Depilaci  

adoroavenus 56M
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4/21/2006 2:54 am
Depilaci


Estoy de nuevo sentado frente a la pantalla. Al otro lado se halla esta entrañable amiga a la que me referido en otras ocasiones y con la que disfruto de un erótico juego por el que voy descubriendo nuevas partes de su cuerpo.
En esta ocasión la imaginación nos lleva a su dormitorio. Un dormitorio coquetamente decorado pero en el que casi ni me fijo porque, la verdad, mis ojos se desvían inmediatamente hacia su cama, en la que tampoco me fijo porque quien destaca es el cuerpo desnudo de mi bella amiga.
Está recostada sobre la cama, con las piernas ligeramente abiertas, al igual que los brazos y su boca. Desea ser excitada pero no hacen falta palabras que lo indiquen porque sus ojos son significativamente pícaros y deseosos.
Así, sin mediar palabra, me desnudo para que nuestros no sean molestados por sobrantes prendas y me dirijo a sus pies. Esos pies que me son erótico fetiche y con los que deseo jugar hasta la saciedad. El dorso de mis dedos acaricia lentamente su empeine, rodea sus tobillos y baja a su talón siguiendo después por una leve arco que la hace sonreír por unas cosquillas que se pierden en la creciente excitación.
Levanto uno de sus pies y lo acomodo en mi pecho para sentir sus caricias como si de una mano se tratara. Mientras, el otro viaja hacia mi boca. En ella mi lengua pugna por escapar y dirigirse a su dedo gordo. Lo recorre despacio, lo lame y saborea. Así, muy despacio, recorre sus dedos. En todos se detiene y disfruta de su sabor.
Su otra pierna no ha quedado quieta. Recorre mi pecho y baja para descubrir la dureza de un pene y que, al volver a mi pecho, me hace sentir la humedad que ya lo va inundando.
Sigo lamiendo su pie, pero voy ascendiendo para seguir por su pierna. Mis dedos acompañan a mi lengua en este viaje al placer y, levantándole ligeramente las piernas para poder rodearlas, acarician su corva y suben hasta sus muslos entrando en su interior y paseando hasta las ingles. Ahí me detengo. He abierto sus piernas y observo su vagina.
Una vagina de la que sobresalen unos ardientes labios semiocultos por un bello que no les permiten mostrar su esplendor. La miro. Creo que en mi mirada adivina el juego que le voy a proponer y es ella quien se levanta para traer unos útiles que nos permitirán rasurar ese púbico bello que empezamos a recortar. La crema hace aún más deseable ese clítoris que ya se ve erecto. Pero no lo rasuramos todo, dejamos que un leve hilo, de bello, como si de camino se tratara, realce su belleza. Ha quedado esplendoroso. Sus labios asoman ardientes y malamente ocultan su clítoris que, húmedo, incita a ser lamido. Mis dedos recorren el camino dejado y se dirigen a él. Lo acarician suavemente intentado prepararlo para que reciba una lengua que lo que lo rodea para desviarse hacia sus labios y entrar en ella… recorrer su interior. Beber su líquido.
Me incorporo un poco y que de rodillas ante ella admirando su cuerpo, dejando que mi mano deje escapar dos dedos que se introducen en su vagina para masturbarla suavemente. Se arquean ligeramente en su interior, buscan su profundidad y, con cadenciosos movimientos, van logrando un primer orgasmo que no quiero que llegue aún. Prefiero que aumente su deseo.
Por ello, la beso en los labios. Sólo rozo ligeramente sus labios y la abandono para recoger unas cerezas que había traído de la nevera cuando ella fue al baño a por los útiles para el depilado. Se sorprende porque no se había dado cuenta.
El frío contacto de las cerezas con su cuerpo hace que quede erizado, las llevo a sus sonrosados pezones que, por no haber sido acariciados todavía, aún no están erguidos. El ligero frío de las cerezas hace que se endurezcan inmediatamente y, con los ojos entrecerrados, use sus pies para acercarme a ella rodeándome por la espalda y atrayéndome hacia sí. Desea que sus pezones sean lamidos. Desea que mis labios y mi lengua sean fuente del placer que cada vez desea más. Igual que yo.
Sujeta mi cabeza y la hunde entre sus pechos. La lleva a uno de ellos y una mano la abandona para acariciarse ella el que no es lamido. Sus pies me sujetan con fuerza por lo que siento la humedad de su vagina en mi piel. Sus gemidos van subiendo de tono. Intuyo que desea ser penetrada y la penetro, lo que hace que aumente nuestra excitación.
Pero salgo de ella y le doy la vuelta para disfrutar de su espalda, de su cuello que beso mientras mis dedos acarician ligeramente su piel y buscan su costado, notando un estremecimiento a su contacto. Mis dedos buscan introducirse en su boca y quedar humedecidos para poder entrar en su ano sin hacerle daño. Aún así, mi boca lo moja para que mi pene sea fuente de placer y no de dolor. Entra en su ano muy despacio para, poco a poco, ir aumentado su movimiento. Los gemidos de ambos no quedan acallados por la música que nos acompaña. Su posición permite que mientras mi pene habita en su ano, mis dedos jueguen en su clítoris. Siente un orgasmo que me hace estremecer a mí también y desear que mi semen fluya en su vagina.
Exhausto por excitado me dejo caer en la cama y es ella quien toma la iniciativa sentándose sobre mí y acariciando mi cuerpo con su pecho, descendiendo hasta mi pene para dejarse acariciar sus pezones por él. Dejarlo en medio y, apretando sus pechos, sentir su dureza entre ellos, lamerlo en esta posición e introducirlo en su boca para disfrutar de una humedad ya difícilmente contenida. Lo nota y, cogiéndolo entre sus manos, lo lleva a su vagina para introducirlo en ella. Sus movimientos hacen que desee manar un semen ya imposible de retener. Los gemidos provocados por su orgasmo hacen que yo no me pueda contener más y, viendo su pecho saltar ante mí, deje fluir mi placer. Lo nota. Nota su calor dentro de sí pero desea acabar con su boca y, con inesperada rapidez, se desliza hacia él para con sus labios y su lengua terminar lo que hace ya mucho tiempo habíamos empezado. Así, extasiados, quedamos largo rato y su boca logra que la dureza de mi pene vuelva a ser notable… pero… lo dejaremos para relatar en otra ocasión.

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