Recuerdos de mi adolescencia!!!  

AquilesJrm 33M
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8/22/2006 1:04 am

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10/4/2006 2:06 am

Recuerdos de mi adolescencia!!!

Hace unos cuantos dias estaba viendo unoas fotos de mi hermana y encontre la foto de una de sus amigas que nunca olvidare!! Cada vez que me masturbo siempre recuerdo las primeras veces que empeze a explorar el sexo opuesto. Recuerdo con mucho detalle a esta amiga de mi hermana (Melissa). Que casi casi se la vivia en nuestra casa.. Melissa solía tumbarse a ver la tele en el sillon que había en la sala de mi casa y lo hacia cada noche que mi hermana se metia a bañar. ( Por lo cual hoy agradezco que mi hermana se tardara bastante en el baño) La tele estaba frente al sofá y ella se tumbaba de lado con la cabeza apoyada en el reposabrazos y las piernas recogidas en posición casi fetal, dejando la mitad del sofa libre. Se cubría además con una larga cobija delgada de la cintura para abajo. Un día que no estaban mis padres entré en la sala y la encontré como le dije. Yo me senté en el otro extremo del sofá y me puse a ver la tele. Al rato ella se levantó un momento para ir a ver si me hermana habia salido del baño y me di cuenta que llevaba puesto lo que usaba casi siempre para estar en la casa lista para dormir : Una camiseta grande que le llegaba casi hasta medio muslo y debajo unos panties. No llevaba pijama ni otra prenda inferior porque la camiseta cubría lo suficiente. Poco después regresó a la sala y volvió a tumbarse y a taparse como estaba antes. Entonces yo me quite los calceines y me recoste en mi lado en la misma posicion que ella y le pregunté si podía taparme yo también con la cobija. Ella dijo que si. Entonces levanté la cobija para cubrirme y lo que vi hizo que se me parara. Al sentarse, se le había subido la camiseta hasta la cintura y debajo los pantys que eran blancos y casi transparentes, . Era como si estuviese desnuda de cintura para abajo. Mejor aún, pues los pantys son una prenda que siempre me han dado mucho morbo. Se le veía perfectamente la raja del culo, donde el panty se había encajado como un guante, y la negra pelambrera de su rica flor. Esa visión excitante duró solo unos pocos segundos pues hubiera dado cuenta que me quedara de zorro así con la cobija levantada. Así que me tape y me recoste. Entonces se me ocurrió una idea loca. Lentamente estiré una pierna hasta que los dedos de mi pie rozaron la sedosa textura del panty a la altura de la maravillosa redondez de una nalga. Muy poco a poco, convirtiendo los dedos de mis pies en delicados instrumentos de tacto comencé un disimulado tanteo exploratorio. Palpando de esta manera recorrí una nalga, luego la otra y cada vez más confiado me atreví a encajar el dedo gordo entre las nalgas y a moverlo primero en una dirección y luego en la otra, todo a lo largo de la raja del culo. Para entonces Melissa ya debía haber notado hacía rato este delicado toqueteo, pero al principio debió pensar que mis movimientos no eran premeditados y más adelante que eran demasiado inocentes para que peligrara su virtud. Además debían estarle gustando aquellas caricias por lo que se dejó hacer sin decir nada (además posiblemente aquella era la primera vez que le acariciaban el culo, pues a pesar de sus dieciocho años y de lo buena que estaba, siempre había sido muy tímida y reprimida).

Llegué así con mis toqueteos hasta un sitio más blando, húmedo y caliente. De inmediato supe donde había apoyado el dedo gordo porque Melissa soltó un pequeño jadeo. Con toda mi malicia allí me puse a restregar el dedo frotando cada vez con más fuerza alentado por la pasividad de Melissa. Al mismo tiempo cambié lentamente de posición colocándome boca arriba y tensándo la cobija metí mi cabeza debajo para poder ver lo que antes solo experimentaba mediante el tacto. Al poco rato vi que Melissa encogía los dedos de los pies (con el tiempo aprendí que hacía esto siempre que estaba a punto de venirse) tras lo cual jadeó unas cuantas veces seguidas. Tras relajarse un momento se levantó con la cara roja como un tomate y se fue al cuarto de mi hermana sin decir palabra. Yo por mi parte me fui a al mío a hacerme una puñeta antes de que me estallara el pene.

Después de unas cuantas semanas volvío a quedarse en nuestra casa. Y pense en volver a intentar tocarla. Pero en esta ocasión tomé precauciones. Si todo iba bien no iba a esperar a volver a mi habitación para hacerme una puñeta. Por lo tanto antes de sentarme en el sillon fui a ponerme el pantalón del pijama y agarre un par de servilletas de papel. Todo se repitió como la vez anterior pero en esta ocasión cuando la cosa estaba bastante avanzada y mi pié se afanaba en su culo, por debajo de la cobija, saqué mi pene del pantalón y me puse a hacerme una puñeta. Decidí esperar un poco y no venirme hasta notar que lo iba a hacer ella. Al terminar ella hacía como si no hubiese pasado nada dándome a entender que no se había enterado. La tercera y última vez que Melissa se dejo acariciar fue como un mes despues. Esta vez era yo quien la esperaba tumbado en el sillon. Ellas llegaron noche y al verme allí colocado a melissa se le debio de haber antojado una sesión de toqueteos. Así que después que dejaron sus cosas en el cuarto mi hermana se metió a bañar y Melissa volvió a la sala y se tumbó a mi lado como las otras veces. Pero como venía de la calle, llevaba puesta una falda y debajo, como poco después pude darme cuenta, no llevaba panties, sino una tanga. Al momento comencé mi lento acercamiento. Aparté la falda con el pié y al ver aquel diferente panorama me excité muchísimo. Después de palpar un rato sobre su tanguita fui tirando del hilo para encajar mis dedos en la raja del culo, podia ver sus nalgas al aire. Sentir el contacto de la piel de sus nalgas desnudas era fantástico. Me excité tanto que perdí la prudencia. Introduje los dedos del pie bajo el hilo de la tanga a la altura de su puchita y me puse a acariciarla. Sentía perfectamente los pelos y la humedad de la raja. Presionando un poco llegúe a sentir con el dedo gordo la viscosa carnosidad de los labios menores. Al notar que Melissa no podía contener los jadeos y sin medir las consecuencias, le hundí el dedo gordo en la vagina. Ella dio un gemido y tras pensarlo un momento debió considerar que las cosas habían llegado demasiado lejos, así que se levantó y se fué al cuarto de mi hermana. Nunca volví a encontrarla en aquella postura. Nunca voy a olvidar la sensacion. Cada vez que me masturbo no puedo evitar pensar en melissa y su hermoso cuerpo!!



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