La Maja  

adoroavenus 56M
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7/15/2006 6:37 pm

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12/12/2006 4:38 pm

La Maja

La primavera se había ido diluyendo en el verano y los días comenzaban a ser más tórridos. En una mañana, en la que el calor te expulsaba de casa, me pareció buena idea hacer una visita al museo del Prado. Hacía tiempo que quería ver de nuevo los óleos que tanto me gustan; además, y hay que reconocerlo, la refrigeración podría venir bien.
Después me podría sentar en una terraza a tomar un aperitivo, pues, a parte de apetecerme, tendría tiempo ya que sólo iba a visitar a unos autores muy concretos.
Con esta idea en mente disfruté de una refrescante ducha y me vestí con una ropa que me permitiera no sentir un sufrimiento excesivo debido al calor. Quería estar cómodo para visitar a Goya.
Para no hacer extenso este relato, es preferible contar ya lo que allí me ocurrió. Delante de La Maja Desnuda observo a quien también podríamos definir como Maja… aunque vestida. Su vestimenta era también apropiada para la época. Una blusa de tirantes que dejaban al aire un hombros bien torneados, unos pantalones de lino tipo pirata y unas sandalias que cerraban un conjunto que le daba un aspecto desenfadado a la vez que excitante. Casi perdí de vista el cuadro para fijarme en ella, cosa de la que se dio cuenta por el rubor que asomaba en sus mejillas.
No pude evitarlo y me acerqué a ella. Su rubor aumentó al tiempo que mi torpeza, aún con ella le dije que había quedado maravillado. Tanto que había olvidado a La Maja… a la desnuda para fijarme en ella.
Debió hacerle gracia porque su boca se abrió para mostrar una bonita sonrisa. Hablamos del cuadro y, sobre todo, de su leyenda. Ya no tenía sentido seguir con la visita, era preferible estar con ella. Se lo propuse, aceptó y fuimos a dar un paseo. Un paseo que, al menos conscientemente, no sé cómo nos llevó a mi casa. Debió ser una traición de mi subconsciente que se dejó llevar por mis deseos. Fui honesto y, tal como aquí, se lo dije. Situación que, aunque ruborizante, nos pareció divertida. Subimos a casa.
Allí, le pedí permiso para ponerme cómodo y le serví un granizado de menta. Se apetecía con el calor que sufríamos. Se me ocurrió decirle que si no tenía ningún otro compromiso podría quedarse a comer conmigo, que prepararía una ensalada que podíamos acompañar de vino blanco. Aceptó.
A pesar de que ambos llevábamos ropa fresca, yo me había cambiado y ella llevaba la de lino del museo, ambos sudábamos y me pidió, no sin rubor, permiso para ducharse. Mis ojos debieron delatarme porque se quedó pensativa y me dijo que prefería ducharse sola. Le di toallas limpias y le dije que yo iría prepararía la ensalada.
Estando en la cocina se oía perfectamente el agua caer y la imaginaba resbalando por su cuerpo. Este pensamiento me excitó y no pude dejar de seguir a mi imaginación.
La veía enjabonándose, el agua haciendo brillar su piel,… me llamó. Juro que oí como me llamaba, pensé que necesitaría algo y me dirigía a la puerta del baño para preguntarle. Me dijo que pasara y me invitó a compartir la ducha. No quise preguntar y me despojé de la ropa para entrar con ella.
Ver su cuerpo desnudo causó en mi gran admiración. Su cuerpo, a medio enjabonar, mostraba unos pezones rodeados por una hermosa areola. Sentí verdadera fascinación por ella.
Terminé de enjabonarla y al hacerlo ella conmigo notaba como aumentaba mi excitación. Mi miembro se endurecía por momentos. Terminamos rápidamente y nos dirigimos al dormitorio. Nos tumbamos en la cama mientras nos besábamos pero la tentación de su pezón era muy fuerte. Así que los acaricié, los besé. Noté como se endurecían. Nos fuimos acariciando sin usura alguna. Todo nuestro cuerpo era objeto y sujeto de caricias. Acaricié su cara, su cuello, su espalda, sus piernas. Ella me acarició con ellas. Tomó mi pene entre sus pies y lo acarició de una forma inolvidable. Me recostó y pasó sus pechos por mi pene, subió con ellos a lo largo de mi cuerpo hasta llegar a mi boca y dejar que se los chupara, mientras apoyaba su vagina en mi pene para acariciarlo con ella y dejar que se introdujera un poco… sólo un poco. Después cambió la postura para acogerlo en su boca y que yo hiciera lo mismo con su vagina. Así, disfrutando de nuestros líquidos estuvimos largo tiempo; hasta que se tumbó boca abajo y dejó que acariciara su espalda con mi miembro cada vez más erecto. Tenía el ano muy húmedo y no pude evitar penetrarla. Sus gemidos quedaban apagados por la almohada y, cuando le di la vuelta, quedaron acallados por mis labios, que abandoné para lamer sus pezones mientras la penetraba.
Nos pusimos de costado antes de que ella, conocedora de mi fascinación por sus pezones, se pusiera encima de mí para que pudiera disfrutar de ellos mientras me cabalgaba. Así tuvimos un intenso orgasmo. Orgasmo que nos dejó abatidos, pero que repetimos después de comer la ensalada.


pinito45 52F
395 posts
7/16/2006 11:20 pm

Me encanto tu relato , los detalles vuelven una y otra vez a mi mente, y parecen tan reales que tuve que ir a fumar un cigarrillo a la ventana y refrescarme para poder calmarme .

"Nunca desistas de un sueño, sólo trata de ver las señales que te lleven a él".


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