En la penumbra de la habitaci  

famosobrc 43M
32 posts
7/27/2006 5:26 pm

Last Read:
5/5/2008 2:51 pm

En la penumbra de la habitaci


Su silueta era más un misterio imaginado que una realidad. Se volvió y puso sus manos en mi nuca y acercó a los míos sus labios; mientras, su cuerpo turgente se apretaba con el mío, haciendo que una erección instantánea clavara mi sexo en su bajo vientre. Al principio el beso fue suave y cálido, como explorándose unos labios y otros; luego fue un beso apasionado, ardoroso y largo, que nos hizo perder el aliento hasta que nos separamos sofocados.
- ¡Te quiero!... ¡Te quiero! -repetí con voz entrecortada.
- Y yo a ti, cariño- respondió ella, más segura de sí misma.
La tomé de la cintura y con blandura, pero con mi aplomo ya recobrado, la lleve hasta la cama, en la que quedamos sentados.

No sabíamos cómo empezar. Durante un instante, que me pareció muy largo, estuvimos quietos intentando traspasar la tiniebla que nos envolvía. Sólo veía su silueta y algún punto de luz reflejado en sus pupilas inquietas. También sentía la tibieza de su cuerpo en mi brazo, pues aún la tenía abrazada por la cintura. Le besé en los labios, le mordisqueé la oreja y mi boca buscó sedienta la piel de sus senos. Por fin me decidí y le desabroché a tientas los botones de su camisa; le descubrí los hombros y acaricié la hondonada de entre sus pechos que, como un profundo valle de placer, suave, cálido y perfumado, vivificó mis sentidos y me excitaron. Ella correspondía a mis caricias devolviéndome los besos y enredando sus dedos entre mi caballo y de placer, suspirando.

Tanteé en su espalda y destrabé los corsetes del sujetador. Sus pechos quedaron al descubierto y, con irrefrenado ardor, los besé. Blandamente mordí y lamí sus pezones que de inmediato se atiesaron. Para entonces la excitación de mi sexo era total y comencé a sentir la tirantez en la piel de mis testículos y la tensión del pene fuertemente apretado contra mi bragueta.
-¡Cariño, estoy mojada!- oí que me decía con voz entrecortada.
Terminé de quitarle la camisa y me centré en quitarle la falda. Ella se internó más sobre la cama y me dejó hacer. Yo como si de un rito sagrado se tratara, con emoción contenida lentamente, disfrutando el momento le quité las bragas. Tanteé su cuerpo acaricié sus nalgas y llevado por mi deseo entre las piernas le llevé la cara y me sumergí en el éxtasis de sentir su sexo caliente en mis labios. Lo besé, lo lamí lo mordí, le introduje los dedos y ella se estremecía con los juegos de mi boca y de mis manos.

De pronto me apartó y con prisa nerviosa me quitó la camisa, trasteó en la hebilla del cinturón, me bajó la cremallera, me quitó el pantalón y los calzoncillos. Pronto quedé desnudo. Ella se me abrazó y acabamos acostados los dos, abrazados y sintiendo nuestra piel ardiendo de deseo. Una atmósfera de ternura, pasión y amor, envolvía nuestros cuerpos en efluvios perfumados con el olor natural de nuestros sexos.
Hice que se pusiera de costado y yo desde atrás, semierguido, entrecrucé mi pierna izquierda entre las suyas y al fin la penetré. La penetré con suavidad, con movimientos lentos y compasados; luego, más rápidos, más enérgicos, mientras nuestros cuerpos se estremecían entre jadeos entrecortados.
Ella se agitó y se contrajo en un fogoso orgasmo. Yo, cambiando de postura, besaba su boca y sus pechos, mientras recorría con maestría su cuerpo con las manos.

Encendí la lamparita y, ante mi, yacía desnuda sobre la cama en todo su esplendor. Sus mejillas estaban ruborizadas y, en su timidez, tensa y con las piernas aún cerradas, me ocultaba lo más íntimo de su sexo. Con mirada enamorada anhelaba mis caricias. Yo le sonreí e intenté ser tierno y comprensivo.
Mi mirada recorrió con ansia y lentitud premeditada aquel cuerpo tan deseado. Con concentrada atención, memorizaba para siempre aquellas formas femeninas, mil veces imaginadas por mí.
Su piel era blanca, de textura suave y cálida; pechos generosos y bien formados, de gruesos pezones y aureolas rosadas. Tenía el vientre ligeramente redondeado, con un gracioso ombligo que me incitaba a besarlo. Delicadas curvas, que la hacían esbelta y delgada, su cintura marcaban. Las caderas eran anchas y redondeadas; sus muslos suaves, llenos y bien formados. Su prominente pubis, poblado de vello cobrizo y anillado, me excitaba sobremanera.
Me incliné sobre ella con ternura y la besé en el cuello, en la sien y en los labios ‒Mi amor… te quiero- murmuré con voz ronca y apasionada- ¡Dios… cómo te quiero!
Ella se estremeció…

Pasé con dulce suavidad las yemas de mis dedos por su garganta, sus delicados hombros y los laterales de sus pechos. Vi con placer, cómo su piel reaccionaba a mis caricias y cómo se estremecía a mi contacto. Besé sus pezones y bajé mi boca apenas rozando hasta su ombligo y se lo humedecí con la lengua. Ella, mientras, me acariciaba la nuca, los hombros y el pecho, y sentí su contacto cálido y placentero.

Al fin besé su pubis y ella, como en un acto reflejo, alzó las caderas y entreabrió sus piernas en una invitación más íntima, mientras supe que el deseo la inflamaba. Mi lengua comenzó a lamer con dulzura su clítoris caliente, húmedo e hinchado y, de parte a parte, a todo lo largo, entre los abultados labios la punta de la lengua con fruición fui pasando. El olor natural de ella se hizo paso sobre el perfume a agua de rosas que despedía todo su cuerpo. Mi excitación iba aumentando. El deseo de poseerla me acuciaba, me enternecía y hacía que mi sangre ardiera en mis venas. El olor y el calor que su sexo despedía me enervaban y hacían que mi pulso se acelerara de forma inusitada.

Oí su respiración entrecortada y cómo, entre jadeos, me suplicaba que me tumbara junto a ella en posición intercambiada. ‒Ven ‒me decía con un hilo de voz- Quiero sentir en mis labios, con mi lengua y en mi boca tu sexo. Quiero sentirlo dentro de mí, quiero besarlo… ¡quiero chuparlo!
Adoptamos la posición que ella me demandaba y estuvimos un rato gozando los dos. Mientras yo me concentraba en su placer, sentía sobre la sensible piel de mi glande los besos de sus labios y el calor húmedo de su boca y cómo sus manos apretaban la base de mi pene y acariciaban con temerosa suavidad, como si temiera dañarlos, mis testículos, ya inflamados.

De repente, ella se giró y, con deseo incontenido, subió a horcajadas sobre mi. Nuestros sexos se acoplaron y sentimos el gozo de una penetración profunda y fácil. Cabalgó con sabios movimientos de rotación, de atrás adelante y de arriba abajo, hasta que al unísono alcanzamos el placer en un común orgasmo que nos conmovió, que nos hizo gritar y nos dejó a los dos sin resuello.
Quedamos inmóviles, felices y abrazados, con el corazón acelerado, las almas unidas y los cuerpos sudando. Al poco, nos exploramos los cuerpos, en todos los rincones nos besamos y, nada más me recuperé, seguimos toda la noche entre suspiros y sonrisas… amándonos.
Quedamos exhaustos y con los cuerpos muy pegados, musitando palabras de amor, yo emocionado y ella de felicidad con las lágrimas brotando.
-¿Hasta cuando, amor? ‒me preguntó con melancolía.
¡Hasta siempre! … Habrá más encuentros ‒Respondí ‒ Mientras, seguiremos el uno con el otro soñando y, a ratos, cuando se pueda, chateando.

patitacalentita 47F

7/28/2006 2:24 pm

HASTA SIEMPRE JUNTOS EN NUESTRAS FANTASIAS Y TAL VEZ ALGUN DIA, EN NUESTRA REALIDAD


rm_Javierblues 39M
6 posts
8/2/2007 7:29 am

Ta bueno, felicidades.


Become a member to create a blog