La sobremesa  

adoroavenus 56M
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6/16/2006 3:42 am
La sobremesa


Durante el resto de la cena, la conversación giró en torno a la forma que teníamos de entender el sexo. Los tres teníamos clara nuestra heterosexualidad, también incluso que era muy posible que, más que bisexualidad, lo que se daba era una gran curiosidad además de un gran afecto y atracción.
Laura, vamos a llamar así a mi amiga, confesó a Teresa, la nueva amiga, que había tenido algún escarceo que no había pasado más allá de unas caricias y unos besos. No había estado del todo cómoda, pero sí consiguió despertar en ella cierta atracción a mantener un encuentro sexual con otra mujer. No era algo que buscara, pero si aparecía no lo rechazaría de entrada. Esto fue lo que le sucedió con Teresa.
Teresa no era especialmente bella, su cuerpo es de una belleza sutil. No te hace seguirla por la calle para admirarla pero sí girar la cabeza para regalarte una última visión. Lo que destaca en Teresa por encima de todo es una mirada y una sonrisa que, de francas, la hacen radiante. A medida de que hablas con ella, descubres una sensualidad que te va envolviendo. Esto, al igual que le había pasado a Laura, era lo que me estaba ocurriendo a mí.
Yo, por mi parte, le confesé que mi fantasía, por llamarlo de alguna manera, porque tampoco es tal, es vivir y disfrutar del sexo entre dos mujeres. Considero, le dije, que es la culminación de la sensualidad. Que entiendo que el hecho de buscar el orgasmo a través de las caricias, convierte una relación en algo muy sutil. La prioridad no es el placer propio, sino el placer compartido a través del cuerpo y de sus zonas erógenas, que, por otra parte, pueden ser en cualquier rincón del cuerpo.
Ya hacía rato que nos habíamos cambiado al sofá; una vez allí, pusimos algo de jazz para que nos acompañara en nuestra, cada vez más íntima conversación. La forma en que nos dispusimos en los sillones fue terriblemente clásica. Ellas dos en el grande y yo en el pequeño. Tampoco podría decir si fue así por ser clásica o por haber sido buscada.
Teresa nos dijo que ella sí había tenido la fantasía lésbica pero que nunca se lo había planteado como un deseo aunque reconocía sentirse muy halagada y que nuestros puntos de vista le habían parecido muy sugerentes.
De pronto, dirige la mirada a Laura y le pregunta si desearía que hicieran el amor. El silencio que se produjo en Laura fue la mejor respuesta que podía dar por lo que, acercándose a ella, le dio un beso en la mejilla. Un beso que podía interpretarse como un regalo por sentirse tan halagada. Yo permanecía en silencio observando sus reacciones, silencio que fui obligado a romper al preguntarme Teresa si deseaba hacer el amor con ella.
Estaba claro que había tomado la iniciativa y estaba claro también que mi respuesta era afirmativa. También fui regalado con un beso en la mejilla.
Se produjo un silencio que no era tenso, tampoco significaba que no supiéramos qué hacer. Me pareció buena idea irme por unos minutos, así que les dije que iba a comprar tabaco porque me había quedado sin él. Sonrieron porque se dieron cuenta de tan burda disculpa. Aún así me fui. No sabía lo que iba a encontrar a mi regreso.

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