rm_pacopato 54M
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10/2/2005 11:13 am

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3/5/2006 9:27 pm



Una noche de agosto calurosa, tomaba una copa sentado en la terraza de un bar frente a la catedral de Málaga. De fondo se oían los suaves acordes de un trío de jóvenes que interpretaban música clásica en la calle. Entre las notas de la música se percibía el ligero murmullo de las conversaciones que mantenían en las mesas contiguas.
Yo estaba absorto en mis pensamientos, caliente, muy caliente, casi desesperado, llevaba casi ocho meses sin tener ningún tipo de relación sexual.
Al cabo de un rato me dí cuenta de que no era el único que estaba sólo esa noche.
En una de mis rondas visuales por la terraza crucé mi mirada con la de una chica joven, unos 19 ó 20 años. Un instante después volví a buscarla de nuevo con la mirada y me dí cuenta que ella también me estaba mirando a través de unas pequeñas gafas cuya montura hacía juego con una camisa rosa semitransparente que dejaba adivinar que no llevaba sujetador. Tampoco le hacía falta, porque tenía los pechos bastante firmes, lógico dada su juventud.
Detuve mi mirada en su escote, lo suficientemente abierto para que se pudiera observar su canalillo, sensual y excitante.
Noté como mi pene se estaba endureciendo ante aquella visión. Instintivamente bajé mi mirada hacia mi bragueta, quizás quería comprobar que no se me notaba el calentón demasiado.
Ella se dio cuenta y esbozó una ligera sonrisa, aún me excité más.
Tuve la tentación de dirigirme a su mesa e invitarla a tomar una copa, pero interiormente me dije, ¿a dónde vas con esa cría?, eres demasiado mayor para ella.
Tomé el vaso y bebí un largo trago, como queriendo despertar de aquel ensueño.
Me giré para llamar al camarero y de pronto, sin saber cómo, la tenía ante mí.
- ¿Tienes fuego, por favor?
- Sííí, tengo lo que tú quieras..., le contesté.
Ella volvió a sonreir.
- Me llamo Silvia, ¿y tú?
- ... Paco, me llamo Paco, ¿quieres sentarte?
Apareció el camarero, la invité a una copa y ella se sentó frente a mí.
Entonces me dí cuenta que de cintura para abajo estaba aún mejor que para arriba. Una minifalda vaquera dejaba ver unas piernas esbeltas y duras, que se adivinaban suaves al tacto.
Charlamos bastante rato, no sé de qué, tampoco me interesa recordarlo.
A la segunda o tercera copa, la conversación se había enfocado casi exclusivamente al terreno sexual.
Ella no tenía problema alguno en comentarme que le gustaban mucho los hombres, sobre todo le encantaba chuparles la polla con tranquilidad, recreándose en cada centímetro de ella, notando todo su calor y humedad en la boca. Acariciarlas con la lengua, dándole pequeños mordisquitos en el capullo para sentir como se endurece aún más.
Yo le contaba que también a mí me encanta comerme un buen coñito con tranquilidad, lamiendo suavemente toda la raja hasta que esté bien húmeda y caliente. Luego con ligeros mordiscos separo los labios e introduzco mi lengua todo lo que puedo, para saborear bien sus jugos. Sigo con mi lengua lamiendo toda la raja y deteniéndome en el clítoris que chupo con avidez, hasta que lo note erecto para morderlo y notar como se estremecen bajo mi boca.
Continuó ella explicandome que a pesar de lo bien que lo pasa con los hombres, últimamente no lo disfruta tanto como antes, quizás sea porque siempre son los mismos y las mismas cosas.
- Necesito experiencias nuevas, me decía.
Me comentó que ese fue el motivo de haber entablado conversación conmigo. Me había visto sólo y le excitó la idea de poder "ligar" con un desconocido y hacer cualquier cosa con él...
Mi excitación era ya evidente, o al menos a mí me lo parecía. Le comenté él tiempo que hacía que no follaba con nadie y lo caliente que me había puesto con nuestra conversación y, sobre todo, con su cuerpo.
Se hizo un silencio casi total, sólo interrumpido por la música que flotaba en el ambiente.
Deslizé mi mano bajo la mesa y acaricié sus muslos, realmente suaves y duros, fuí subiendo lentamente hasta meterme bajo su minifalda. Miraba a uno y otro lado como si con ello evitara que la gente se diera cuenta.
De pronto mis dedos se humedecieron con un líquido caliente y viscoso, sin ninguna dificultad introduje el dedo índice en su coñito, ya que no llevaba braguitas. Noté como sus pezones se erizaban bajo la blusa y mi polla iba a rebentar la cremallera del pantalón cuando ella la apretó con su mano, estrujándola como si quisiera extraer zumo de ella, y la verdad es que ya estaba derramando bastantes flujos...
Acaricié su clítoris que se había endurecido bastante y bajé mis dedos por su entrepierna hasta rozar ligeramente el agujero de su culo.
De nuevo apareció el camarero y aproveché para pedir la cuenta.
Nos levantamos y tomándola por la cintura nos alejamos lentamente.
- ¿Vamos a mi coche?, está algo alejado, en el Paseo de la Farola, pero...
- ...sí, quiero comerte la polla ahora mismo, me interrumpió tajante.
Se me hacía interminable el paseo hasta el coche, pero lo alibiábamos por el camino acariciándonos mutuamente el culo, la espalda. De vez en cuando nos deteníamos para enlazar nuestras lenguas en un beso húmedo y exicitado, mientras notába sus pezones que se clavaban en mi pecho, duros...
Por fin llegamos al coche. Nos sentamos y cuando iba a meterle mano, ella me interrumpió,
- Arranca y vamos a la carretera de los montes, no quiero que nos interrumpan ahora.
Dicho y hecho, como un rayo salí del aparcamiento y me dirijí hacia los montes de Málaga. Cuando cruzábamos el tunel de Gibralfaro, ella abrió la cremallera de mi pantalón y de un golpe se tragó mi polla hasta los huevos. Casi pierdo el control del coche.
Yo me esforzaba en mantenerme sereno para no darnos una piña, mientras notaba como sus labios acariciaban mi polla arriba y abajo sin parar.
- No sé si podré llegar, como sigas así me voy a correr aquí mismo, le dije con la voz entrecortada por el placer.
- Uhmmmmm, no te preocupes, córrete, quiero tragarme toda la leche que tengas en esos huevos tan duros... uhmmmm.
Como me temía, no conseguí llegar a los montes, mi pene estalló en un orgasmo que me nubló la vista por un instante.
Silvia se incorporó y tranquilamente se limpió con sus dedos la comisura de los labios para despues chuparlos y mirarme provocaativa mientras acariciaba sus pezones y se subía la falda para dejar al descubierto su coño completamente mojado.
Mientras llegábamos a nuestro destino se masturbó metiendo casi toda su mano en aquel coñito depilado.
Busqué un lugar oscuro y aparqué el coche en la cuneta.
Me disponía a comerme aquella fuente de erotismo cuando de nuevo me interrumpió...
- Vamos fuera...
- ¿Qué...?
No sé como lo hizo, pero cuando salí del coche, ella ya estaba completamente desnuda, apretando sus tetas contra el maletero del coche.
- Métemela por el culo, rápido, fuerte...
No me hize rogar y como ya tenía la polla fuera y se había repuesto del primer ataque, aparté con las manos sus glúteos y suave pero con firmeza se la clavé hasta el fondo, consiguiendo arrancar un quejido casi imperceptible pero que le salió de muy dentro, le había gustado.
Sus pechos golpeaban contra el coche mientras yo le hundía mi verga cada vez más en su culo.
Al mismo tiempo acariciaba con mi mano su clítoris, le metía los dedos en su coño, una y otra vez, una y otra vez.
Una explosión de placer nos envolvió y mi semen rebosó por aquel pequeño agujero cayendo en su coñito, que aún necesitaba algo más de atención.
Me arrodillé y le chupé el clitoris, en mi boca se mezclaban mil sabores, el semen, sus flujos, mi saliva... Le metí un dedo por el culo que derramó más leche, mientras con otros le separaba los labios para poder introducir mejor mi lengua. Al cabo de unos instantes sus piernas temblaron mientras se contraían los músculos de su vagina apretando mi lengua...
Fue fantástico, nunca había hecho una cosa así antes, pero me prometí que lo repetiría alguna vez.......

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