relato  

Ronal69sexo 33M
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3/28/2006 9:01 pm
relato

Llaman a la puerta.
Me despierto sobresaltado. Cuando soy consciente de que es el timbre lo que suena ya estoy sentado en la cama. Solo, miro con nostalgia su lado de la cama, vacío, una punzada de dolor.
Llaman a la puerta. Pasaron esos segundos de trance.
Por favor, por favor, que sea ella, que sea ella, no paro de repetirme.
Intento calmar mi acelerado corazón a escasos centímetros de la puerta. Busco la tranquilidad necesaria para asomarme por la mirilla.
Es ella.
Un suspiro de alivio y un escalofrío de excitación.
La puerta abierta deja ver su sonrisa. Su sonrisa… Mi sonrisa… La felicidad instantánea.
El abrigo negro ceñido a su cuerpo. Sus muslos asoman insinuantes, entreabiertos. Asciendo por sus curvas y otra vez su sonrisa. Me vuelve loco.
Y esa mirada pícara.
¿Qué más da que me sangre el labio del mordisco que acompaña a su beso? ¿Qué más da? Si ella recorre mi cuerpo llenándolo de besos. Yo apenas soy capaz de moverme. Soy una estatua que siente, inmovilizado por la felicidad y el deseo.
Su lengua acaricia mi cuello, y sus manos mi pecho. Lo aprieta, lo empuja, me empuja contra la pared. Agarro firmemente sus caderas, mis manos están amoldadas a su forma. La separo de mí sólo un instante para atraerla nuevamente en un beso profundo.
Sus labios llenan mi desesperación. Mis manos, torpes por la prisa, no paran de recorrer su cuerpo, en una caricia infinita. Me besa, me lame, me muerde. Su mirada arde clavada en mis ojos.
La dulce humedad de su boca en mi pene. Veo su lengua recorrerlo de abajo arriba. Sentir cómo me saborea. Y el mismo camino nuevamente. El juego de su lengua ahora sólo en la punta. Me retuerzo en la cama. Me mata el placer, la ansiedad.
No controlo mi respiración. Su cuerpo desnudo se aprieta contra el mío. No podríamos estar más cerca.
Soy sólo dos, mis labios siguiendo sus besos, y mi mano apretando su entrepierna. Acaricio su humedad. Sentir sus pechos contra mí, en esos espasmos de placer. No puedo evitar lamerlos.
Mi cuerpo se extiende y se tensa hasta el dolor. Dentro de ella de nuevo.
No existe nada en este mundo. No hay nada. No veo, no oigo, no respiro. Sólo siento el éxtasis del movimiento. Su movimiento sobre mí.
No puedo más. Me está matando. Acaba conmigo por favor. No, no acabes nunca, déjame aquí, no quiero sentir nada más en esta vida.
Llaman a la puerta.
Me despierto sobresaltado. Cuando soy consciente de que es el timbre lo que suena ya estoy sentado en la cama. Solo, miro con nostalgia su lado de la cama, vacío, una punzada de dolor, una mancha en las sábanas.
Por favor, por favor, que sea ella.



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