuelvo a cubrir mi sexo de crema y te penetro tu vagina, con fuerza. Y con fuerza to doy una y otra vez, tu atrapada en tu juego de las manos y pies atadas. Llegas rapidamente al orgasmo, mucho antes de que yo este listo. Contrariado, saco mi sexo de tu vagina y lo dejo ir a explorar tu ano de crema cubierto. Lentamente te penetra, te hace tuya, te abre las entrañas y te va haciendo completamente mía. Suavemente, con infinita paciencia voy moviéndolo, paulatinamente, hasta que te hayas abierto por completo a mi. Y allí, voy moviéndolo cada vez con más fuerza, mientras te meto el vibrador en la vagina y te dejo caer en un pozo sin fin de placer, lujuria y locura.

Become a member to create a blog