Extra  

boquitadebeso 35M
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9/7/2006 1:45 pm
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El restaurante de un hotel. Las mesas están llenas en el último turno de desayunos. Te sientas al fondo de frente a la puerta. Te has levantado tarde tras una agotadora semana de congreso y hoy quieres dedicarte el día a hacer lo que te apetezca, ir de compras, a conocer la ciudad, a tomar una copa...Te has despertado especialmente excitada. En tu interior bullen las ganas de cometer una locura.

Recorres con tu vista cada una de las mesas, la mayoría hombres de negocios anodinos, absortos en sus periodicos y ordenadores, con la taza de café balanceando entre sus dedos.

En una de las mesas más alejadas hay un hombre interesante, te fijas en el más detalladamente y piensas que es más que interesante, está muy bueno realmente, es el típico hombre con el que estarías dispuesta a cometer una locura.

El levanta la vista y te mira, tu cambias rápidamente la mirada pero el se ha dado cuenta de que le observabas. Vuelves a mirarle y el te lanza una sonrisa. Tu le sonríes también y continuas tomándote el café. Todo el desayuno se vuelve un cruce de miradas más o menos intensas

Tu te pones a pensar que es el momento de cometer esa locura impensable que revolotea en tu cabeza. No te lo piensas dos veces, te levantas y te diriges a la puerta. Al pasar por su lado le miras con una sonrisa que lo dice todo...

Atraviesas poderosa el hall y te diriges a los ascensores. Notas que el te sigue y se queda detrás de ti. Entras al ascensor y te sitúas al fondo, él se coloca a tu lado. Pronto notas la mano del desconocido sobre tu culo, acariciándolo sobre la tela del vestido, tanteando sus redondas formas y su firmeza.

Su mano baja hasta el borde de tu vestido, lo levanta y sube acariciando el interior de tu muslo. Llega al vértice de tus muslos y acaricia con sus dedos tu cálida entrepierna . Tu permaneces impasible aunque por dentro un fuego comienza a arder en tus entrañas. La yema de sus dedos se aventura entre los pliegues de tu braguita y descubren tu tesoro que comienza a humedecerse. El resto de los ocupantes del ascensor ni se dan cuenta de las maniobras de él.

Llegas a tu planta y te bajas del ascensor. Continúas el pasillo adelante marcando más tus andares provocativos. Él te sigue a cierta distancia. Te paras frente a tu habitación y le miras como desnudándole de abajo a arriba, una mirada que derretiría al más impasible de los hombres.

Se acerca a la puerta que has dejado entornada y la empuja con sigilo. Una vez dentro, te ve, de pié, frente al espejo. No dejas de mirarle mientras deslizas los tirantes de tu vestido sobre tus hombros y este cae sensualmente al suelo. Él se recrea en tu cuerpo esbelto realzado por la braguita de encaje ajustada a la cadera...

Se aproxima a ti por detrás y besa tu nuca mientras posa sus manos en tus caderas. Inclinas tu cabeza hacia atrás y aspiras su aroma fresco y varonil. Su boca busca tu cuello a la vez que sus manos suben por tu vientre hasta alcanzar tus pechos. Tú observas sus movimientos a través del espejo.

Te coge suavemente de la mano y te guía hasta la cama, una vez allí deja que te tumbes boca abajo. Oyes como se va despojando de su ropa y se arrodilla sobre la cama. Ya notas su lengua recorrer tu espalda, la columna desde el borde de tu braguita hasta tu nuca. Sus besos tiernos exploran cada centímetro de piel, despertando escalofríos de placer.

Se tumba sobre ti , notas su peso y la fuerza de su polla contra tus nalgas mientras gira tu cara y besa tus labios con cálida pasión. Su boca continúa explorando tu cuello, tus hombros, tu espalda… hasta que llega a tu braguita. Continua sobre ella , buscando la unión de tus nalgas hasta llegar a tu cálida entrepierna. Tu sueltas un gemido de placer a la vez que abres levemente tus piernas, facilitándole el camino al placer.

Su boca acaricia tu sexo sobre la tela, notas las caricias lejanas, las quieres más directas, quieres sentir tu boca besando tu coñito. Él separa el borde de la braguita dejando solamente al descubierto uno de tus gruesos labios. Lame golosamente toda su tersura, arrancando notas de placer. Al cabo de un rato, vuelve a cubrirlo con la braguita y levanta el otro borde para realizar la misma operación con el otro labio.

Crees volverte loca, desesperas por que te quite las bragas y se lance a comer tu coño ferozmente. Parece como si leyera tus pensamientos, con sus dedos tira del borde de tu braguita y esta va descendiendo lentamente, dejando tu redondo culo al descubierto y en medio tu tesoro anhelante de besos. A la vez va besando y mordisqueando tus nalgas, pasando su lengua por la rajita de tu culo.

Se da la vuelta y hunde su cabeza entre tus nalgas, notas su boca abarcando todo tu coñito. Su lengua se hunde en tu vulva hasta la raíz. Poco a poco comienza a lamer tu coñito desde la vulva hasta tu clítoris. Una de sus manos se desliza por debajo de tu vientre, alcanza tu pubis y comienza a acariciar tu pequeña semilla.

Sus lengüetazos se hacen cada vez más fuertes y rápidos, sus dedos arrastran hacia atrás la aterciopelada piel que recubre tu clítoris, dejándolo desnudo a los embates de su lengua que cada vez arremete con más furia sobre él. La tensión de tus músculos por la llegada del placer, da paso a una total relajación que inunda tu cuerpo.

Todavía estás saboreando la dulzura de tu orgasmo cuando tu desconocido amante se da la vuelta y mete toda su polla en tu coño caliente. Sientes como entra dura y poderosa, como se abre camino en tus entrañas. Se aferra a tus caderas y bombea ferozmente follándote hasta la extenuación.

Sientes sus huevos golpear contra tu clítoris una y otra vez a la vez que su ariete golpea bien al fondo en tu útero. Tira de ti hasta hacerte poner como un perrito. Sus envites vienen ahora de abajo a arriba y de atrás a delante rozando la pared anterior de tu vagina . Sus dedos masajean tu clítoris duro e hinchado por la excitación. Sientes como golpea con su polla que crece todavía más en tu interior, hasta que revienta en chorros calientes de esperma que llenan tu coñito sediento. En ese mismo momento, otro orgasmo te ciega llevándote hasta el éxtasis.

Te dejas caer sobre las sábanas. El cae sobre ti abrazándote, todavía dentro de ti. Así os dormís profundamente…Cuando te despiertas, te das cuenta que ha desaparecido. No queda ni rastro de tu amigo desconocido. Sólo su aroma en tu piel y su licor que baña tu interior…

Enséñame a leer en tus ojos y yo te enseñaré a leer en los míos.


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