Llueve  

USuckMeILickU_MX 52M
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7/23/2006 4:55 am

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1/2/2007 7:50 am

Llueve


Llueve y no me decido a salir, empiezo a recorrer la red para enterarme del estado de salud de Gaya, infectada desde hace cincuenta mil años por ese virus pernicioso llamado homo sapiens, no se por que cortocircuito neuronal viene a mi memoria la última madrugada que compartí con S, llovía también, quizá de ahí el origen de la sinapsis. Empiezo a recordar vívidamente, desperté y a contraluz se perfilaba la silueta de su cuerpo bajo las sábanas, me acerqué a ella rodeando su talle con mi brazo, un leve estremecimiento la recorrió al sentir el contacto de mi mano fría con su piel tibia comencé a acariciarla con la yema de mis dedos y a besarla suavemente en la pequeña parte descubierta de su hombro, despertó pero fingió seguir durmiendo, continuaba molesta por nuestra acre discusión de la noche anterior, eso lo se bien después de haber compartido con ella ocho años la misma cama antes de la ruptura, el reencuentro acumulaba ya diez meses posteriores a seis años de separación. Continué acariciándola, mi mano izquierda fue subiendo lentamente por debajo de su camisón hasta llegar a sus aún firmes senos allí se detuvo por un largo rato disfrutando de la suave textura de esa piel y contrastándola con la deliciosa rugosidad de sus areolas y pezones. Con la derecha empecé lentamente a retirar de su cuerpo la gruesa y protectora capa de lino, lana y algodón que lo cubrían, al tiempo que mis labios bajaban por su brazo mientras que mi izquierda dejaba no sin cierto pesar sus senos e iniciaba la pausada migración hacia el sur de su geografía recorriendo valles, planicies y hondonadas hasta llegar a la cordillera en donde se ubica el monte de Venus, cubierto púdicamente por la nívea capa de algodón de una ligera tanga. Mis labios siguieron recorriendo brazo, mano y vientre, en ese punto, dando valiente muestra de lo eficiente que es el trabajo en equipo para la consecución de una tarea, labios y manos (ambas dos juntas a la par, derecha e izquierda pese a sus diferencias ideológicas) iniciaron juntos y en coordinación el arduo pero delicioso recorrido de las torneadas piernas de S, cual exploradores decimonónicos, abriéndose paso fatigosamente, eliminando la densa y ecléctica mezcla de material textil citada anteriormente, pero dándose el tiempo para reconocer cada milímetro del terreno, cada pliegue, cada coyuntura, cada sutil diferencia respecto al tramo anterior, los labios deleitándose particularmente con el roce de ese pequeñísimo, finísimo y casi imperceptible vello de las piernas de S. Una vez desprovista de sábana, cobija y edredón, me detuve y me incorporé para admirar en la penumbra la semidesnudez de ese cuerpo, contenedor perfecto de la personalidad, emotividad e inteligencia de S, a estas alturas solo cubierto por la tanga y el delgado camisón desplazado por arriba de sus senos, ella seguía fingiendo dormir. Inicié entonces el camino inverso, recorriendo ahora de abajo hacia arriba sus piernas, al llegar a la tanga, la retiré lentamente, con labios y lengua inicié la exploración de la cavidad recién expuesta, allí acabó en fingimiento de S e inició su participación, abrió sus piernas facilitándome el acceso, me entretuve largo tiempo con su clítoris, lamiendo y succionando, sintiendo como poco a poco incrementaba su tamaño y dureza, al tiempo que el resto de su vulva incrementaba su humedad, mientras mis manos se ocupaban alternadamente de sus nalgas y senos, estos también modificados ahora con las areolas contraídas y los pezones erectos, logré que llegara al orgasmo y casi me cuesta la vida, por el fuerte apretón de sus muslos con el que me obsequió en el cuello, liberado de esta prisión (y presión), iniciamos una sesión de besos y gimnasia sexual a ratos complicada y a ratos convencional, llegamos juntos a un paroxístico orgasmo, al separarnos y cuando mi pene regresaba poco a poco a su tamaño normal, me regalo con una cátedra de lingüística y bucofaringología aplicada que llevo a mi pene a recobrar su firmeza y a mi mente a una sublime aunque efímera visión del primigenio big bang creador del universo. Ya recuperados los ritmos cardiaco y respiratorio, yacíamos enlazados en un somnoliento abrazo y fue entonces que S me dijo al oído en un susurro “espero que te haya gustado tanto como a mi, porque esta fue la última vez que hacemos el amor, te amo, pero te odio y esta vez nuestra separación será definitiva”. Afuera seguía lloviendo igual que hoy.

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